Caputo emite cada vez más pesos para comprar más dólares: ¿le está haciendo caso a Cavallo?

Es una cifra que supera ampliamente los promedios de los meses previos: en enero hubo compras por u$s55 millones diarios, en febrero por u$s83 millones, en marzo por u$s80 millones y en abril por u$s138 millones.

Al final, después de la dura pelea pública, ¿Toto Caputo y Santiago Bausili le están haciendo caso a Domingo Cavallo? Es lo que sugiere la aceleración en la compra de dólares por parte del Banco Central, que en los últimos días llegó a un promedio diario de u$s192 millones.

Lo mejor es que las expectativas para mayo y junio son aun más altas, dado que en las estadísticas de comercio exterior todavía no se ve reflejado el impacto pleno de la suba en el precio del petróleo, el nuevo rubro estrella de la exportación nacional. Dado que hay un desfasaje de unos 45 días entre el inicio de la operación aduanera y el ingreso por la exportación, todavía se están registrando los precios del inicio del conflicto en Medio Oriente.

Previsiblemente, la suma viene en ascenso, coincidiendo con la intensidad creciente del flujo de divisas que deja la balanza comercial. Ya en marzo se había batido el récord de exportaciones, y se acaba de conocer la nueva marca histórica alcanzada en abril, con ventas de bienes al exterior por u$s8.914 millones y un saldo neto de u$s2.711 millones.

Tal vez se trate sólo de una coincidencia, o una estrategia financiera de corto plazo ante los vencimientos de deuda, pero no deja de ser llamativo el hecho de que el volumen de compra de dólares se haya intensificado en la misma medida en que el flujo de entrada de divisas fue más fuerte.

Eso implica que si las exportaciones de combustibles crecen a un 85% anual no es -al menos, no todavía- por el “efecto precio”, sino por el boom productivo en la cuenca de Vaca Muerta.

Piñas van, piñas vienen

Cavallo sostenía que, de esa forma, se transmitiría una señal de mayor confianza al mercado. Y afirmaba que el gobierno no debería tener miedo de que la contracara inevitable de la compra de dólares -la inyección de pesos al mercado- pudiera tener un efecto de presión sobre la inflación ni sobre el tipo de cambio.

Y eso es, precisamente, lo que Domingo Cavallo le había sugerido el mes pasado al equipo económico del gobierno: que aprovechara la “ventana de oportunidad” que le iba a dar esta época del año -tradicionalmente generosa en ingreso de dólares del agro- para acumular reservas en el BCRA.

Para completar, calificó a Caputo como “un trader sin formación teórica ni ideología”, en línea con la visión despectiva que suelen entrever los economistas del sector académico respecto de los que actúan en el mercado de capitales.

Claro que Cavallo no se detuvo ahí. También dijo que esta era la ocasión ideal para deshacerse de las restricciones remanentes del cepo, que dificultan a las empresas el movimiento de capitales entre los diferentes segmentos del mercado financiero. Cavallo dijo que era ese cepo, y no el “riesgo kuka”, el verdadero obstáculo para que el índice de riesgo país cayera por debajo del nivel de 500 puntos.

Lo que ocurrió a partir de allí es conocido por todos: acusaciones de “resentimiento” de parte de Caputo hacia Cavallo y hasta una amenaza velada de contar sugerencias que el padre del Plan de Convertibilidad había hecho al inicio de la gestión Milei, y que implicaban ruptura de los derechos de propiedad -es decir, el ministro insinuó que Cavallo quería reeditar alguna medida confiscatoria parecida al Plan Bonex de 1990-.

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Además, Cavallo dejó flotando una advertencia inquietante: que el año próximo, por el solo hecho de realizarse elecciones presidenciales, volverá a producirse una masiva dolarización por parte del público. Y que siempre será mejor que esa situación ocurra con un mercado cambiario libre, porque el tipo de cambio se ajustará rápidamente, sin que se genere una sangría de reservas del BCRA.

Para empezar, Caputo confirmó que su objetivo es llegar a la liberalización total del mercado cambiario. Es decir, no discrepaba con Cavallo respecto de la conveniencia de esa medida, sino que no creía que en este momento estuvieran dadas las condiciones

La cautela de Toto

Parecía que esa esgrima verbal marcaba un alejamiento irreconciliable entre los puntos de vista de los dos economistas. Sin embargo, los hechos parecen demostrar que, en el fondo, no había tantas diferencias.

Se da por descontado que la parte de esos vencimientos que corresponde al capital será “rolleada”, pero habrá que abonar los intereses, lo que implicará pagarle u$s820 millones al FMI y u$s551 millones a los organismos. El escenario base que manejan los analistas es que la deuda a mercado deberá ser cancelada en su totalidad, lo que implica que las necesidades de caja del Tesoro ascenderían a unos u$s6.170 millones.

Caputo tiene por delante un exigente calendario de vencimiento de deuda dolarizada, que implica que, para el trimestre julio-septiembre se acumularán obligaciones con los bonistas del mercado por u$s4.400 millones, con el Fondo Monetario Internacional por u$s1.613 millones y con otros organismos de crédito por u$s1.529 millones.

En cambio, el panorama de 2027 luce mucho más complejo, tanto por el monto de los vencimientos -u$s23.000 millones para el Tesoro y u$s11.200 millones para el BCRA- como por el hecho de que se trate de un año electoral, lo cual puede impactar sobre las expectativas del mercado.

El refuerzo de la caja del Tesoro -gracias, en buena medida, al “regalo” del BCRA que le transfirió $6 billones por las ganancias que dejó el último balance-, disipa los temores respecto de los pagos de deuda para este año.

De hecho, el presidente nunca se había mostrado como un entusiasta de la acumulación de reservas, precisamente porque consideraba que ese objetivo podía tener efectos colaterales, como una escapada del dólar y una mayor inflación.

Inyectando plata en el mercado

La advertencia pública que Milei le había hecho a Bausili hace dos meses era bien elocuente: le había pronosticado que le iban a “salir dólares por las orejas”, pero le hizo notar que existía el riesgo de que las compras del BCRA se trasladaran a los precios.

Sin embargo, los números están marcando algo diferente: la inyección de pesos que hace el Central cada vez que compra dólares va en un aumento notorio. En enero emitió $1,7 billones, en febrero y marzo $2,2 billones, en abril saltó a $3,8 billones. Y todo indica que en mayo también se superarán los $3 billones.

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En un reciente discurso ante un auditorio de empresarios, dijo que reforzará el sesgo contractivo de la política monetaria para que no haya riesgos de desvíos en el sendero descendiente del IPC.

Si el gobierno estuviera particularmente preocupado por el hecho de que esa expansión fuera inflacionaria, eso se reflejaría en un afán de absorción de todos los pesos “excedentes”. Sin embargo, la postura de Caputo en las últimas licitaciones del Tesoro ha sido menos dura.

Estas cifras implican que en el último mes el BCRA emitió el equivalente al 7% del del M2 transaccional privado -que incluye pesos circulantes, depósitos en cuentas corrientes y en cajas de ahorro-. Si, en cambio, se toma como referencia al agregado M3 -que suma también la deuda del sector público y los depósitos en plazos fijos- esa emisión es por 2,3% de la base. Son números relativamente bajos, pero que duplican el nivel de expansión de los últimos meses.

¿Hay más demanda de pesos?

Esta actitud podría interpretarse como que, desde el punto de vista del ministro, se está produciendo un aumento en la demanda de dinero por parte del público.

A diferencia de lo que ocurría a inicios de año, cuando no se contentaba con “rollear” los vencimientos de la deuda en pesos, sino que además “pasaba la aspiradora” mediante la colocación de bonos, en las últimas licitaciones apenas sacó del mercado $1 billón, una suma que, a esta altura, luce menor.

Es un punto que generó polémica entre los economistas, dado que los de la línea más ortodoxa sostienen que, contrariamente a lo que afirma Caputo, si hubiese mayor demanda de pesos eso se reflejaría en una mayor tasa de interés.

De hecho, Caputo hizo una argumentación técnica en ese sentido, al afirmar que cuando el dólar y las tasas de interés caen en forma simultánea, eso es un síntoma de que los argentinos tienen mayor disposición a mantener pesos en el bolsillo.

Sus críticos contestan que, si esa fuera la verdadera situación, entonces no se estaría viendo un crecimiento en la compra de dólares por parte de los ahorristas. Los últimos números marcaron que en abril se duplicó ese nivel de compras, y ya supera los u$s1.500 millones mensuales.

Pero entre quienes adhieren al punto de vista del gobierno hacen otro análisis: afirman que cuando cae la demanda por activos en pesos, el Tesoro se ve obligado a convalidar una mayor tasa en las licitaciones de bonos, y eso se traslada al sistema bancario. Es, de hecho, lo que ocurrió el año pasado antes de la elección legislativa. Ahora, como los inversores compran bonos en pesos a menor tasa, Caputo tiene el argumento de una mayor demanda de pesos.

El tema, como queda en evidencia, da para un extenso debate. Pero lo cierto es que, de momento, el gobierno se está dando el gusto de comprar grandes cantidades de dólares sin subir la tasa de interés ni generando una contracción monetaria que enfríe más la economía. Como pedía Cavallo.

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