Aunque el nombre Liberated Brands no les diga mucho a los consumidores argentinos, y sí lo son sus marcas Billabong, Quiksilver y Volcom sobre todo para los surferos, skaters o amantes del snowboard, la cadena de moda deportiva ‘super low cost’ anunció que cierra las 124 tiendas físicas en Estados Unidos y despide a más de 1.400 trabajadores.
El fantasma del desempleo preocupan a las organizaciones sindicales y asociaciones de trabajadores, que buscan soluciones para recolocar a los afectados, aunque reconocen que la situación es muy compleja.
A pesar del cierre de los locales en Estados Unidos, las marcas seguirán produciendo ropa, que estará disponible para la venta online.
Los socios comerciales y algunas tiendas colaboradoras serán los encargados de seguir comercializando los productos de Quiksilver, Billabong y Volcom en sus plataformas digitales.
La noticia generó muchísima confusión en la Argentina, por lo que Tomás Tarrab, dueño de la licenciataria de Billabong en la Argentina, Tarco SA, tuvo que salir a aclarar que “esta empresa sigue operando de forma independiente. Eso hace que podamos seguir operando con normalidad”.
Inclusive subrayó que “este año abrimos dos nuevos locales en Mar del Plata. Tenemos proyectadas cinco aperturas más para este año. Seguimos expandiéndonos con el formato de franquicias y creciendo en la Argentina”.
La propietaria de la marca y quien distribuye las licencias en todo el mundo es Authentic Brands Group, que la bancarrota de la cadena norteamericana no alcanza y continuará operando.
Sí podría ser que las marcas Billabong y Quiksilver tengan que modificar también sus nombres.
Las otras, Roxy y RVCA, también están en la mira, aunque contarán con una reestructuración particular que, según fuentes internas, buscaría un comprador o inversor que las rescate.
La estrategia oficial se orienta a la venta de licencias y a la búsqueda de acuerdos con distribuidores que quieran relanzar estas marcas en el mercado global.
Algunas de las páginas web continúan operativas y ofreciendo descuentos de hasta el 60%, especialmente en el caso de Billabong, que busca liquidar existencias.
PROFUNDOS CAMBIOS EN EL SECTOR TEXTIL
La invasión de la moda rápida y barata y el auge de las plataformas de comercio electrónico redujeron las ventas presenciales de firmas tradicionales, lo cual disparó profundos cambios en el sector textil.
Liberated Brands no se adaptó lo suficientemente rápido a los nuevos hábitos de consumo, y ya en bancarrota, se esperan efectos secundarios en las cadenas de suministro, la publicidad deportiva y el patrocinio de eventos.
Los ingresos habían aumentado de 350 millones de dólares en 2021 a 422 millones de dólares en 2022, un salto que la empresa atribuyó a un fuerte aumento de la demanda durante la pandemia y la compra de más licencias.
Aproximadamente la mitad de tales entradas provino de las ventas minoristas en los sitios web de las marcas y en las tiendas físicas, y de la venta de ropa al por mayor a otros minoristas.
Acumuló un déficit de 83 millones de dólares en deudas garantizadas (por préstamos a los que respondió con una garantía) y 143 millones de dólares en deudas no garantizadas (es decir, sin respaldo).
Había solicitado, a principios de mes, una protección judicial en Delaware ante el cierre inminente de estas tiendas.
Otras compañías de calzado y equipamiento deportivo también fueron quedando en el camino a lo largo de la última década, aunque no siempre de manera tan precipitada.
Los consumidores que todavía confían en estas marcas históricas tratan de aprovechar las rebajas actuales en sus tiendas online.
Se les recomendó que revisen garantías, y comprueben las condiciones en caso de cierres o cambios de titularidad.
Asimismo que consulten foros especializados, donde muchos usuarios comparten experiencias para encontrar productos similares.
MESES DECISIVOS
Habrá que esperar los próximos meses, decisivos para Billabong, Quiksilver, Volcom, Roxy y RVCA, para ver cuál será la reacción de la industria tradicional de la moda deportiva: si logra reinventarse o si, por el contrario, la hegemonía de la ropa ‘super low cost’ acaba por transformar por completo este mercado.
Para países como el nuestro, abiertos a la importación de indumentaria, este proceso constituye todo un llamado de atención.
Son muchas las Pymes textiles locales que emplean mano de obra autónoma para abastecer a las grandes marcas y vienen sintiendo el rigor de los cambios. Muchas cerraron pero entre el cepo y los aranceles ralentizaban el proceso de cambio en el sector.
Hoy sobreviven 26 locales multimarcas abiertos en todo el país, pese a que las ventas no fueron buenas en 2024 por la caída del consumo.




