El Gobierno autorizo la exportacion directa de lana sucia desde los establecimientos ovinos, una medida que genero posiciones contrapuestas en el sector: entusiasmo entre productores y cautela entre representantes de la industria procesadora. La nueva disposicion, implementada mediante una resolucion del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) que crea la figura de la “barraca de campo”, permite a los productores inscriptos despachar lana directamente desde el predio hacia el puerto sin pasar por barracas urbanas o centros de acopio tradicionales. En la practica, la medida elimina la obligacion administrativa que forzaba a certificar el paso de la carga por una barraca habilitada, un tramite que dirigentes rurales califican de formal y costoso.
Productores y federaciones rurales destacaron los beneficios inmediatos para la rentabilidad: al evitar el traslado y la intermediacion se reducen tramites y costos logisticos, con ahorros que pueden acercarse a los 2.000 dolares por camion en cargas de alrededor de 20 toneladas. Ese recorte de gastos operativos se percibe como un alivio especialmente relevante para pequenos y medianos productores y para economias regionales afectadas por condiciones climaticas adversas. Ademas, sostienen que la eliminacion del requisito no representa un riesgo sanitario mayor, dado que la lana es un producto no alimentario que se almacena en galpones y no transmite enfermedades.
Sin embargo, el cambio tambien abrio inquietudes sobre el posible impacto en la cadena de valor de la lana, en particular en las provincias donde existe un fuerte agregado de valor industrial. Representantes de Chubut y otras jurisdicciones con lavado y procesado importante alertaron que la posibilidad de exportar directamente desde el campo puede desplazar parte del volumen que hoy alimenta a lavaderos y plantas de procesamiento local, afectando empleo y actividad industrial. Chubut, por ejemplo, figura como una provincia con alto porcentaje de produccion exportada y con gran participacion de producto procesado en las exportaciones; en ese contexto cualquier modificacion en el circuito comercial podria tener efectos significativos.
Los referentes del sector pidieron prudencia y subrayaron la necesidad de esperar la reglamentacion completa para conocer detalles operativos y sanitarios. Entre los puntos que requieren precision figuran las exigencias de trazabilidad, los controles fitosanitarios y zoosanitarios, la forma en que se registraran las barracas de campo y los procedimientos para emitir certificaciones oficiales. Tambien se senalo la importancia de clarificar como se verificara la cadena de custodia desde el origen hasta el embarque internacional para asegurar que se mantienen los estandares requeridos por los paises importadores.
Las cifras aportadas por la Federacion Lanera Argentina ofrecen contexto sobre la dimension del sector: entre julio de 2024 y junio de 2025 el pais produjo 32.041 toneladas de lana sucia, de las cuales se exportaron 30.205 toneladas, generando ingresos por aproximadamente 24,6 millones de dolares. En conjunto, el complejo lanero argentino aporto 114,4 millones de dolares en divisas, con China como destino principal. Estos datos muestran que la mayor parte de la produccion tiene salida al exterior y que el complejo aporta divisas relevantes, lo que explica el interes por equilibrar incentivos para la produccion primaria con la preservacion del procesamiento local.
La Sociedad Rural Argentina (SRA) expreso su apoyo a la disposicion, calificandola como una accion de modernizacion y desburocratizacion que simplifica comercializacion y reduce costos asociados al acondicionamiento industrial previo. Desde esa perspectiva, la medida mejora la competitividad del producto argentino en mercados internacionales y favorece especialmente a productores que hasta ahora debian asumir gastos de certificacion y logistica que incidian en su rentabilidad. No obstante, la SRA y otras entidades aclararon que la apertura no significa una flexibilizacion de las exigencias sanitarias: la certificacion oficial del Senasa debe mantener los estandares que exigen los mercados importadores y preservar el estatus sanitario nacional.
Los posicionamientos coinciden en la necesidad de definir con precision las normas complementarias y los procedimientos de implementacion. Entre las incognitas que mencionan productores e industriales estan: que requisitos especificos exigira Senasa para las barracas de campo; como se implementaran controles de trazabilidad y pesaje; que obligaciones tendran los compradores extranjeros o los despachantes; y como se coordinaran inspecciones y certificaciones en origen sin generar demoras que anulen los beneficios esperados.
Ademas de la reglamentacion, surgieron propuestas para mitigar posibles efectos adversos sobre la industria. Entre las alternativas planteadas por distintos actores figuran mecanismos de transicion o compensacion, incentivos fiscales o crediticios para plantas que inviertan en modernizacion, la promocion de convenios entre productores y lavaderos, y la implementacion de requisitos minimos de procesamiento local en determinados porcentajes, todo con el objetivo de mantener valor agregado y empleo regional sin cerrar la opcion de exportar directamente. Otra via sugerida es el uso de sistemas de trazabilidad digital y certificados electronicos que faciliten el control sanitario sin burocracia fisica innecesaria.
Tambien se destaco la necesidad de acompanar la medida con politicas que atiendan la situacion estructural del sector: en provincias afectadas por sequia y reduccion de rodeos ovinos, cualquier reduccion de costos y simplificacion administrativa puede ayudar a sostener la actividad y mejorar las ecuaciones economicas de las explotaciones. Al mismo tiempo, para que el beneficio llegue efectivamente a los productores, sera clave asegurar el acceso a mercados, condiciones logisticas para embarque y transporte, y asistencia tecnica para cumplir requisitos de calidad exigidos por compradores internacionales.
En resumen, la autorizacion para exportar lana sucia desde los establecimientos representa una apertura que los productores reciben con optimismo por sus potenciales ahorros y facilidades comerciales. Al mismo tiempo genera prudencia entre sectores industriales que temen perdidas en el agregado de valor regional. El consenso general es que el impacto final dependera de la letra chica de la reglamentacion, de como se implementen los controles sanitarios y de trazabilidad, y de las politicas complementarias que se adopten para equilibrar los intereses de productores, lavaderos y la cadena de valor en su conjunto. Las proximas semanas seran clave para conocer las normas complementarias que establezca Senasa y para que actores publicos y privados negocien mecanismos que permitan aprovechar las ventajas de la apertura sin sacrificar la sustentabilidad de la industria local.


