“Colombia Solar”: emblema de la ambiciosa pero limitada transición energética de Petro

El primer izquierdista en gobernar Colombia impulsa una transformación hacia las energías limpias para reducir la dependencia del petróleo, gas y carbón, combustibles fósiles de los que es productor.

El comerciante Hernán Sarmiento estuvo a punto de cerrar su tienda en el Caribe colombiano por el costo de la electricidad. Ahora cubre parte de su consumo con energía solar gracias a un programa de la ambiciosa transición energética impulsada por Gustavo Petro, que sin embargo no ha logrado despegar por completo.

¿Las razones? El alcance limitado de algunas iniciativas y la fuerte dependencia fiscal de los hidrocarburos.

Pero a cuatro meses de dejar el cargo, la transición energética avanza con menos elocuencia que sus discursos ante la comunidad internacional, según expertos.

Las energías solar y eólica ampliaron su cobertura de un 2% en 2022 a un 17% en 2026, según el Ministerio de Energía. Un 56% es hidráulica.

Tres cuartas partes de la matriz eléctrica del país provienen de fuentes renovables, mayormente por las centrales hidroeléctricas, pero un 26% aún proviene de los combustibles fósiles.

Y una de las áreas prioritarias es el Caribe, donde los precios han sido históricamente altos por su dependencia del gas natural.

El gobierno presenta como bandera programas como “Colombia Solar”, que fomenta la instalación de paneles solares en los hogares.

“Me siento un poquito más aliviado”, dice el comerciante de 64 años a la AFP.

Sarmiento redujo de 650 a 200 dólares su cuenta de electricidad en su tienda de víveres en Santa Marta. Los paneles solares alimentan ahora su negocio y el taller de costura de su esposa.

Colombia propuso como meta la neutralidad de carbono para 2050.

Santa Marta será sede a partir del viernes de la primera conferencia internacional sobre el fin de los combustibles fósiles, con la participación de 50 países.

Gracias al ahorro, Sarmiento bajó el precio de algunos productos como gaseosas y verduras.

– Cambio gradual –

“Son programas nuevos, son disruptivos”, dice en entrevista con la AFP el ministro de Minas y Energía, Edwin Palma. Pero podrían resolver “ese dilema entre pagar la factura o comer” de muchas familias, afirma.

El objetivo del gobierno es llegar a un millón de los 50 millones de habitantes del país con el programa. Pero cerca de los comicios presidenciales del 31 de mayo, la meta es aún lejana.

Óscar Vanegas, profesor de economía en la Universidad Industrial de Santander, considera que pese a los avances, las comunidades solares son “más retórica que transformación estructural”.

Analistas reconocen progresos del proyecto, pero cuestionan su impacto.

El reemplazo total de los combustibles fósiles es un reto que “tomará varias décadas”, dice el especialista en planificación energética Ismael Suescún.

Otros programas del gobierno, como la instalación de hélices de energía eólica en un desierto del Caribe, se paralizaron tras generar conflictos en comunidades indígenas.

A escala global, la transición energética choca con mercados que fluctúan al ritmo del precio del petróleo y los intereses del lobby de poderosos empresarios en las cumbres climáticas.

Pero el analista destaca que Petro sentó las bases para un marco regulatorio de las energías limpias.

Una de las primeras decisiones de Petro al llegar al poder en 2022 fue detener la exploración de nuevos yacimientos de petróleo y gas.

– Economía petrolera –

“Claro que seguimos siendo dependientes (…) de la energía fósil”, reconoce el ministro Palma, aunque sostiene que la generación solar se ha duplicado durante este gobierno.

Pero los combustibles fósiles son todavía cruciales en la economía del país. El petróleo y el gas equivalen al 2,4% del PIB y el 30% de las exportaciones.

Petro propuso que la estatal Ecopetrol lidere proyectos de energías limpias, pero las finanzas de la principal empresa del país hilan su tercer año consecutivo a la baja.

“No se trata solo de dejar de explorar y explotar”, dice Suescún, sino de “ser conscientes de la gradualidad” que requiere la transición energética.

En Cali (suroeste), la tercera ciudad más poblada del país, 2000 hogares pobres reciben energía solar.

A nivel personal, los beneficiarios del programa de energía solar están satisfechos.

Andrea Mina, de 32 años, coordina un comedor comunitario que ofrece alimentos a bajos precios o gratis. La energía solar le trajo un ahorro con el que pudo ampliar el número de mesas.

Cientos de paneles asoman entre los techos de pequeñas viviendas de ladrillo, en un barrio donde viven principalmente desplazados por el conflicto armado interno.

“Donde come uno, comen 120”, dice sonriente.

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