En conclusión: el Tesoro, cortando su política de los últimos meses, prefirió renovar apenas un 45,6% del monto de deuda que vencía, lo que implica que dejó “sueltos” en el mercado $2,1 billones.
La actitud de Luis Caputo en la última licitación del Tesoro refleja una aceptación del momento hipersensible que vive el mercado financiero en la previa electoral: prefirió dejar desiertas las colocaciones de letras con renta fija para no convalidar las tasas de interés estratosféricas que le exigían los bancos. Y solamente colocó bonos “dólar linked” de corto plazo, por menos dinero del que le ofrecieron.
Tanto se celebraba esa absorción de pesos que el propio Javier Milei, en las redes sociales, había calificado de “datazo” el resultado de la licitación. En esa ocasión, las letras de capitalización fiscal (Lecap) se habían colocado a una tasa anualizada de 53%. Pese a ser muy alta, esa tasa no dejaba de ser una mejora respecto del 59,6% de la licitación anterior, y ni qué decir respecto del 75,6% que el Tesoro llegó a pagar en pleno pánico del mercado luego del desarme de régimen de las LEFIs que le daban refugio “overnight” a la liquidez bancaria.
Todo un contraste con lo ocurrido hace dos semanas, cuando el gobierno celebró el “logro” de haber renovado la totalidad de los vencimientos y, además, captar un 30% extra de liquidez. En aquella ocasión, Caputo argumentaba que esa reabsorción de pesos por $1,7 billones era una confirmación de la política monetaria estricta, que el mercado debería decodificar como una garantía de que no habría presiones cambiarias ni efectos de “contagio” a los precios.
Aun con esas señales, los inversores -bancos, en su gran mayoría- prefirieron quedarse con bonos que ajustan según el tipo de cambio. No es exactamente una señal de confianza hacia el gobierno, que ha dicho de manera explícita que no habrá modificación alguna en el régimen de banda de flotación cambiaria luego de las elecciones.
Pero esta vez, nadie dijo que la licitación era un “datazo”. La licitación se realizó al día siguiente del encuentro entre Milei y su colega estadounidense, Donald Trump, y en la misma jornada en la que el secretario del U.S. Treasury, Scott Bessent, volvía a “comprar pesos” para transmitir calma al mercado.
Y se produjo en un contexto de extrema iliquidez en el sistema financiero. En los últimos días, los bancos ya no solo no colocaban pesos excedentes en la cuenta “overnight” del Banco Central, sino que la vaciaron y le pidieron prestado. Hasta hace un mes, esa cuenta del BCRA tenía $5,6 billones. Hoy está en rojo.
Un contexto de super tasas
El vencimiento era por $3,8 billones, un monto poco desafiante en comparación con otras licitaciones, en las que se acumularon cifras muy altas. Pero tenía el condimento particular de ser la última renovación de deuda en pesos antes de la elección legislativa del domingo 26.
Hablando en números, antes de que apareciera Bessent vendiendo dólares, el que proveía las divisas era el Tesoro. La estimación es que, por esas operaciones, se absorbieron unos $2 billones. Pero, además, hubo ventas de bonos “dólar linked” que estaban en la cartera del Banco Central, lo cual implica que los inversores que tomaron esa cobertura se desprendieron de unos $2,4 billones.
El propio Caputo había justificado la política de contracción monetaria como uno de los pilares estratégicos del programa económico, y por eso afirmaba que no le preocupaba el hecho de que el mercado demandara dólares, porque la contrapartida era una disminución en el “excedente” de pesos.
Es un nivel de tasas incompatible con el crédito, lo que llevó a que se intensificaran las críticas de los empresarios por los síntomas de enfriamiento en la economía.
El resultado de esa situación fue una disparada en las tasas de interés, que en las operaciones para conseguir liquidez de corto plazo -como la caución o los préstamos “repo”- se dispararon hasta un 100% en los últimos días.
Nota en desarrollo
Lo que el gobierno quería incentivar era que quienes estaban dolarizados -ya fuera bancos o los mismos empresarios- volcaran divisas al mercado para comprar pesos, con lo cual aflojaría la tensión cambiaria y también las tasas en pesos. Pero eso ocurrió en muy baja medida, lo cual denota que aquellos que estaban necesitados de caja preferían pagar el costo financiero de tasas muy altas, antes que deshacerse de los dólares.


