Productores realizaron una inversión histórica de US$14.747 millones en la última campaña de siembra

El desembolso para insumos, siembra y pulverización creció un 6,2% respecto del ciclo anterior; esto se dio con una superficie total de 39,9 millones de hectáreas, el mayor registro de la historia

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La campaña agrícola 2025/26 dejó un doble récord: **la mayor superficie sembrada** para los cultivos principales y un nivel de inversión que volvió a ubicarse entre los más altos de la última década. El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) muestra que los productores argentinos destinaron **US$ 14.747 millones**, un aumento de **6,2 %** respecto del ciclo previo.

En total se sembraron **39,9 millones de hectáreas**, lo que implica un crecimiento de **4,8 %** interanual para los cultivos relevados: trigo, cebada, girasol, maíz, soja y sorgo. Ese salto en la superficie modifica la agenda productiva porque condiciona usos de suelo, demanda de insumos y la dinámica de financiamiento rural.

El dato más visible es el protagonismo del maíz, que alcanzó **11 millones de hectáreas** y una producción estimada en **70,5 millones de toneladas**, marcando máximos históricos. Ese corrimiento hacia el cereal explica buena parte del aumento del desembolso total ya que el maíz tiene un costo por hectárea significativamente superior al de la soja y otros cultivos.

La soja, por su parte, retrocedió **8 %** en superficie hasta quedar en **16,4 millones de hectáreas**, lo que obligó a ajustar expectativas de renta y comercialización en las zonas que cambiaron de destino. El girasol también destacó al llegar a **3,2 millones de hectáreas**, la mayor superficie en **26 años**, mientras que el trigo alcanzó **7,1 millones de hectáreas**, un máximo en **29 años**.

Costos por hectárea y distribución del gasto

La BCR estimó que el costo promedio nacional por hectárea fue heterogéneo según el cultivo, con **US$ 546** para maíz temprano y **US$ 497** para maíz tardío. En soja los números fueron de **US$ 308** para la de primera y **US$ 252** para la de segunda, mostrando una diferencia clara en la intensidad de inversión entre cultivos.

En términos absolutos, el gasto en maíz llegó a **US$ 5.670 millones**, superando los **US$ 4.742 millones** destinados a soja y desplazando a la oleaginosa como el rubro con mayor concentración de inversión. Otros valores relevantes del informe indican **US$ 3.561 millones** para maíz tardío, **US$ 3.378 millones** para soja de primera y **US$ 2.547 millones** para trigo.

Qué implica para la economía y el productor

El volumen de inversión total fue el tercero más alto de la última década y quedó **6,8 %** por encima del promedio de las últimas cinco campañas, un dato que habla de una apuesta productiva elevada pese a la volatilidad de precios y riesgos climáticos. Para los productores esto significa mayor necesidad de financiamiento estacional porque los costos se afrontan en la siembra y los ingresos llegan con la cosecha meses después.

El informe también recuerda que la cosecha 2025/26 se ubicó en un récord estimado de **172,4 millones de toneladas**, lo que aportará divisas relevantes al país en los próximos ciclos comerciales. Sin embargo, la concentración en maíz y el retroceso de la soja plantean nuevos desafíos para la rotación de cultivos, la fertilidad del suelo y la gestión de plagas.

En el plano climático, la campaña enfrenta incertidumbres por la posibilidad de fenómenos como El Niño y por déficits hídricos en regiones clave, lo que hace más sensible cualquier inversión elevada en insumos y tecnología. Para los analistas y financistas rurales, el comportamiento de precios internacionales y las condiciones hídricas definirán la rentabilidad efectiva de esta mayor apuesta productiva.

Desde la mirada social, la mayor superficie y el incremento del gasto implican también movimiento de economías regionales, demanda de servicios y empleo temporal en cosecha y logística. La lectura final es que la agricultura argentina está recorriendo una etapa de expansión de escala que exigirá tanto adaptación tecnológica como líneas de crédito coherentes con los tiempos del campo.

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