Trump usará maíz y soja para bajar la nafta: por qué no todo es festejo para el campo argentino

Es así que, desde el célebre eslogan “drill, baby, drill” pronunciado el mismo día de su asunción para dejar en claro que apoyaría la producción petrolera sin dejarse influenciar por las advertencias ecologistas, ahora el presidente estadounidense pasó a mirar con atención a la alternativa del combustible en base a cultivos.

La guerra en Medio Oriente empujó a Donald Trump a alterar su política energética, con un mayor corte de biocombustibles, que le permita frenar las alzas de precios en las estaciones de servicios de Estados Unidos. Y la medida puede tener efecto sobre el campo argentino, ya que podría inducir a un alza en las cotizaciones de maíz y soja.

Y ahora, como efecto colateral del conflicto en Irán, se dio la oportunidad perfecta para el anuncio: la Agencia de Protección Ambiental autorizó temporariamente el uso de etanol, con lo cual se busca simultáneamente contener el precio de los combustibles y, además, generar un mercado interno adicional para los farmers.

En realidad, el corte de naftas con un 15% de etanol ya era una promesa del presidente, que viene sintiendo la presión del lobby agrícola, descontento por cómo la relación tensa con China afectó sus ingresos.

Trump, que en octubre intentará el apoyo del electorado en las legislativas de medio término, había hecho del precio de la nafta uno de sus caballitos de batalla durante la campaña presidencial de 2024. De manera que toda medida que ayude a atenuar el impacto del conflicto será ahora una prioridad de tipo político.

Esta medida, que se veía como factible cuando empezó el ataque a Irán, se transformó en una certeza cuando se constató que las hostilidades podrían prolongarse más de lo previsto inicialmente. De hecho, entre los analistas del sector energético ya se está hablando de un posible precio del barril de apuntando al inédito precio de u$s200.

Caputo y el campo miran diferentes cifras

El etanol es un subproducto del almidón de maíz, lo que implica que, con esta medida, habrá mayor demanda de este cultivo. Desde el inicio del conflicto en Irán, el precio del maíz se disparó 15 dólares y el precio sigue sostenido, sobre todo tras la apuesta masiva de los fondos de inversión en commodities.

“A partir del 1 de mayo de 2026, las exenciones de la EPA contribuirán a prevenir interrupciones en el suministro de combustible en los Estados Unidos, manteniendo el E15 en el mercado y brindando a los estadounidenses más opciones de combustible. La EPA emite hoy este aviso de exención para dar a los actores de la industria de combustibles tiempo suficiente para adaptar el sistema de distribución”, afirma el comunicado oficial.

De hecho, los principales materiales que usan los agricultores argentinos están subiendo en mayor proporción que la cotización del grano, lo que implica que la rentabilidad de esta campaña podrá verse afectada.

Sin embargo, esto no debe llevar a conclusiones apresuradas: los productores argentinos no necesariamente saldrán ganando de esta situación. Ocurre que, así como la suba del petróleo y las medidas de Estados Unidos empujan los precios agrícolas, lo mismo ocurre con los fertilizantes y otros insumos del campo.

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“Nuestras estimaciones son que en un escenario conservador, las exportaciones aumentarían en 3.700 millones de dólares con respecto al año pasado. En un escenario de precios y producción más altos (algo que se está convalidando), las exportaciones treparían a casi 42 mil millones. Esto es 8.700 millones más que el año pasado.

No por casualidad, se escucharon voces de crítica entre los productores cuando el ministro de Economía, Toto Caputo, publicó un mensaje con tono celebratorio respecto del potencial exportador del campo, cuya situación calificó como “boom absoluto”.

Un reporte de Marianela de Emilio, experta del Inta, muestra que, en comparación con los precios que había antes del conflicto en Medio Oriente, la urea subió un 47%, el glifosato un 24%, el gasoil un 17% y el fosfato diamónico un 3%.

Granos por escalera, urea por ascensor

Pero del otro lado del mostrador, las cosas no se ven igual. Es cierto que el volumen de la cosecha será mejor al previsto, con unas 60 millones de toneladas de maíz y 49 millones de toneladas de soja. Pero la ecuación económica de los productores está empeorando.

Dicho de otra forma, hace dos meses se necesitaba vender 1,4 toneladas de soja para comprar una tonelada de urea, mientras que ahora se necesita 2,6 toneladas, y la tendencia es al alza.

Y eso no es lo peor: si se considera el antecedente de la invasión rusa a Ucrania en 2022, estos productos todavía tendrían margen para seguir aumentando si el conflicto se prolonga y la situación del petróleo no se normaliza.

Para colmo, en el caso de la soja se observa una fuerte volatilidad, que llevó a que el precio tocara un máximo de u$s450 -después de haber promediado los u$s380 durante el año pasado- para luego desplomarse súbitamente en u$s25. Es un contexto en el que se vuelven a sentir reclamos por la baja de retenciones a la exportación.

Esto es lo que hace que lo que en principio iba a ser una buena temporada para el campo argentino, súbitamente se haya transformado en un caldo de cultivo para los quebrantos. Ya desde el año pasado los productores se quejaban de que, fuera de la zona núcleo, los números del negocio no estaban cerrando, y que esa situación no cambió con la rebaja de dos puntos a las retenciones de la exportación sojera.

Por otra parte, el precio está volátil, y no sólo será influenciado por la demanda de etanol. También juega la expectativa sobre el nuevo informe del USDA -el departamento de agricultura del gobierno estadounidense-, donde se actualizarán las proyecciones de cosecha y nueva campaña. Y, sobre todo, si se confirma que Trump y su colega chino, Xi Jinping, retomarán las negociaciones comerciales, también esto podría alterar las cotizaciones.

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Maíz: ¿cuándo y a quién vendérselo?

Para los productores argentinos, sobre todo para los de maíz, es un momento de decisiones difíciles. Por un lado, hay una perspectiva de suba de los precios internacionales, como consecuencia de la medida tomada por Trump sobre los biocombustibles. Pero, al mismo tiempo, el costo de los insumos está subiendo aceleradamente.

El impacto sobre las carnicerías

Pero, además, hay otro tema sensible vinculado al maíz, del que suele hablarse poco: incide directamente en el precio de la carne vacuna.

Este escenario volátil hace que muchos productores argentinos consideren que es preferible asegurarse el precio hoy antes que especular con una suba en las pantallas de Chicago. De hecho, ya llevan 19 millones de toneladas negociadas para la venta -un tercio de la cosecha-, mientras el año pasado, a esta altura, no había más de 9 millones. Del total negociado, unas 12 millones de toneladas ya tienen precio fijado.

Esto ocurre porque, con un stock vacuno debajo de los 50 kilos de cabezas -el número más bajo de los últimos 15 años-, y además con precios en alza, los ganaderos prefieren vender menos animales, pero más gordos. Si antes la norma era enviar a faena el ganado de 300 kilos, ahora se los envíe al matadero con más de 480 kilos.

Ocurre que, mientras hay escasez de carne a nivel global -lo cual eleva la demanda y el precio de exportación- también se registra un bajo nivel de faena en Argentina, que cayó 10% en un año, lo cual se refleja en los precios de las carnicerías.

Esto lleva a que una proporción alta de la campaña de maíz, en vez de ser exportada, sea vendida a los productores ganaderos. En principio, la opinión mayoritaria en el campo es que, por más que el maíz tuviera una suba, la tendencia del mercado cárnico no variaría drásticamente, dada la demanda insatisfecha a nivel global, que mantiene atractivos los precios de exportación.

Y el dato clave es que el ganado vacuno se engorda con maíz, que aunque haya subido en el mercado mundial, está más barato que nunca en comparación con la carne. Para ponerlo en números: históricamente, para comprar 10 kilos de maíz, se necesitaba el equivalente un kilo de novillo. Hoy el costo es medio kilo de novillo.

Lo cierto es que en el agro están afinando el lápiz más que nunca. Porque, además de la situación internacional, también juega, como siempre, la especulación local. Un dólar mayorista de $1.368 desincentiva la exportación, sobre todo la sojera, y hace inevitable que nuevamente se ponga sobre el tapete la discusión sobre el tipo de cambio y una eventual baja de retenciones.

Pero claro, si se produjera un boom en el precio del maíz, entonces nuevamente la ecuación cambiaría y los ganaderos verían disminuir el margen de rentabilidad previsto.

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