Un proyecto nacido en Corral de Bustos, Córdoba, volvió a poner en discusión cómo la tecnología puede reducir costos y el impacto ambiental en la agricultura, después de que el ministro Federico Sturzenegger lo destacara en sus redes. El emprendimiento, liderado por dos programadores de 25 años, promete aplicar herbicidas solo donde realmente hacen falta mediante **drones** y **inteligencia artificial**, una combinación que interpela a productores e ingenieros agrónomos.
Emanuel Bravi y Juan Cruz Bonino dejaron trabajos estables y apostaron sus ahorros para desarrollar una solución tecnológica para el agro local, algo que se tradujo en riesgos personales y financieros. La empresa, llamada **Avansys**, surgió con financiamiento propio y aportes modestos, y hoy combina una plataforma web y una versión offline para procesar imágenes tomadas por drones sobre los lotes.
La propuesta técnica es directa: el dron sobrevuela el lote, toma imágenes y las carga en el software de **Avansys**, que mediante algoritmos detecta la presencia de malezas y genera mapas para aplicaciones dirigidas. Esa señal permite ajustar la maquinaria y aplicar herbicida de forma variable, evitando pulverizar superficies sin necesidad y optimizando recursos.
En términos concretos, los fundadores estiman que el sistema evitó hasta ahora el uso de alrededor de **40.000 litros de herbicidas** y logró ahorrar aproximadamente **900.000 litros de agua**, números que ilustran el alcance ambiental de la herramienta. En ahorro económico, el equipo apunta a una reducción promedio del **75 %** en la cantidad de herbicida aplicado, con picos de hasta **90 %** en algunos lotes según declaraciones públicas.
Cómo funciona la herramienta y quién la usa
La venta de Avansys es 100 % de software: los usuarios suben las imágenes, reciben un mapa y un informe con las indicaciones para la aplicación, y pueden operar tanto conectado como en modo offline. Sus principales clientes son ingenieros agrónomos y productores que ya utilizan drones, lo que facilita la adopción inicial al no requerir grandes cambios en la logística de campo.
El crecimiento de la compañía muestra tracción: en 2024 mapearon unas **10.000 hectáreas** y en lo que va de este año dicen haber superado las **40.000 hectáreas**, incluso antes del momento de mayor actividad de la campaña. Ese salto sugiere una demanda creciente por soluciones de agricultura de precisión que reduzcan insumos y mejoren la sustentabilidad en lotes comerciales.
El desarrollo comenzó con un año de trabajo en campo, prestando servicio con un dron propio para comprender prácticamentela dinámica de productores e ingenieros agrónomos. Esa etapa fue clave para ajustar el software a las necesidades reales y para validar que la detección de malezas a partir de imágenes puede traducirse en recomendaciones aplicables con la maquinaria existente.
Además del impacto operativo, Avansys fue seleccionada por programas que validan su enfoque: forma parte de **CREA Lab** y fue incluida en una iniciativa de sostenibilidad de **Google for Startups** para medir el impacto ambiental. Estos reconocimientos aportan credibilidad y pueden abrir puertas para ampliar la adopción y medir externalidades como la reducción de químicos en suelos y agua.
Relevancia económica y ambiental
El uso dirigido de herbicidas no solo reduce costos directos, sino que también puede disminuir riesgos regulatorios y reputacionales asociados al uso excesivo de agroquímicos en regiones productoras. En mercados cada vez más exigentes con la trazabilidad y la sostenibilidad, herramientas que cuantifiquen y demuestren menores insumos tienen un valor comercial y de gestión relevante.
El ahorro promedio del **75 %** en herbicidas, combinado con los volúmenes ya mapeados, plantea preguntas sobre la escala: si la tecnología se adoptara masivamente, la reducción del uso de agroquímicos y el ahorro de agua podrían ser significativos a nivel regional. Sin embargo, la variabilidad entre lotes —dependiente de la presión de malezas y del manejo previo— obliga a ver cada caso de forma particular.
En el frente de la financiación, los emprendedores avanzan con recursos propios y aportes familiares, más una coinversión de la **Agencia Córdoba Innovar y Emprender** por aproximadamente **USD 10.000**, y evalúan abrir una ronda para acelerar crecimiento. La combinación de capital, validaciones externas y demanda de campo será clave para trasladar la prueba de concepto a una operación de mayor escala.
Desde lo humano, la historia de Bravi y Bonino representa el cruce entre la cultura tecnológica y la identidad rural: programadores que crecieron en una ciudad ligada al campo y que decidieron quedarse en el país para desarrollar su proyecto. Ese relato aporta un componente cercano y muestra que la innovación en agro no siempre nace de equipos con formación agronómica tradicional.
Desafíos para escalar la adopción
Adoptar una herramienta basada en **drones** y **IA** requiere que productores e ingenieros incorporen pasos adicionales en sus flujos de trabajo, como el vuelo programado y la carga de imágenes, lo que puede ser una barrera para sectores con baja digitalización. Superar ese obstáculo implica ofrecer soluciones integradas, entrenamiento técnico y modelos de negocio que reduzcan el costo inicial de prueba.
La regulación del uso de drones y la normatividad sobre aplicaciones agrícolas también influirán en la velocidad de adopción, sobre todo en lo referido a consentimiento de uso y trazabilidad de aplicaciones fitosanitarias. La interoperabilidad con máquinas de aplicación y la estandarización de mapas serán aspectos técnicos a resolver para que el ahorro prometido se traduzca en beneficios reales en grandes campañas.
En el corto plazo, la iniciativa sirve como caso testigo sobre cómo la tecnología puede reducir insumos y optimizar procesos agrícolas en Argentina, y plantea una agenda sobre medición de impacto y escalabilidad. En el mediano plazo, la clave será demostrar consistencia en distintos ambientes de cultivo y consolidar acuerdos comerciales que permitan ampliar la base de usuarios.
Para productores interesados, la recomendación es evaluar pilotos localizados que comparen aplicaciones tradicionales con mapas de prescripción para cuantificar retornos económicos y ambientales en su propio lote. Ese camino permitirá transformar datos prometedores en decisiones de manejo concretas y ofrecer evidencia para una adopción más amplia en la cadena agroindustrial.



