En un contexto donde la agricultura mundial gira hacia prácticas más sustentables, el mercado de los insumos biológicos muestra un crecimiento sostenido en América Latina. Argentina no es la excepción, aunque todavía enfrenta barreras estructurales que limitan su expansión. Así lo afirma Eduardo Pérez, Director Comercial de Biotrop, en diálogo con Palabra de Campo, donde destacó los avances, desafíos y expectativas de este sector clave para el futuro de la producción.
“El año pasado fue atípico para los insumos. Los productos químicos cayeron cerca de un 31% en facturación, mientras que los biológicos crecieron un 17%”, explicó Pérez. Esta tendencia no se limita al país: en Brasil también los biológicos ganan terreno, incluso en campañas agrícolas complicadas.

Según el referente de Biotrop, los segmentos que más avanzaron en la Argentina fueron los bioestimulantes, seguidos por los bioinsecticidas y los tratamientos biológicos de semillas, especialmente en trigo y soja. Uno de los casos más destacados fue el uso de un bioinsecticida para combatir la chicharrita en maíz, con más de 100.000 hectáreas tratadas y resultados comparables a los productos químicos tradicionales, pero con ventajas ambientales.
Un crecimiento desigual: Brasil lidera y Argentina tropieza
El crecimiento del uso de bioinsumos en la región expone una brecha estructural que deja a la Argentina rezagada. En palabras de Pérez: “Hace 10 años teníamos el mismo rendimiento promedio de soja que Brasil: 2.900 kilos por hectárea. Hoy ellos alcanzan los 3.600 kilos, mientras que nosotros apenas nos acercamos a los 3.000”.
La causa, sostiene, no es la falta de tecnología, sino la desinversión sistemática derivada de las retenciones y otras políticas que han limitado la capacidad del productor argentino para incorporar herramientas más eficientes y sostenibles.
“El productor argentino tiene que resolver muchos problemas antes de pensar en producir más: si tiene gasoil, si no le cortaron la ruta, si subieron los impuestos. Vive apagando incendios”, resumió Pérez con crudeza. Y remató: “Los productores viven solucionando problemas que no son de la producción”.
En contraposición, el productor brasileño ya incorpora de forma habitual tres biostimulantes por cultivo, combina fungicidas químicos con biológicos para evitar resistencias y aplica tratamientos directamente al surco, prácticas que mejoran el rendimiento sin afectar el ambiente.
Mercado global: exigencias crecientes y nuevas oportunidades
Pérez fue tajante al señalar que el mercado mundial ya está premiando la producción sin químicos. “Estuvimos hace poco en Brasil con un grupo de técnicos argentinos. Visitamos un productor de tomates que trabaja 100% con biológicos. Le pagan un 10% más por no usar químicos, y los tomates tienen otro sabor”, relató.
La demanda por alimentos sin residuos ya no es una tendencia, sino una exigencia de los consumidores y de los mercados más exigentes. “Eso va a llegar a la Argentina también”, aseguró. “Tal vez primero por presión del consumidor, pero va a llegar”.
En ese sentido, reconoció que las propias empresas del sector biológico tienen una deuda en materia de comunicación. “Durante años intentamos mostrar que los bioinsumos daban más rinde por ser biostimulantes. Pero lo importante es que, como mínimo, rinden igual que los químicos, pero son inocuos, no afectan el ambiente ni dejan residuos”.
Expectativas para la próxima campaña: optimismo cauteloso
A pesar del contexto económico, Pérez se mostró esperanzado con la campaña agrícola 2025/26, especialmente para el trigo y el maíz. “Los perfiles de humedad son muy buenos. Ya se habla de una producción de trigo de entre 20 y 21 millones de toneladas”, estimó.
En cuanto al maíz, destacó un cambio clave: “El productor argentino entendió que se puede controlar la chicharrita. Se perdió el miedo. Esperamos que se siembren entre 8 y 8,5 millones de hectáreas, contra las 6 millones del año pasado”.
Aun con la reciente decisión del Gobierno de restituir las retenciones a la soja y al maíz, desde Biotrop proyectan una campaña con buena dinámica. “Creemos que las retenciones volverán a bajar en poco tiempo. Hay potencial para alcanzar las 170 millones de toneladas totales, como alguna vez se propuso en la Fundación Producir Conservando”, afirmó.
Cambio de paradigma: de promesa a necesidad
Los bioinsumos han dejado de ser una alternativa de nicho para transformarse en una necesidad del sistema agrícola moderno. Desde la perspectiva de Biotrop, la clave del crecimiento no estará solo en la tecnología, sino en el cambio cultural que los productores argentinos deberán adoptar para no perder competitividad frente a sus pares brasileños o estadounidenses.
La historia reciente demuestra que el agro argentino sabe adaptarse cuando las condiciones lo permiten. Pero el gran desafío, según Pérez, es generar ese entorno favorable que hoy todavía está ausente. “La Argentina no es menos que otros países en capacidad técnica. Lo que falta es inversión, planificación y confianza a largo plazo”, concluyó.
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