miércoles 11 febrero 2026

Colombia enfrenta el colapso de su industria algodonera: caen cultivos y cierra la hilatura

Conalgodón advierte que el país perderá toda capacidad productiva de algodón en 2026 si no hay intervención urgente del Estado.

La crisis del algodón en Colombia se profundizó en las últimas décadas hasta llegar a una situación crítica. Con una superficie cultivada que se redujo de más de 400.000 hectáreas a solo 14.000 en 2022, el país ha pasado de ser una potencia regional en fibra natural a depender casi por completo de las importaciones. Esta contracción drástica no es solo consecuencia de un contexto económico global adverso, sino también de políticas nacionales que, según productores y expertos, han desmantelado la estructura algodonera sin ofrecer alternativas reales de recuperación.

La apertura económica de los años noventa, durante el gobierno de César Gaviria, marcó un punto de inflexión. Desde entonces, la cadena de valor del algodón ha perdido competitividad frente a los productos importados. El ingreso sin restricciones de telas, hilos y confecciones, sumado a la devaluación del peso y al aumento de los costos internos, empujó a miles de productores fuera del negocio. En 1993, Colombia ya figuraba como importador neto de algodón, algo que no ocurría desde hacía casi medio siglo.

La situación actual es tan delicada que solo quedan tres fábricas de hilados operativas en todo el país, frente a las 25 que existían hace apenas una década. Según César Pardo, presidente ejecutivo de la Confederación Colombiana del Algodón (Conalgodón), el próximo año será determinante: “A partir del primero de enero de 2026, la situación del algodón va a ser absolutamente crítica y esperaremos que cambien las circunstancias para que pueda volver a posicionarse como un cultivo importante de ciclo corto”.

El derrumbe de la cadena textil y la falta de respuesta estatal

La desaparición de la hilatura, proceso clave en la transformación del algodón en hilo, ha golpeado con fuerza la industria nacional. La decadencia de empresas históricas como Coltejer o Fabricato es el reflejo de una cadena productiva que perdió su base. Lorenzo Velásquez, director de transformación y conocimiento de Inexmoda, señaló que desde la apertura económica “los procesos de hilatura empiezan a desaparecer en Colombia”, dejando a muchas regiones rurales sin empleo ni inversión.

Uno de los factores que más ha desincentivado la producción nacional es la entrada de fibras sintéticas, como poliéster y elastano, cuyos costos son notablemente inferiores a los del algodón natural. A esto se suma la importación de materias primas asiáticas sin arancel, que según Conalgodón tienen un valor hasta 20% más bajo que el algodón producido localmente. Esta competencia desleal ha afectado seriamente las ventas internas y debilitado la capacidad comercial de los agricultores.

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La respuesta estatal ha sido insuficiente. Aunque en 2022 se impuso un arancel del 40% a la ropa importada, esta medida no abordó los eslabones anteriores de la cadena, como la producción de telas e hilos. “El punto más importante de cara al futuro es que se regule la importación de telas e hilos por medio de un arancel”, reclamó Pardo. Sin este ajuste, la producción nacional seguirá perdiendo terreno.

La desconexión entre los productores y el Gobierno se ha profundizado en los últimos años. Según Pardo, la comunicación institucional está fracturada y los algodoneros “han desistido de este camino luego de varios años de decepciones acumuladas”. La falta de continuidad en las políticas públicas ha desmotivado a los actores del sector y reducido el interés de inversionistas.

Además, el Fondo de Fomento Algodonero prácticamente dejó de operar debido al derrumbe de la producción, que es la fuente de sus recursos. El Fondo de Estabilización de Precios apenas alcanzó a entregar algunos apoyos durante 2024 y podría cubrir mínimamente los compromisos de 2025, sin garantías a futuro.

Algodón 2025: una estrategia que naufragó

Frente a este panorama sombrío, Conalgodón lanzó en 2022 el plan “Algodón 2025”, con el objetivo de rescatar al sector. La propuesta incluía inversiones en la altillanura, promoción de semillas de alta tecnología, incentivos a la mecanización y nuevos esquemas de financiamiento. La meta era alcanzar las 38.000 hectáreas cultivadas y producir 40.000 toneladas de algodón.

Sin embargo, la crisis textil terminó por desactivar la estrategia. Las hilanderías, que antes demandaban unas 80.000 toneladas anuales de fibra, redujeron su consumo a apenas 14.000 toneladas. Esta caída en la demanda arrastró consigo los esfuerzos de reactivación del cultivo. “Después de que planteamos ese programa, se presentó la crisis de las textileras”, lamentó Pardo.

El futuro inmediato no es alentador. Las proyecciones de Conalgodón indican que durante los próximos dos o tres años la actividad se mantendrá en niveles mínimos, con una industria paralizada y sin capacidad para sostener la producción local. El gremio considera indispensable restablecer incentivos fiscales, aranceles protectores y líneas de crédito específicas para evitar la extinción definitiva del algodón como cultivo.

Históricamente, Colombia fue una potencia algodonera. Entre las décadas del 60 y el 90, el país llegó a sembrar más de 400.000 hectáreas, con un alto grado de integración entre el campo y la industria. Hoy, apenas queda el recuerdo de esa época dorada. Sin medidas urgentes y coherentes, el “oro blanco” colombiano podría desaparecer definitivamente del mapa agrícola.

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