La campaña agrícola argentina vive un momento de fuerte movimiento comercial, marcado por exportaciones de soja que ya alcanzaron los 40 millones de toneladas y un mercado que intenta reacomodarse tras semanas de volatilidad.
En el plano global, la presión de cosecha en Estados Unidos, la falta de acuerdos con China y el reciente cierre parcial del gobierno estadounidense configuran un escenario incierto que también repercute en los precios internacionales.
“El cierre de actividades en Estados Unidos preocupa al mercado, pero sobre todo porque nos deja sin los reportes del USDA, fundamentales para monitorear el avance de cosecha y los ajustes en producción”, explicó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
La tensión entre oferta y demanda global se intensifica. Hasta hace unas semanas, China y Estados Unidos buscaban un entendimiento para equilibrar sus necesidades comerciales. Pero la eliminación temporal de los derechos de exportación en Argentina alteró el flujo del comercio internacional.
“La fuerte oferta argentina permitió que China comprara unos 40 barcos adicionales de soja, reduciendo su urgencia inmediata”, señaló Romano. “Con Brasil iniciando la siembra más rápido de lo esperado, podría empalmar la ventana de baja oferta sudamericana con sus propios stocks, dejando a Estados Unidos con el problema de colocar su saldo exportable y presionando los precios FOB”.
Precios internacionales y efecto local
Mientras los productores norteamericanos expresan su descontento por la caída de precios, el gobierno de ese país intenta compensar con subsidios derivados de los ingresos arancelarios de la guerra comercial.
En este contexto, Romano recomienda prestar atención al comportamiento de los rindes en EE.UU. y al ritmo de siembra en Sudamérica:
“Brasil podría alcanzar entre 175 y 180 millones de toneladas, y en Argentina la producción de soja bajaría levemente por una mayor superficie destinada al maíz”, anticipa.
A nivel local, los exportadores argentinos declararon embarques por 40 millones de toneladas de soja, aunque las operaciones con precio cerrado apenas rondan los 30 millones.
Según Romano, todavía faltan 3 o 4 millones de toneladas por originar para cumplir con los compromisos de molienda y embarque. “Al ritmo actual, eso podría resolverse en una semana”, detalló.
El otro punto clave pasa por la administración de los dólares generados por esas operaciones. “Podemos estimar que se liquidó cerca del 35% del total, mientras el resto se transformó en colocaciones dolarizadas locales, lo que llevó las tasas de interés a niveles bajos o incluso negativos. Lo más sano sería destinar esos fondos a la compra de granos o al financiamiento de insumos”, planteó el investigador.
En materia de precios, el mercado se mueve entre dos escenarios: la capacidad de pago con retenciones 0% y la vigente.
“El rango razonable oscila entre 300 y 370 dólares por tonelada; entre esos valores actuará la oferta y la demanda”, resumió Romano.
Maíz en avance y trigo en su mejor momento
El maíz argentino muestra un arranque dinámico, con el 20% del área proyectada ya implantada, siete puntos más que el año pasado. Sin embargo, las lluvias excesivas en el centro y norte bonaerense demoran los trabajos en campo.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) estima una producción de 58 millones de toneladas, nueve más que el ciclo anterior.
A pesar del buen panorama agronómico, el ritmo comercial sigue rezagado.
“Durante el período de retenciones cero apenas se vendieron 750.000 toneladas, y el total a precio llega al 50%, frente al 58% promedio para esta época del año”, explicó Romano.
Este retraso en las ventas podría repercutir en la liquidez del mercado y en la disponibilidad de divisas durante los próximos meses.
El trigo, en cambio, avanza con una campaña excepcional.
Con el 93% del cultivo en condición buena o excelente y una humedad adecuada en el 85% del área, el país se encamina a producir 22 millones de toneladas, un volumen que consolidaría la recuperación del cereal tras años de altibajos.
“Ya comenzó la cosecha en el NOA, con rindes iniciales cercanos a 10 quintales por hectárea”, detalló el analista.
No obstante, el aspecto comercial aún preocupa.
“Solo el 7% de la producción está vendida a precio, cuando lo normal sería el 18%. Si sumamos los negocios a fijar, alcanzamos un 17%, similar al año pasado pero aún por debajo del 27% habitual. Esto anticipa una presión de cosecha importante”, advirtió Romano.
La necesidad de los compradores de desprenderse de pesos podría moderar el impacto en los precios, pero el escenario sigue siendo de alta volatilidad.
Reacomodamiento financiero y perspectivas
El complejo agroexportador argentino atraviesa una etapa de transición, en la que los productores ajustan sus estrategias de comercialización y las empresas buscan liquidez sin perder competitividad.
Para Dante Romano, el equilibrio entre flujo de divisas, precios internacionales y decisiones de política económica local será determinante en las próximas semanas.
“Estamos ante un mercado que intenta encontrar un nuevo orden entre la producción récord, la necesidad de dólares y la incertidumbre global”, concluyó.


