Ya vende 30 toros por año. Se fue a la Patagonia y comenzó de cero un ambicioso proyecto en un lugar hoy muy pujante

Tejeda vive en esa ciudad, pero su establecimiento está en el Idevi, el Instituto de Desarrollo del Valle Inferior, una región creada a partir de un proyecto impulsado décadas atrás con apoyo internacional. “Fue un valle generado a partir de la FAO y tuvo que ver mucho el Idevi. Es un valle que le costó mucho crecer pero hoy está muy pujante como el norte de la Patagonia”, cuenta a LA NACION.

En el valle inferior de Río Negro, donde el riego transforma la aridez patagónica en tierras productivas, Edgardo Tejeda construyó paso a paso un proyecto ganadero que nació con apenas 30 vacas Angus y hoy aspira a consolidarse como una cabaña de referencia. Tercera generación de productores, este criador radicado en Viedma combina su trabajo en el ámbito técnico con la pasión por la ganadería que heredó de su familia.

Cada año produce unos 30 reproductores que comercializa principalmente en el circuito de exposiciones patagónicasGza

Su vínculo con el campo viene de lejos. Tejeda nació en una familia de productores de La Pampa, descendiente de inmigrantes españoles. “Soy pampeano, del norte de La Pampa, de una colonia inglesa que se llama Inés y Carlota, una colonia muy chiquita”, relata.

Según explica, el desarrollo reciente del norte patagónico se apoya en la llegada de inversiones privadas y nuevas actividades productivas. “Todos los valles de Patagonia están creciendo mucho con el arribo de empresas privadas con el tema del avellano y ahora la ganadería”, señala.

En el Idevi, cerca de Viedma, Edgardo Tejeda combina silaje de maíz, pasturas y selección genética para producir reproductoresGza.

Tras terminar el secundario, trabajó varios años con su padre en el campo familiar. Sin embargo, a fines de la década del 80 decidió buscar nuevos horizontes y se trasladó a Río Negro. “Por el año 1988, vine para Viedma a buscar trabajo, con una mano atrás y una adelante”, dice.

Su abuelo paterno llegó desde España siendo apenas un adolescente por el año 1917, desde Zamora, a los 15 años. Se hizo arrendatario primero y después logró acceder a la tierra. Aunque en la familia Tejeda convivían la agricultura y la ganadería, fue el abuelo materno quien despertó en él la pasión por el rodeo. “Mi abuelo materno era ganadero, cabañero de Shorthorn, y era un apasionado de la ganadería. Yo pasaba mucho tiempo con él porque me encantaba andar a caballo y recorrer las vacas y los toros Shorthorn”, recuerda.

Un jefe marcó un punto de inflexión en su carrera. “Me agarró en la oficina y me dijo que tenía un perfil bárbaro pero que tenía que ir a la universidad”, cuenta. Así, a los 24 años empezó a estudiar en la Universidad del Comahue, donde se formó como licenciado en gestión de empresas agropecuarias y técnico en agronomía.

Consiguió empleo en la estación experimental del Idevi como extensionista rural. Allí comenzó a trabajar con pequeños productores y programas de desarrollo. “Siempre me gustó el laburo de extensión y desarrollo”, afirma.

En el establecimiento, el maíz cumple un rol central dentro del esquema productivo. Todos los años destina alrededor del 20% de la superficie a maízGza

El proyecto avanzó lentamente al principio. Durante años su trabajo en programas de desarrollo rural le dejaba poco tiempo para dedicarse de lleno al rodeo. Pero en 2011 decidió apostar con mayor fuerza a su emprendimiento. “Me di cuenta de que si seguía trabajando para el Estado y no pensaba en mi familia, mis hijas no iban a estudiar. Ahí realmente empecé a darle importancia a la cabaña”, recuerda.

A fines de la década del 80 decidió buscar nuevos horizontes y se trasladó a Río NegroGza.

Durante varios años trabajó en programas de desarrollo rural y luego en la Ley Ovina. En paralelo decidió abrir el juego y trabajar en la actividad privada como administrador de campos. Con el correr de los años, pensó que era momento de empezar a gestar su proyecto ganadero propio. “Cuando me desvinculé del campo donde trabajaba le compré 30 vacas Angus como parte del arreglo”, relata. Con ese pequeño rodeo inicial alquiló una chacra y luego logró adquirir un campo de 30 hectáreas en Idevi. “Logré comprar la chacra y ahí empecé con la cabaña”, dice.

En la actualidad, el establecimiento funciona bajo un esquema intensivo que combina riego, pasturas y silaje de maíz. “No hay forma de tener un número de animales considerable en esa superficie si no tenés riego”, afirma.

La cabaña se llama La Carlota, en homenaje a sus pagos pampeanos. A partir de aquellas primeras 30 vacas Angus negras, comenzó un trabajo sistemático de inseminación y selección genética. “Empecé a inseminar todos los años y a trabajar con colorados para ir mejorando el rodeo”, explica.

Edgardo Tejeda, productor de la Patagonia, hace crecer a la ganaderíaGza.

El planteo productivo se completa con un sistema basado mayoritariamente en pasturas consociadas. El 80% de la superficie está implantada con pasturas que permiten sostener una carga alta mientras las temperaturas acompañan. Cuando se termina ese período, el rodeo pasa al silo de maíz. En el caso de terneras y vaquillonas incorpora proteína para acompañar mejor el crecimiento. El manejo del rodeo se basa en un esquema de pastoreo intensivo. Aplica un rotativo diario muy ajustado, con riego detrás de los lotes y un fuerte control sanitario.

En el establecimiento, el maíz cumple un rol central dentro del esquema productivo. Todos los años destina alrededor del 20% de la superficie a maíz. Con 20 hectáreas obtiene entre 60 y 65 toneladas de materia verde por hectárea y prepara cinco silos. Ese alimento es clave: desde mayo hasta septiembre, cuando comienza la parición, las vacas se alimentan prácticamente en forma exclusiva con silo de maíz y las retira del campo.

Cada año produce unos 30 reproductores que comercializa principalmente en el circuito de exposiciones patagónicas. “Se arranca en Río Colorado el primer fin de semana de septiembre, después seguimos por la Comarca, Conesa y Valle Medio”, detalla.

En total maneja entre 110 y 120 hectáreas bajo riego, de las cuales el 70% son alquiladas. Allí mantiene alrededor de 210 madres puro controlado, además de 60 vaquillonas preñadas, la ternerada y los toros para la venta.

A pesar del crecimiento, Tejeda mantiene una fuerte autocrítica sobre su desempeño en las pistas. “Considero que tengo muy buena genética, pero me faltaba organización para llegar con toros mejor preparados a las exposiciones”, reconoceGza.

En paralelo, continúa trabajando en el ámbito técnico durante las mañanas y dedica las tardes a su cabaña. Un esfuerzo doble que, según explica, fue clave para sostener el proyecto. “Pude crecer porque he vivido con otra cosa, si no desde abajo hubiese sido imposible”, asegura. Su objetivo ahora es profundizar el trabajo con datos objetivos y evaluación genética. “Quiero empezar a seleccionar por datos, con ecografías de área de ojo de bife y marmoleo”, explica.

El objetivo de Tejeda es ahora profundizar el trabajo con datos objetivos y evaluación genéticaGza

A pesar del crecimiento, Tejeda mantiene una fuerte autocrítica sobre su desempeño en las pistas. “Considero que tengo muy buena genética, pero me faltaba organización para llegar con toros mejor preparados a las exposiciones”, reconoce.

Hoy, con 62 años, para Tejeda, la ganadería argentina se sostiene en gran medida por esa vocación. “Para el 80% de los ganaderos en la Argentina, la ganadería es una pasión, sino no se hubiera sobrevivido a la coyuntura local”, concluye.

Más allá de los números y la genética, el motor sigue siendo el mismo que cuando era chico: “Como tercera generación de productores, el amor que me inculcó mi abuelo materno sigue intacto. Ese chico que le gustaba ir a recorrer las vacas hoy sigue disfrutando de ir a ver las vacas y seleccionar buenas madres”.

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