Según relató al medio Plan B, “me contestaron al otro día, solicitándome que hablara a un determinado número de WhatsApp, todo en castellano. Pregunté y me pasaron un precio de 9.500 dólares por un tractor frutero de 90HP, también me pasaron la alternativa del mismo tractor con cabina cerrada y aire acondicionado a 11.200 dólares“.
La discusión sobre la liberalización de importaciones sumó un caso concreto desde Misiones. El productor citrícola Ricardo Ranger decidió consultar por internet cuánto costaba un tractor frutero fabricado en China. La respuesta, asegura, fue inmediata y en español.
“Allá, sin conocerme, una fábrica grandísima, me contestaron al otro día. Acá ese mismo tractor sale 50.000 dólares y la verdad es que si intentás llamar a la fábrica, seguro que no te dan ni pelota, te mandan a la m…”, comparó.
La brecha de precios: un tractor cuesta cuatro veces menos en Asia que en Argentina
El contraste con el mercado local fue lo que más lo impactó. Según explicó, un equipo de características similares en Argentina sale cuatro veces más. La diferencia no solo fue económica, sino también en el trato comercial.
Entre la competencia y la supervivencia
El testimonio de Ranger expone el dilema que atraviesa la economía argentina: mientras una apertura amplia puede complicar a industrias y pymes locales, también habilita a productores y consumidores a acceder a bienes mucho más baratos.
Incluso, el productor añadió que desde la empresa asiática le explicaron que, “como en un contenedor pueden caber hasta dos tractores, me pueden hacer precio si adquiría dos unidades”.
Con más de cuatro décadas en la actividad y formación como ingeniero agrónomo, el productor —conocido además por denunciar reiterados robos en su chacra en Eldorado— suele visibilizar problemas estructurales del sector.
“La verdad es que no estoy a favor de la apertura irrestricta de importaciones, pero también es cierto que algo de razón tiene Milei, acá todo es carísimo y China ofrece productos mucho más baratos, de alta tecnología, calidad y con gran atención al cliente”, sostuvo.
“Acá en la Argentina, te fundís trabajando“, afirma. Y concluye con una reflexión que resume su preocupación: “¿Cómo vamos a poder competir con China? Es imposible, esa es la triste realidad”.
Competir con China, ¿misión imposible?
Para Ranger, la discusión no es ideológica sino práctica. Los costos internos, la presión impositiva y la falta de competitividad dejan a muchos productores en desventaja frente a los precios internacionales.
Según afirma, aunque en los papeles los planes sociales son compatibles con el trabajo registrado, en la práctica eso no sucede. “No funciona eso, en la práctica eso no funciona. Si un trabajador usted lo quiere poner en blanco en su empresa para que trabaje con usted con limones, con naranja y demás, perdería el beneficio y no le conviene. Pierde los beneficios y el tipo entonces no se quiere registrar“, explicó.
“Si los pongo en blanco, pierden el plan”: la denuncia de un productor misionero
En el norte de Misiones, el debate sobre trabajadores que cruzan a Brasil suma una mirada distinta. El productor citrícola sostiene que el problema no es la falta de empleo, sino las trabas para formalizar la mano de obra rural.
Ranger asegura que esta situación desalienta el empleo en blanco, especialmente en tareas estacionales. “Hoy te comento, tengo poca gente, porque estoy sobreviviendo, pero hoy necesitaría 30 personas, ya necesité hace varios años atrás, 30 personas para levantar mi cosecha de limón, asegurada, no en negro, porque si hubiera dado trabajo en negro, hubiera tenido 50, hubiera tenido aquella vez, no 30, 50, pero no quise dar trabajo en negro y perdí toda mi producción”.


