Buenos Aires, 30 marzo (NA) – Hasta hace poco tiempo, la presencia de las ballenas jorobadas en el litoral patagónico era considerada una rareza. Los mapas históricos indicaban que estos cetáceos que se reproducen en Brasil migraban hacia la Antártida a través de rutas oceánicas profundas. Ahora, un hallazgo científico del Proyecto Patagonia Azul en Chubut está cambiando lo que se sabía sobre el comportamiento de esta especie en el Atlántico Sur y subraya el rol vital de las áreas marinas protegidas.
UN CAMBIO DE PARADIGMA
Según el biólogo Lucas Beltramino, al iniciar los trabajos en la zona durante 2019, la especie figuraba catalogada apenas como ocasional. La historia dio un vuelco cuando los avistamientos comenzaron a multiplicarse y el equipo empezó a cruzar su banco de imágenes con la plataforma global Happywhale.
De esa manera empezaron a notar que individuos registrados en la zona de Camarones habían sido vistos previamente en Brasil, en la Antártida o en el Canal Beagle. Ante estas coincidencias, surgió la iniciativa de marcar algunos ejemplares con dispositivos satelitales para descubrir hacia dónde van cuando abandonan las costas de la provincia.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, para comprender mejor estos desplazamientos, el equipo concretó este año un proyecto de marcaje junto a investigadores de la Universidad de California y lograron colocar transmisores a tres ballenas jorobadas durante el mes de enero. Los cetáceos permanecieron alimentándose casi exclusivamente dentro de los límites del Parque Provincial Patagonia Azul y en la zona de Puerto Visser, un sector aledaño que actualmente carece de protección legal.
UNA NUEVA ZONA DE ALIMENTACIÓN
Tras ese período de residencia alimentaria, dos transmisores se desprendieron, pero el tercero continuó enviando información vital. El animal empezó a adentrarse en el mar y a viajar hacia el sur cada vez más lejos. “Lo hacía a una velocidad impresionante, incluso de 200 kilómetros de avance por el mar en un mismo día”, describió Beltramino. Tras quince días de viaje rápido, el patrón de nado se volvió errático y los puntos de ubicación comenzaron a mezclarse. El equipo dedujo inmediatamente que la ballena había llegado a una nueva zona de alimentación antártica.
Además, parte del equipo de la Universidad de California que se encontraba realizando trabajo de campo en las Orcadas del Sur reportó el avistamiento de dos ejemplares que ya habían sido registrados previamente en la costa de Chubut.
LA IMPORTANCIA DE LAS ÁREAS PROTEGIDAS
El análisis de más de cuatro años de muestreo confirma que la especie adoptó una marcada presencia en la región. Beltramino precisó que existe una clara estacionalidad que empieza a partir de fines de octubre o principios de noviembre y se extiende de manera continua hasta el mes de marzo. A su vez, los investigadores detectaron un pequeño pico de avistajes en mayo. El equipo científico sospecha que este regreso fugaz marca el momento exacto en el cual las ballenas, tras alimentarse en el extremo sur, emprenden su viaje de retorno hacia las áreas reproductivas del norte.
Los especialistas sostienen que la prolongada estadía de las jorobadas en el Parque Provincial Patagonia Azul durante su gran viaje migratorio representa un factor crucial para la conservación. El hecho de encontrar alimento por tanto tiempo en estas aguas tiene un impacto directo y positivo en el éxito reproductivo de la especie.
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