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domingo, 11 abril 2021

“Ante la grieta alimentaria, el asado construye puentes y une a los argentinos”

Cuando se les pregunta a los argentinos cómo reaccionan ante acciones provocadas por activistas veganos o ambientalistas, 7 de cada 10 personas creen que no derivarán en un menor consumo de carne vacuna.

En enero 2021 Paul McCartney le escribió una carta al Presidente de la Nación
para pedirle que Argentina se sume a la iniciativa “Meat Free Monday” (lunes
sin carne). Este es el hecho. A partir de allí, pasó a formar parte de una acción
activista más que busca promover el abandono del consumo de carne.

¿Surte efecto como acción activista? ¿Cuántas personas cree usted que van a
dejar de comer carne porque Paul le escribe una carta al primer mandatario
argentino sugiriendo este camino?

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Más allá del objetivo de esta carta en particular, cuando se les pregunta a los
argentinos cómo reaccionan ante acciones o acontecimientos provocados por
activistas (veganos o ambientalistas), 7 de cada 10 personas piensan que estas
acciones no son efectivas, en tanto y en cuanto no se cree que deriven en un
menor consumo de carne vacuna. Así lo demuestra una encuesta realizada por
el IPCVA a través un panel ONLINE con 1100 casos representativos de la
población nacional en todo el territorio.

De la misma manera y para captar el humor social ante situaciones donde el
activismo vegano despliega su acción en los ámbitos de la producción y
comercialización de la carne, cuando se muestra a la gente dos noticias
relacionadas con estas acciones, presentadas incluso de distinta manera en
relación al grado de victimización y perjuicio de los distintos actores
involucrados, claramente la gente no está a favor de apoyar estas acciones
concretas.

Como se aprecia, solo entre el 16 y 18 % de la gente apoya el
accionar vegano, mientras que la gran mayoría no lo apoya o le resulta
indiferente. El mismo activismo juega en contra de sus propios intereses que
es precisamente convencer a la gente que abandone el consumo de carne.

Claro, a primera vista y por la dinámica que se genera en redes sociales a partir
de noticias que cuentan por un lado con una celebridad y por otro un referente
político, el ruido va creciendo y la espuma social de la conversación sube. Se
habla del tema, aunque como se comenta, no necesariamente tiene un impacto
directo ni mucho menos instantáneo en la disminución del consumo.

Lo que si contribuye es a acrecentar una de las tantas grietas que
lamentablemente tenemos en nuestro país. La grieta alimentaria empieza así a
tomar forma con una polarización creciente en el modo en que cada uno de
nosotros manifiesta su propia forma de alimentarse.

No olvidemos que somos naturalmente omnívoros, estamos programados por la
naturaleza para consumir tanto productos de origen vegetal como animal.
Sin embargo, culturalmente hay un cambio que se está produciendo en la
sociedad y sobre todo en los más jóvenes, que hace que mucha gente se
muestre mucho más permeable a abordar el tema del consumo con creencias
nuevas, con valores distintos a los de nuestros padres y abuelos, y diferentes
incluso a los que forman parte de nuestra propia escala de valores.

Hasta ahí todo bien, porque en un mundo crecientemente inclusivo deberíamos
festejar esta libertad de elección que todos tenemos para definir cómo se
compone nuestro plato diario y cómo se consolida la dieta que permite
sobrellevar nuestra humanidad y bienestar físico y social a buen puerto.

Ahora, en realidad esa minoría en términos poblacionales, que es solamente el
5 % de los argentinos si contabilizamos veganos y vegetarianos, no actúa en
forma neutra sino que pretende imponer sus creencias y hábitos tratando de
convencer y persuadir a la mayoría omnívora apelando al miedo y a la culpa.
En tal sentido, la mayoría de los argentinos piensan que los veganos son de
hecho quienes más fomentan la grieta alimentaria y quienes poseen una
mentalidad menos abierta e inclusiva que los carnívoros.

La grieta les es funcional, porque en el medio de ambas posturas existe un 30 % de la
población que sería como esos votantes indecisos de las elecciones, que al final
terminan siendo decisivos. Si este segmento ve que hay personas que se
expresan con convicción para intentar cambiar el mundo y enfrente un sector
que reacciona peleando, discutiendo, polemizando, no van a tomar partido por
este último, lo harán por los que buscan trascender imponiendo sus ideas.

¿Cómo debe comportarse la carne vacuna ante este escenario hostil? ¿Debe
reaccionar, salir a defenderse? ¿Conviene darle entidad a las provocaciones que
muchas veces vienen en formato golpe bajo con alta carga emocional? O por el
contrario, ¿Debe pensar en construir valor en las más variadas comunidades
digitales, tribus urbanas y subculturas que afloran como hongos en el territorio
digital? ¿Debe conectar emocionalmente con el mercado, conversando con la
gente y entendiendo con mayor profundidad por dónde pasan sus verdaderos
intereses, preocupaciones y aspiraciones?

Si el campo, quien produce, y el mundo urbano, el mayor generador de
consumo, tienen en claro que no es la carne la que genera la grieta, por qué
debe la carne meterse en el barro de una discusión sin sentido común.

Un carnívoro jamás rechazaría a un vegano si no come carne, siempre haría un
lugar en la parrilla para compartir también, por qué no, verduras asadas. Esa es
la filosofía que debe encarar cualquier comunicación, promoción o reflexión
sectorial sobre este punto. Es el principio para dar un mensaje claro también a
aquellos flexitarianos, es decir a los que aún siguen comiendo carne pero en
menor cantidad.

Hoy muchos involucrados al negocio de la carne, piden que se salga a romper
lanzas, a devolver las trompadas, a pelear con aquellos que están impulsando
otra forma de comer, que se salga con los “tapones de punta”. Grave error se
cometería. Porque los más jóvenes no se bancarían una campaña antivegana.

Se la consideraría retrógrada, que atrasa, discriminatoria y agresiva. Esta
solución, irreflexiva e impulsiva no tendría el efecto deseado en las preferencias
del mercado, solo aceleraría el tránsito de aquellos flexitarianos hacia el
veganismo como destino final.

Vale la pena mostrar dos buenos ejemplos bien aterrizados en nuestra realidad
cotidiana para encuadrar las acciones de conversación en un marco de mayor
conveniencia para el sector cárnico. Una comunicación de Deniro, una de las
principales hamburgueserías con fuerte llegada al segmento de centennials y
millennials, señala textual en el inicio de uno de sus posteos en redes“ No
existen costumbres, opiniones, personas, ingredientes o sabores que no puedan
encontrarse”

Es evidente que se busca unir, acercar a la gente con diferentes gustos y
preferencias, constituyendo un ejemplo de cómo es factible ir en contra de la
polarización alimentaria que como se mencionó resta mucho y suma poco.

En esta ocasión, si se advierte la cantidad de reproducciones que tiene el posteo
(2190) resulta claro que el mensaje, en los términos planteados, se vuelve
sumamente eficaz.

El otro ejemplo, tiene que ver con un posteo en twitter del IPCVA a fines del
año pasado “ en estas fiestas celebremos por un mejor 2021 con la carne que
nos une y nos identifica”

La misma conclusión. No es un concepto comunicacional que deba constituirse
en el eje principal por ejemplo de una campaña de promoción, pero si debe
aparecer para resaltar que se busca sumar y siempre en base a un equilibrio en
nuestra alimentación.

El asado no es una parrilla repleta hasta el cuadril con carne, es un paisaje en el que conviven choclos, morrones, cebollas, berenjena y la lista podría seguir. Que no se quede nadie afuera del plato. Que no se
quede nadie fuera de la mesa de cualquier asado. Al contrario, tenemos que estar todos alrededor del clásico asado argentino. El asado traza puentes y nos une.

*Ing. Agr. M. Sc. Adrián Bifaretti, jefe de departamento promoción
interna del IPCVA.
**Lic. Eugenia Brusca, asistente de departamento de promoción
Interna del IPCVA.

SourceIPCVA

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