América Latina vivió en 2024 uno de los años más duros desde el punto de vista climático. Según el informe “Estado del Clima en América Latina y El Caribe 2024”, elaborado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la región sufrió huracanes fuera de temporada, incendios forestales sin precedentes, inundaciones catastróficas, y sequías prolongadas. Todo ello ocurrió en un contexto de récord térmico, siendo el segundo año más cálido registrado en América Central y el Caribe.
El ciclón tropical Sara, fuera de temporada, impactó fuertemente a Honduras, dejando más de 8.000 desplazados, puentes destruidos y siete muertos. En la Amazonía y Chile, el calor extremo y los incendios afectaron miles de hectáreas, al tiempo que México vivió olas de calor prolongadas y una severa sequía que comprometió cultivos y disponibilidad hídrica.
La sequía compromete la seguridad alimentaria en el corredor seco
Uno de los focos más críticos fue el Corredor Seco de Centroamérica, que comprende Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. La prolongada falta de lluvias redujo entre un 10 y un 15% los rendimientos agrícolas, afectando directamente a la seguridad alimentaria de miles de productores.
En paralelo, Colombia y Ecuador enfrentaron dificultades por la escasez de precipitaciones que no solo perjudicaron al agro, sino que también comprometieron la generación hidroeléctrica. El impacto en el sistema energético y los incendios forestales que se expandieron en varias regiones demuestran la creciente interdependencia entre clima y economía.
Los glaciares desaparecen y crece el riesgo hídrico
Otro dato alarmante del informe fue la desaparición del último glaciar de Venezuela, convirtiendo al país en el segundo del mundo en perder toda su masa glaciar. “Este es un fenómeno irreversible y representa una pérdida cultural y ambiental para las comunidades de montaña”, advirtió el glaciólogo argentino Lucas Ruiz.
La extinción de glaciares en zonas áridas como los Andes tropicales tendrá efectos directos sobre el acceso al agua y la resiliencia hídrica. Sin el efecto amortiguador de los glaciares, las sequías serán más severas, advierten los expertos.
El niño, el récord térmico y el llamado a la acción
El informe destaca que el fenómeno El Niño potenció los extremos climáticos durante 2024, alterando los patrones de temperatura y precipitaciones en casi toda la región. La combinación de temperaturas oceánicas más cálidas y el aumento sostenido de la temperatura atmosférica provocó un aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos.
El año 2024 fue también el primero en el que se superó temporalmente el límite de 1,5 °C de aumento globalestablecido por el Acuerdo de París. Si bien se trata de un promedio a largo plazo, el hecho de haber alcanzado ese umbral es un llamado de atención urgente para los gobiernos de América Latina.
“Cada décima de grado adicional implica mayores riesgos para la salud, la agricultura, la infraestructura y la seguridad”, sostuvo Bárbara Tapia, vocera de la OMM. La especialista insistió en intensificar la acción climática en tres ejes: adaptación, protección comunitaria y transición energética.
Energía limpia: una oportunidad para la resiliencia
Pese al sombrío panorama, el informe también destaca avances. El 69% de la matriz energética de América Latina provino de fuentes renovables en 2024, posicionando a la región como líder global en transición energética. Este dato es clave frente a la necesidad urgente de descarbonizar la economía y fortalecer la resiliencia climática.
Según Jorge Luis Vázquez Aguirre, coautor del reporte, América Latina debe prepararse para convivir con “un clima cambiante, abrupto y cada vez más extremo”, lo que exige mayor preparación institucional, conocimiento del riesgo y una acción inmediata desde los gobiernos y la sociedad civil.




