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miércoles, 28 septiembre 2022

Campaña 2023: área de girasol podría crecer entre 30% y 40%

En el sector proyectan que la intención de siembra “podría ser mayor, pero hay un cuello de botella por el lado de las semillas”

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A pocas semanas del inicio de la campaña de 2022-2023 de girasol, con la siembra de los primeros cuadros en la región norte del país, en el sector proyectan que la producción del nuevo ciclo podría marcar un crecimiento de entre 30% y 40% respecto a la temporada previa.

El presidente de la Asociación Argentina de Girasol (Asagir), Enrique Moro, estimó que la superficie sembrada con la oleaginosa podría alcanzar las 2,2 millones de hectáreas. Una proyección que, de concretarse, se ubicaría 500.000 hectáreas por encima de la campaña 2021/2022.

En diálogo con Télam, Moro dijo que “en general el interés de los productores es avasallante” y “estamos hablando entre el 30% y el 40% de crecimiento del área, que podría ser mayor, pero hay un cuello de botella por el lado de las semillas”.

La cuestión que genera incertidumbre son las condiciones climáticas: se espera que se produzcan nuevas lluvias en el norte argentino, uno de los grandes núcleos productivos del país, para comenzar la siembra con la incorporación de los primeros lotes.

Teniendo en cuenta el área estimada por la entidad y los rendimientos promedio del cultivo, Moro proyectó la posibilidad de que la producción escale hasta los 4,5 millones de toneladas, 1,1 millón de toneladas más que las obtenidas en la campaña 2021-2022 y 400.000 toneladas por encima de la estimación actual del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (Usda), que ubicó el ciclo 2022-2023 en 4,1 millones de toneladas.

El girasol hace ya tres campañas consecutivas que gana superficie, con una expansión del 17,2% al pasar de 1,45 a 1,7 millones de hectáreas, según los números informados por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA).

En ese lapso, la producción tuvo un incremento del 13%, al crecer en 400.000 toneladas hasta las 3,4 millones de toneladas.

No obstante, lejos se encuentran todavía las proyecciones del récord obtenido en la campaña 2007/2008, cuando la superficie sembrada fue de 2,7 millones de hectáreas y la producción se ubicó en 4,5 millones de toneladas.
La oleaginosa ganó el centro de la escena en el mercado mundial tras el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania, dos de los mayores proveedores de aceite del mundo, que en conjunto concentran 70% de la oferta global mientras que Argentina se posiciona en tercer lugar, con casi 800.000 toneladas exportadas.

Por su parte, el Usda proyecta una demanda mundial de aceite de girasol de 18,1 millones de toneladas para la próxima campaña, lo cual incrementaría las importaciones 2% impulsadas fundamentalmente por la Unión Europea, Irán, China, India y Turquía.

Sin embargo, el factor climático determinará si los países productores de girasol, entre ellos Argentina, Estados Unidos, Serbia, Turquía y la Unión Europea; pueden compensar el déficit de oferta generado por el conflicto.

El responsable del Departamento de Análisis de Mercados de la corredora de granos Grassi, Ariel Tejera, dijo a Télam que el conflicto “dejó su huella en los mercados mundiales de aceites en general, y en el de girasol, particular, por tratarse de los líderes históricos en el abastecimiento a la oferta mundial”.

La guerra trajo consigo una fuerte retracción de la oferta y, por ende, una suba de los precios internacionales, siendo este uno de los principales factores que motivan las estimaciones de crecimiento en Argentina.

“De cara hacia un nuevo ciclo, se estima una significativa caída en la siembra en Ucrania para el 2022/23. A esto se suman los recientes recortes en la superficie sembrada con soja en Estados Unidos y la posibilidad de que la oleaginosa transite otro ciclo ajustado por el lado de la oferta, factor que podría sostener precios de aceites”, señaló Tejera.

No obstante, advirtió que “la transición hacia un escenario internacional más restrictivo en materia monetaria genera incertidumbre sobre el devenir de la actividad económica mundial, y podría imponer efectos negativos por el lado de la demanda”, concluyó el especialista.

Para Moro, los buenos precios y una demanda mundial insatisfecha representa “una oportunidad” para Argentina.

“El reacomodamiento del tablero mundial a través de los dos hechos recientes, como fueron las pandemia y la guerra, hace que se perciba que los principales importadores de aceite de girasol están valorando y viendo que no haya un monoproveedor, como lo fue Ucrania para muchos mercados, sino contar con varios oferentes”, detalló.

“Por eso, cuando se corre a Rusia y Ucrania, Argentina aparece entre los países con mayores posibilidades de mezclarse en ese mercado. No solo tenemos una oportunidad histórica para esta campaña, sino que si somos hábiles, podemos lograr contratos a largo plazo para seguir produciendo con una superficie parecida a la que estamos previendo para este año”, concluyó Moro.

“El escenario de la campaña gruesa 2022/2023 está caracterizado por una fenomenal suba de costos y por precios internacionales de los granos menores a los obtenidos en la cosecha 2021/2022.

En contraposición, las expectativas de Juan Balbín, productor de oeste bonaerense y expresidente de Crea y del Inta; no fueron tan optimistas: “Con el efecto del desdoblamiento cambiario, de las retenciones y de las restricciones a las importaciones anunciadas el lunes, se consuma una tormenta perfecta para la soja y el maíz”.

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