Proyecto de amigos opera en cuatro países celebra diez años con biológicos y proyecta expansión

Hace diez años nació Tropfen como un proyecto entre amigos que, a partir de reuniones informales, identificó vacíos en la oferta de productos biológicos para la agricultura local. Sus tres socios fundadores, con perfiles y etapas de vida diferentes, coincidieron en que ese mix de experiencias y personalidades fortalecería la iniciativa. Lo que comenzó como conversaciones y pequeñas acciones terminó por transformarse en una empresa con presencia internacional y una estrategia orientada a desarrollar tecnologías propias para el agro.

En los inicios, Alejandro Capridi y sus socios combinaron sus recursos limitados: dos personas movilizándose con camionetas, una oficina improvisada en un departamento prestado y el respaldo técnico de un partner alemán que facilitó una cartera de productos para introducir en Argentina. Esa alianza inicial fue clave para ganar acceso al mercado y construir credibilidad entre los productores. La operación fue modesta pero decidida, centrada en demostrar la eficacia de soluciones biológicas en un entorno que, como el argentino, atraviesa constantes ciclos políticos, económicos y financieros.

Durante la primera década, la empresa logró posicionarse más allá de la comercialización pura: escaló hacia el desarrollo y la fabricación de tecnologías propias. Ese tránsito implicó formar un portafolio sólido, diversificar líneas de negocio y consolidar una red de distribución extensa, con al menos 200 puntos de venta en el país. El progreso se basó en la confianza de los usuarios finales —los productores— y en un enfoque comercial sostenido que permitió ampliar la presencia territorial y consolidar la oferta técnica de la compañía.

Con la base establecida, Tropfen encaró una etapa de expansión regional: hoy opera en Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. El siguiente paso, según sus fundadores, es alcanzar mayor autonomía tecnológica y acelerar los plazos de desarrollo de productos. Hasta ahora la investigación y el desarrollo dependían en buena medida de los tiempos y capacidades de sus socios fabricantes, algo que en ocasiones ralentizaba la respuesta ante demandas puntuales de cada mercado.

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Para revertir esa dependencia, en 2026 la compañía lanzó la siguiente fase estratégica (2026–2036), que incluye la construcción de una planta de producción propia en Pergamino y la conformación de un equipo interno de I+D. La emisión de su primera Obligación Negociable en abril permitió captar un millón de dólares en el mercado de capitales, fondos destinados a financiar la obra y equipamiento. Este movimiento apunta a dotar a la empresa de mayor control sobre los procesos productivos y a reducir los tiempos entre la investigación y la disponibilidad comercial de nuevas tecnologías.

El plan de la compañía contempla también la incorporación de especialistas en biotecnología y bioquímica, la creación de laboratorios dedicados y la instalación de un invernadero con condiciones controladas para acelerar experimentos y pruebas de campo. La idea es acortar los ciclos de validación y poder reaccionar con mayor rapidez a necesidades específicas de distintos tipos de cultivo y contextos regionales. Los directivos ponen énfasis en que el talento local es suficiente para asumir esa responsabilidad técnica; por ello esperan contar con profesionales argentinos que lideren el desarrollo científico y la producción.

Los objetivos para la próxima década están definidos y son ambiciosos pero concretos. Entre ellos figura duplicar la facturación y el equipo de trabajo, alcanzando alrededor de 50 empleados; incorporar cuatro nuevos mercados internacionales; y lograr que la planta de producción opere a plena capacidad para 2027. Ese último punto refleja la intención de dar soporte productivo directo a la expansión comercial y de garantizar disponibilidad de insumos biológicos en tiempos que hoy se consideran más ágiles.

Según Julián Etchegoyen, CEO y cofundador, la primera década estuvo dominada por el foco comercial y la expansión territorial, metas que la empresa pudo cumplir gradualmente. Paralelamente, desarrollaron un portafolio que hoy se organiza en cuatro líneas de negocio y comprende más de quince tecnologías. La transición que buscan ahora consiste en equilibrar esa base comercial con una mayor soberanía en investigación, producción y respuesta técnica.

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El proyecto de construir una planta propia responde tanto a una necesidad operativa como estratégica: reducir la dependencia de terceros para acelerar lanzamientos y adaptar formulaciones a condiciones locales. La planta permitirá también estandarizar procesos, controlar calidad y obtener mayor flexibilidad para introducir variaciones de producto o nuevas formulaciones con agilidad. Además, la obra incluye la infraestructura necesaria para laboratorio y producción en escala, lo que facilitará la integración vertical que la empresa persigue.

En materia de recursos humanos, la ambición de crecer implica sumar perfiles especializados que no solo cubran la operación de planta, sino que lideren procesos de I+D. La estrategia contempla formar equipos técnicos que puedan diseñar, probar y validar tecnologías en tiempos más cortos, con el apoyo del invernadero de condiciones controladas para realizar ensayos y acelerar la curva de aprendizaje experimental. La expectativa de los fundadores es que este salto cualitativo eleve la competitividad de la firma en los mercados donde ya está presente y en aquellos que aspiran a conquistar.

La experiencia acumulada durante los primeros diez años, explican sus líderes, proporciona la madurez necesaria para encarar esta nueva etapa. Haber sorteado coyunturas adversas y haber construido una cartera y una red comercial ofrecen una base sólida sobre la cual ensamblar una estructura productiva propia. La financiación obtenida en el mercado de capitales se interpreta como una validación externa del plan de crecimiento y una herramienta para materializar la infraestructura proyectada.

Finalmente, la visión de Tropfen para los próximos diez años combina crecimiento comercial con consolidación tecnológica. La empresa busca no solo ampliar su presencia internacional y su capacidad productiva, sino también reducir tiempos de investigación y fortalecer su oferta técnica mediante I+D interno. Con una planta en Pergamino, profesionales especializados y procesos de experimentación más ágiles, la compañía aspira a ofrecer soluciones biológicas adaptadas a las necesidades específicas de los agricultores de la región y a posicionarse con mayor independencia en la cadena de valor del agro.

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