Argentina pierde liderazgo en exportaciones de harina de soja ante el crecimiento industrial brasileño

Brasil cerca de arrebatarle a la Argentina el liderazgo mundial en exportaciones de harina de soja

En el primer cuatrimestre del año (enero-abril), datos oficiales muestran una reñida batalla por la primera plaza mundial en exportaciones de harina de soja. Brasil exportó 7,7 millones de toneladas en ese período, mientras que Argentina colocó 7,5 millones, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Estados Unidos, con cifras actualizadas hasta marzo, había exportado 4,9 millones y podría haber alcanzado alrededor de 6,5 millones a abril. Estos movimientos potencian el riesgo que vienen advirtiendo la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja): que Argentina pierda su liderazgo histórico en harina de soja.

Contexto global: molienda, biocombustibles y comercio

El avance de Brasil y el crecimiento de Estados Unidos no son casuales. El informe WASDE del USDA proyecta un aumento significativo del crushing —la molienda industrial de soja— en los próximos años: un crecimiento del crushing estadounidense en torno a 8,2 millones de toneladas para la campaña 2026/27 respecto a los 66,6 millones de la 2024/25, y un incremento similar para Brasil, que sumaría 6,8 millones desde los 58,2 millones de esa misma campaña. La cámara aceitera brasileña, Abiove, estima que la molienda de Brasil alcanzará un récord de 62,5 millones de toneladas (superior en 1 millón a la estimación del USDA) y que las exportaciones de harina de soja podrían llegar a 24,8 millones de toneladas.

Gran parte de este crecimiento está ligado a políticas de biocombustibles: el mayor uso de aceite de soja para fabricar biodiésel o diésel renovable impulsa la molienda, lo que a su vez genera más disponibilidad de harina de soja para la exportación. Asociaciones como la National Oilseed Processors Association (NOPA) en Estados Unidos ya registran incrementos interanuales de dos dígitos en la molienda, llevando la producción a niveles récord.

Evolución en la última década: Brasil y EE. UU. recortan distancias

Mirando la evolución del último decenio, la exportación de harina de soja de Brasil casi se duplicó, mientras que la de Estados Unidos aumentó alrededor de 83%, en contraste con un estancamiento de las exportaciones argentinas. En números gruesos, los Estados Unidos pasaron de 16,6 a 19,7 millones de toneladas (+19%), y Brasil de 23,4 a 26,9 millones (+15%). Las proyecciones del USDA mantienen a Argentina entre 29,4 millones de toneladas en 2026/27 versus 29,8 millones en 2024/25, lo que refleja un techo relativamente estable para la oferta argentina.

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Competencia por mercados claves: Indonesia, Vietnam y Filipinas

El mapa de destinos ilustra el desplazamiento de posiciones comerciales. Indonesia fue históricamente el principal comprador de harina argentina, con 826.000 toneladas en el período analizado, cifra que quedó en un millón menos que lo exportado por Brasil. En el primer cuatrimestre, Brasil había enviado a Indonesia 1,5 millones de toneladas, además de 910.000 a Tailandia y 839.000 a Irán. En paralelo, Estados Unidos concentra ventas hacia Filipinas (837.000 toneladas en el lapso), y tiene presencia consistente en mercados americanos como México, Colombia y Canadá.

Un dato relevante es el fuerte crecimiento de las compras vietnamitas en el período enero-marzo: las exportaciones a Vietnam se incrementaron de 92.000 a 210.000 toneladas, más del doble. Ese cambio de patrones comerciales refleja tanto la mayor oferta brasileña y estadounidense como decisiones de política comercial de compradores y productores, incluidos efectos residuales de las políticas arancelarias y acuerdos bilaterales.

Factores estructurales: producción interna y dependencia externa

La producción agrícola argentina se mantiene relativamente estancada en torno a los 50 millones de toneladas de soja. En parte, la posición exportadora del país se sostiene por la importación de soja desde Paraguay para abastecer la molienda local. Esa limitación de piso productivo contrasta con la expansión de capacidad industrial y política agroenergética en Brasil y Estados Unidos, que les permite agregar mayor valor vía molienda y destinar mayores volúmenes al comercio internacional de harina de soja.

Consecuencias para la economía argentina

La harina de soja es una de las principales fuentes de ingresos en divisas para Argentina. Perder la primacía mundial abre riesgos para la cadena de valor: menor poder de negociación en mercados estratégicos, presión sobre precios y una mayor vulnerabilidad ante cambios en la demanda global. El desplazamiento también puede encarecer o complicar el acceso a mercados que hoy son clave para la proteína concentrada que demanda la industria alimentaria y avícola regional.

Medidas necesarias para recuperar competitividad

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Analistas y actores del sector plantean que para frenar la pérdida de liderazgo y mejorar la competitividad del complejo sojero argentino es necesario avanzar en medidas estructurales y de política. Entre las acciones prioritarias se destacan:

– Reducción gradual de las retenciones a las exportaciones para mejorar la rentabilidad de productores y la competitividad en precio de la harina de soja argentina.
– Incremento del corte obligatorio de biodiésel al 15%, lo que generaría demanda adicional de aceite de soja y favorecería la molienda local.
– Adecuación de la Ley de Semillas para garantizar derechos de propiedad intelectual y estimular la inversión en tecnología de cultivos y productividad.
– Mejora de la infraestructura logística: adjudicar y profundizar la hidrovía, recuperar y modernizar el sistema ferroviario y avanzar en la reparación y construcción de rutas para reducir costos logísticos y tiempos de transporte.

Estas medidas apuntan tanto a elevar la productividad por hectárea como a bajar el costo de salida al mercado, combinando incentivos a la producción con inversiones públicas en logística.

Qué se juega Argentina en el corto y mediano plazo

En el corto plazo, la pugna por clientes como Indonesia y Vietnam marcará diferencias en volúmenes y participación de mercado. Si Brasil y Estados Unidos consolidan mayores exportaciones con políticas que fomentan la molienda y el biodiésel, Argentina podría ver reducida su cuota global. En el mediano plazo, la clave será si el país logra aumentar su producción, modernizar su capacidad industrial y mejorar la logística para sostener volúmenes competitivos.

Conclusión

Argentina se encuentra ante un desafío concreto: los movimientos de Brasil y Estados Unidos en molienda y exportación de harina de soja lo ponen en riesgo de perder el liderazgo mundial que mantuvo históricamente. La combinación de políticas de biocombustibles, ampliación de capacidad de molienda y mejora de la logística favorece a sus competidores. Para revertir la tendencia se requieren decisiones coordinadas que aumenten la productividad, fortalezcan la industria local y reduzcan costos logísticos. Sin cambios estructurales, Brasil está a corto trecho de convertirse en el principal exportador mundial de harina de soja, lo que implicaría un impacto directo en la economía argentina y en toda la cadena sojera del país.

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