Sugestivo silencio de Cristina Kirchner: ¿está anímicamente golpeada o se replegó para contraatacar?

Para sorpresa de todos, no hubo un “Che Milei” firmado por la ex presidente. Y, a esta altura, su mutismo se transformó en un hecho político; hace casi tres meses que no publica sus documentos críticos en los que suele pronosticar un final de caos financiero para la gestión libertaria.

El furibundo discurso de Javier Milei en la apertura de sesiones del Congreso generó comentarios de todo el ámbito político y se viralizó en medios del exterior. Pero llamó la atención el hecho de que no haya hablado quien es, precisamente, el blanco preferido de las críticas oficialistas: Cristina Fernández de Kirchner.

Pero, además, Cristina tiene más argumentos para criticar al gobierno: el IPC consolida una tendencia alcista, y los economistas que participan en la encuesta REM del Banco Central acaban de corregir al alza sus previsiones. Al mismo tiempo, se acumulan siete meses consecutivos de caída real en la recaudación tributaria, lo cual pone una nota de duda sobre la sostenibilidad del equilibrio fiscal, el logro del cual más se enorgullece el Presidente.

Lo cierto es que, si Cristina quisiera aprovechar la excusa del discurso de Milei para reforzar su vínculo con la militancia, no le faltarían argumentos. Para empezar, la crisis de la industria se transformó en tema central de la agenda, y Milei no sólo no la niega sino que afirma que es parte del cambio de paradigma, y que la cúpula industrial estaba complotada con la propia Cristina para desestabilizar al gobierno durante los meses previos a la elección legislativa de octubre.

Y, a partir de la crisis de Medio Oriente, se complicó aun más el acceso al crédito internacional, donde el ministro no podría obtener tasas inferiores a 9%. De hecho, el propio Caputo dijo ante un auditorio de empresarios que deben ayudarlo para que los “dólares del colchón” ingresen al sistema bancario.

También aparecen a diario datos que confirman dificultades en el consumo y en la cadena de pagos, de la mano de un nivel récord de mora entre los consumidores. La tasa de interés sigue alta, como consecuencia de la estrategia de Toto Caputo por financiarse con el mercado interno.

Un silencio sugestivo

En síntesis, están sobre la mesa todos los temas preferidos de Cristina: los problemas de la deuda, las distorsiones de la “economía bimonetaria”, la aceleración del desempleo y la lentitud para que las inversiones externas se haga notar sobre la economía diaria. Y, sobre todo, la acumulación de varios meses en los que el salario evolucionó por debajo de la inflación.

Y, como si fuera poco, en estos meses se empieza a sentir con toda plenitud el impacto de la suba tarifaria en los hogares de clase media que perdieron el subsidio a los servicios públicos.

Más bien, prefirió delegar su defensa en los legisladores de su bloque, que después de la escandalosa sesión salieron a criticar el discurso presidencial.

Sin embargo, Cristina no le contestó al presidente ni siquiera después de la acusación de intento de golpe, ni respecto de las alusiones personales sobre corrupción y sobre la falta de comprensión de la economía.

Podría haber un poco de ambas razones. Por un lado, aun con los indicadores económicos negativos de los últimos tiempos, la propia CGT concluyó que no había un humor social lo suficientemente preocupado como para convocar a un segundo paro general contra la reforma laboral.

Y a esta altura, en el ámbito político se plantea el interrogante sobre si la actitud de Cristina responde a un “retroceso estratégico” o si realmente está golpeada por la sucesión de derrotas políticas que el gobierno le inflingió al kirchnerismo en las urnas y en el Congreso.

Otra vez, el ejemplo de Lula

Pero el hecho de que no haya respondido directamente a Milei no significa que Cristina no esté activa políticamente. Más bien al contrario, está en un momento de planificación estratégica con la mira puesta en la elección de 2027.

De manera que, para quien está convencido de que las cosas empeorarán para Milei, tiene sentido esperar un momento más oportuno para pasar al ataque.

Después de una década sin hablarse, Pichetto y Cristina hablaron sobre el futuro del peronismo. Según el diputado, no hubo reproches ni pases de facturas. Más bien, un análisis sobre cómo recuperar el protagonismo político y la confianza de los votantes que se sintieron defraudados tras la gestión de Alberto Fernández.

Y fue sugestiva, aunque haya pasado algo inadvertida, la reunión en San José 1111 con el diputado Miguel Angel Pichetto, el legendario estratega del peronismo en el Congreso, que pasó de ser la principal espada K durante el histórico conflicto con los productores sojeros, a posicionarse como “dador de convertibilidad” para Mauricio Macri, al punto de acompañarlo como vice en la fórmula electoral de 2019.

Y, esta vez, el líder del PT brasileño vuelve a ser puesto como ejemplo. Cristina está considerando la conformación de un gran frente opositor, que incluya a todos los sectores del peronismo y también a otros sectores críticos de la gestión de Milei. Y realizar una campaña como la de Lula en 2022, para la cual convocó a un ex rival -el socialdemócrata Gerardo Alckmin– como compañero de fórmula y derrotó a Jair Bolsonaro con un mensaje que planteó la disyuntiva entre democracia y autoritarismo.

Pichetto calificó de “fraternal” el encuentro, y presentó un plan que a Cristina siempre le cae bien: seguir la estrategia de Lula da Silva. Ya Cristina había tenido muy en cuenta las similitudes de su situación judicial con la que había sufrido el presidente brasileño -que pasó 19 meses preso por corrupción hasta que el juicio fue considerado nulo por vicios procesales-.

Antes de eso, Cristina había recibido a un grupo de economistas jóvenes que le presentaron documentos con propuestas con vistas a la formulación de un programa de gobierno donde se incorpore la responsabilidad fiscal y la preocupación por la inflación. La intención es que esos puntos dejen de ser banderas “de la derecha” y formen parte de la nueva etapa peronista.

Preparando la estrategia

Claro que la propia Cristina deberá hacer un proceso personal para abandonar algunos de sus lemas preferidos, ya que según Pichetto debe plantearse “una nueva estética”. Eso implica abandonar el lenguaje de la izquierda setentista y no insistir con “paparruchadas” como el intervencionismo económico ni “el Estado presente”.

Sin embargo, los antecedentes marcan que, a la hora de disputar una elección, Cristina puede firmar las paces con sus enemigos del pasado. Ya ocurrió en 2019, cuando pactó una tregua con Sergio Massa y el clan Moyano, sus más fuertes opositores durante el segundo mandato.

No será fácil el cambio de estilo para la militancia de La Cámpora, como tampoco será sencillo aceptar que sean parte de ese “frente nacional” los gobernadores peronistas que le prestaron sus votos a Milei en el Congreso para que se aprobara su agenda de reformas.

Después de la amenaza explícita de Milei en el Congreso, donde ya adelantó que habrá una nueva sentencia condenatoria contra Cristina por la causa de “los cuadernos de las coimas”, se reforzó más que nunca la visión de que no será por la vía judicial sino por la vía política que la ex presidente pueda cambiar su situación.

Y ahora, con más razón que en aquel momento, Cristina tiene un fuerte incentivo para que el peronismo gane la elección. Un incentivo que no tiene que ver tanto con lo político sino con su propia situación judicial.

El tema judicial, en el centro

La etapa de juicio oral por la “causa cuadernos” comenzó en noviembre, y en los pasillos del poder Judicial se estima que antes de fin de año podría haber una sentencia de primera instancia, probablemente condenatoria y que será apelada por los abogados de Cristina hasta que llegue a la instancia de la Corte Suprema de Justicia.

Tampoco ese objetivo es fácil, porque implica el compromiso del nuevo frente de abroquelarse tras la consigna de “Cristina libre”. Fue notoria la incomodidad del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, cuando en una entrevista la preguntaron si otorgaría un indulto para CFK en caso de llegar a la Casa Rosada, y el precandidato dio una respuesta ambigua.

Pero las especulaciones están a la orden del día, desde un posible intento de Milei por reformar la Constitución hasta el diseño de un blindaje judicial para el caso de que, en un eventual gobierno peronista, las acusaciones de corrupción -como la estafa de la criptomoneda Libra- se vuelvan en su contra.

Mientras tanto, en el ámbito político todavía es materia de debate cuál será la consecuencia del nombramiento de Juan Bautista Mahiques como nuevo ministro de Justicia. Por lo pronto, su primera acción importante será el envío de pliegos al Senado para cubrir vacantes en juzgados. Implica el nombramiento de 200 jueces, lo cual tendrá un impacto, entre otros temas, sobre la defensa de la agenda reformista del gobierno.

Desde su departamento/bunker/prisión de San José 1111, Cristina analiza la situación. Y espera el momento para decidir su próximo “Che Milei”.

En la interna oficialista, el nombramiento de Mahiques supone un recorte de poder para Santiago Caputo, algo que, a primera vista, podría ser visto como una buena noticia para CFK.

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