En un video difundido en redes sociales, el primer ministro húngaro escenificó su advertencia sobre la energía: Budapest, dijo, hasta ahora ha resistido “presiones y chantajes” del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, por el oleoducto detenido desde enero, pero si no se restablecen los flujos de petróleo ruso está dispuesto a responder recortando las entregas de gas a Ucrania.
Viktor Orbán vuelve a incidir en su tema preferido: la confrontación con Kiev.
Todo esto ocurre mientras Ucrania sufre masivos ataques rusos: en 24 horas casi 1000 drones atacaron varias regiones, incluido el centro de Leópolis, provocando al menos cinco muertos.
La amenaza busca presionar a Kiev, aunque por ahora no tuvo efecto: desde las centrales húngaras “no se registran interrupciones” y una ruptura de ese tipo “costaría más de 1000 millones de dólares” al bolsillo de Orbán, replicó el ministerio de Exteriores ucraniano.
El nuevo ataque de Orbán contra Kiev -con el préstamo de la UE de 90.000 millones aún bloqueado por el veto relacionado con el Druzhba- adquiere mayor fuerza electoral ante la subida del costo de la energía impulsada por la guerra en Medio Oriente.
Los efectos de la guerra también llegaron a los países bálticos: drones ucranianos que desviaron su ruta sobre espacio aéreo ruso se salieron de control; uno impactó la chimenea de una central en Estonia y otro explotó en Letonia.
“Para garantizar la seguridad energética de Hungría debemos actuar ahora”, proclamó el primer ministro, pese a las alternativas de suministro aseguradas por Croacia, y usando la palanca del gas para jugar a favor de Rusia.
Según estimaciones de la prensa internacional, los ataques ucranianos con drones habrían interrumpido alrededor del 40% de las exportaciones petroleras rusas, afectando puertos clave del Mar Negro y del Báltico y también al Druzhba, justo cuando el encarecimiento del crudo podría beneficiar a Moscú.
En una campaña cada vez más cargada -entre acusaciones cruzadas de espionaje e interferencias extranjeras, como la difusión en YouTube de una llamada entre un periodista de Politico y un funcionario de la UE sobre el dossier Hungría‑Ucrania que habría sido interceptada- Orbán recibió otro respaldo de su amigo Donald Trump, que en redes lo calificó de “ganador”.
No obstante, como observó el diario independiente húngaro Telex, Kiev ya trabaja en diversificar rutas -vía transbálcánica, Polonia, Eslovaquia, Azerbaiyán y con importaciones de Gas Natural Licuado (GNL) desde Estados Unidos y Mozambique- y, con el fin de la temporada de calefacción, el impacto práctico sería limitado.
Según la última medición de Median para Hvg, la oposición Tisza, liderada por Péter Magyar, mantiene la delantera por 23 puntos entre los votantes decididos (58% frente a 35%), una ventaja que podría traducirse en una mayoría amplia.
Ese apoyo alimenta la narrativa del primer ministro húngaro, aunque por ahora no cambia la correlación de fuerzas en las encuestas.
“Depende de los húngaros decidir si lo mantienen en el poder. Pero si fuera así, Bruselas tendría que reaccionar con decisión”, escribió el diario neerlandés De Telegraaf en un editorial contundente.
En Bruselas -donde desde hace días crece la indignación por el presunto intercambio de información confidencial entre Budapest y Moscú- predomina una actitud de espera, con la incógnita sobre cómo reaccionaría Orbán ante una posible derrota.
(ANSA).
Quien marcó el tono del clima fue sobre todo Berlín: si el primer ministro húngaro sigue por esta vía -advirtió el canciller, Friedrich Merz, señalando el veto al préstamo a Kiev-, Europa corre el riesgo de “dejar de ser capaz de actuar”.





