Diez días después de la carta de la premier italiana, Giorgia Meloni, a la presidenta de la Comisión Europea, llega la primera -aunque parcial- respuesta de Europa.
En una carta de tres páginas, dirigida a los 27 países, el vicepresidente ejecutivo del Palacio Berlaymont certificó el exceso de flexibilidad que Bruselas pretende dar a las capitales frente a las subidas de precios.
No fondos adicionales, sino reprogramación de los existentes.
“Utilizamos urgentemente todas las herramientas disponibles: la Unión tiene los recursos para responder y debemos movilizarlos ahora”, subrayó Fitto.
El hecho de que el miembro italiano del equipo de comisarios haya escrito la carta es solo una coincidencia.
Fitto posee la cartera de Cohesión, la más rica de las que tiene a disposición la UE.
Es allí, en primer lugar, donde la Comisión quiere recurrir para dar alivio a los gobiernos que se enfrentan a la crisis energética.
En la carta, Fitto identificó tres fondos en los que centrarse: el Fondo de Cohesión general, el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder) y el Fondo de Transición Justa, creado para ayudar a los países rezagados en su transición.
“Para acelerar el uso de estos recursos, los Estados miembros y las regiones pueden actuar en varios frentes: crear nuevos instrumentos financieros para adelantar los pagos y adoptar todos los ajustes programáticos necesarios”, explicó Fitto.
Al fin y al cabo, señaló el comisario, esto ya ocurrió con la revisión intermedia de las políticas de cohesión.
Con esa reprogramación de 34.400 millones de euros en competitividad, defensa, construcción, agua y energía, recordó, “hemos demostrado que es posible actuar con flexibilidad y rapidez”.
Sin embargo, no a todos les gustó la propuesta.
Ciertamente no a la economista húngara Kata Tutto.
“Destinar los fondos de cohesión a cajeros automáticos de emergencia transforma, una vez más, la política de inversiones en una aspirina”, fue el mordaz tuit publicado por la presidenta del Comité de las Regiones.
“Eso se llama flexibilidad. Las Regiones lo pidieron.
Bruselas respondió. No hay cajero automático. Y sobre todo no obligamos a nadie”, respondió Fitto.
Pero Kata Tutto podría no ser la única que se queja.
Italia Viva, como era de esperar, describió la iniciativa como una “burla”, mientras el partido Movimiento 5 Estrellas (M5s) fue frontal: “Y pensar que Fitto nació en el sur de Italia, donde esos fondos, incluso los muros lo saben, son indispensables”.
En realidad, un país como Italia siempre tuvo problemas para gastar todos los fondos de cohesión, y el ciclo 2021-27 es la excepción.
Pero el gobierno prometió parte de los fondos de cohesión para la construcción del Puente del Estrecho.
En Bruselas, al mismo tiempo, no se hacían ilusiones.
No es probable que la carta a los ministros de Cohesión de los 27 elimine el debate sobre la necesidad de una excepción al Pacto de Estabilidad, o al menos que amplíe la prevista para la defensa a la energía.
La carta de Fitto no sustituye a la que Von der Leyen debería enviar al primer ministro italiano en los próximos días.
Pero sirve para perfilar el marco en el que quiere moverse la Comisión, que sigue sin coincidir con el solicitado por Roma.
El próximo 3 de junio, con la presentación del paquete de primavera del semestre europeo, la Comisión podría entrar en el fondo de las peticiones planteadas por Meloni.
Ya antes, la UE pondrá sus luces en la segunda vía indicada para hacer frente a los elevados costes energéticos: modificar aún más el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (Pnrr).
Von der Leyen, haciendo un cálculo preciso entre los recursos de Cohesión y los de la Próxima Generación, había hablado de 95.000 millones, que se repartirán -en partes desiguales- entre los países miembros.
Italia quiere más y confirmó que ya no pedirá la totalidad de los 15.000 millones previstos para el programa Defensa Segura.
Pero la medida corre el riesgo de irritar aún más al Palacio Berlaymont y a algunos de los líderes europeos. (ANSA).


