Los subsidios por nacimiento en China generaron grandes expectativas en el mercado global de lácteos. El gobierno chino anunció incentivos financieros de hasta 13.800 dólares por hijo en 23 provincias para frenar el envejecimiento poblacional y estimular la demanda de productos lácteos. Apenas se difundió la medida, las acciones de Feihe y Beingmate escalaron casi un 10% en la bolsa de Hong Kong, según datos de Bloomberg. Analistas locales señalaron que, aunque esta política prometía un impulso a corto plazo, su verdadera magnitud dependería de factores sociales y económicos más amplios.
Subsidios por nacimiento en china y su impacto demográfico
El gobierno buscó que las familias retomaran la decisión de tener más hijos con un incentivo sin precedentes. Provincias como Zhejiang y Guangdong asignaron montos superiores a 10.000 dólares por nacimiento, mientras que regiones rurales ofrecieron bonificaciones adicionales en servicios de salud y educación. Esta combinación de estímulos financieros e incentivos sociales persiguió un doble objetivo: elevar la tasa de natalidad y, al mismo tiempo, aumentar el consumo interno de lácteos. Estadísticas oficiales mostraron que cada nacimiento generó un aumento inmediato en las ventas de fórmulas infantiles, pero el verdadero desafío radicó en mantener esa demanda cuando los niños crecieran. Por ello, el éxito de la estrategia se midió más allá de cifras puntuales y se extendió al análisis de tendencias a cinco años vista.
Lecciones de Japón y corea del sur en políticas natalistas
La experiencia internacional ofreció aprendizajes valiosos para Beijing. Japón implantó incentivos similares desde los años 90, pero no logró elevar su tasa de fertilidad, que cerró en 1,26 hijos por mujer en 2022. Corea del Sur, por su parte, ensayó subvenciones directas y facilidades para guarderías, pero tampoco revirtió su declive demográfico. Ambos países exhibieron que el estímulo económico, aunque necesario, resultó insuficiente sin un apoyo integral en vivienda, empleo y conciliación familiar. Expertos de la Universidad de Pekín advirtieron que China debía complementar los subsidios por nacimiento con políticas de cuidado infantil y acceso a créditos hipotecarios para garantizar un crecimiento sostenido del consumo lácteo.
Competencia con bebidas vegetales y cambios regulatorios
Mientras China buscaba un repunte lácteo, el mercado de bebidas vegetales mostró un dinamismo paralelo. Según Euromonitor, esa industria creció un 10% anual en el país durante los últimos tres años, impulsada por hábitos de vida más saludables y campañas de marketing agresivas. Al mismo tiempo, las autoridades chinas endurecieron las normas sobre publicidad de fórmulas infantiles para alinear la promoción con estándares internacionales de protección infantil. La Unión Europea aplicó regulaciones similares en 2023, limitando la publicidad directa a madres y profesionales de la salud. Esta doble presión obligó a las empresas lácteas a innovar en productos de valor agregado, como yogures funcionales y fórmulas enriquecidas con probióticos.
Oportunidades para exportadores y tratados internacionales
Frente a estos cambios, los principales países productores ajustaron sus estrategias de exportación. Australia y Nueva Zelanda fortalecieron acuerdos comerciales con China, mientras que la Unión Europea renegoció cuotas de acceso a puertos asiáticos. Francia, con una tasa de natalidad de 1,83 hijos por mujer en 2022, combinó incentivos económicos con políticas de conciliación y se mantuvo como referente en productos premium. Argentina, por su parte, apostó a diversificar mercados y a promover acuerdos bilaterales con países de crecimiento demográfico acelerado, como Indonesia y Vietnam. Consultores exportadores destacaron que la firma de tratados de libre comercio sería clave para asegurar el abastecimiento de productos lácteos argentinos a precios competitivos.
En definitiva, los subsidios por nacimiento en China abrieron una ventana de oportunidad para la industria láctea mundial. Sin embargo, convertir ese empujón demográfico en un crecimiento sostenible exigirá una visión integral: aliados en políticas públicas, adaptación a nuevos hábitos de consumo y estrategias de diversificación que trasciendan los incentivos económicos.


