Avanza obra con once dragas reclamada por productores para prevenir inundaciones en Buenos Aires

A un año de la reactivación, en el río Salado uno de los tres subtramos ya tiene un 88,27% de ejecución y otro superó el 60%; el Gobierno prevé sumar otras dos dragas y completar 33,4 kilómetros pendientes en marzo de 2027

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El Gobierno provincial avanza en la reactivación del dragado del río Salado para cerrar un tramo crítico entre la ruta nacional 205, en Roque Pérez, y Ernestina, en 25 de Mayo, en el marco de medidas de prevención por el fenómeno de El Niño. Estas obras buscan reducir el riesgo de inundaciones en una cuenca que conecta producción agropecuaria, poblaciones rurales e infraestructura vial.

Se trata de completar 33,4 kilómetros pendientes en medio de más de 400 kilómetros ya intervenidos, un cuello de botella que históricamente condicionó el escurrimiento y generó reclamos de productores. La finalización de este tramo es clave para la gestión hídrica de la región y para disminuir los daños ante episodios de lluvias intensas.

Según fuentes oficiales, actualmente operan 11 dragas en simultáneo y está previsto sumar otras dos durante este mes y en noviembre, lo que dejaría en operación un total de 13 equipos. Esa incorporación pretende acelerar el trabajo en los subtramos más rezagados y reducir la vulnerabilidad ante precipitaciones por encima de lo normal.

El tramo se divide en tres subtramos con distinto grado de avance: el Subtramo B registra un 88,27 % de ejecución y sería el primero en terminar, el Subtramo C alcanza un 61,18 % y el Subtramo A es el más atrasado con un 27,83 %. Cada uno de estos sectores tiene asignadas dragas específicas y cronogramas parciales que apuntan a completar las obras entre diciembre y marzo de 2027.

Avances concretos y plazos

En el Subtramo B operan cuatro dragas —Unión I, Unión II, Ecodyma 4 y Ecodyma 3— y según el calendario oficial su conclusión está prevista para noviembre. En el Subtramo C trabajan otras cuatro máquinas —María Catalina, Victoria I, Victoria II y La Paraná— con fecha aproximada de finalización para diciembre.

El Subtramo A, donde laboran actualmente tres dragas —La Salada, LPL 7 y LPL 4— concentra la mayor demora y su culminación estimada quedó fijada para marzo de 2027. Para acelerar allí las tareas se proyectó sumar dos dragas adicionales en las próximas semanas y así equilibrar la capacidad operativa entre los sectores.

Comparando con los datos de abril pasado, los avances son notables: el Subtramo B pasó del 58,63 % al 88,27 % y el C del 31,69 % al 61,18 %, mientras que el A casi duplicó su ejecución, al pasar del 13,88 % al 27,83 %. Ese ritmo de progreso explica por qué las autoridades lo señalan como una prioridad preventiva frente al posible incremento de lluvias por El Niño.

Hace 17 días funcionarios nacionales recorrieron los trabajos acompañados por representantes de las empresas contratistas y productores locales, quienes destacaron tanto el avance del cauce como la persistencia de problemas puntuales. Uno de los reclamos históricos es un puente sobre la ruta nacional 205 cuya estructura actual limita el paso del agua y para el que recibieron señales de que podría autorizarse una nueva obra.

Impacto productivo y gestión del riesgo

La cuenca del río Salado abarca alrededor de 17 millones de hectáreas y alcanza a 59 municipios bonaerenses, por lo que su funcionamiento influye directamente en la producción agrícola y ganadera de la provincia. Las obras buscan recuperar y estabilizar entre 8 y 8,5 millones de hectáreas productivas, además de reducir anegamientos recurrentes y mejorar la disponibilidad de agua en períodos secos.

Para los productores, completar estos 33,4 kilómetros significa evitar que el agua acumulada se frene en puntos angostos y provoque daños a tierras, caminos y viviendas rurales, por lo que la reactivación fue reclamada durante meses ante la Mesa de Enlace. La mejora en capacidad de escurrimiento es una medida de adaptación que complementa otras políticas de ordenamiento territorial y obras hidráulicas en la región.

Desde la perspectiva climática, la intervención cobra mayor urgencia ante la posibilidad de lluvias por encima de lo normal asociadas a El Niño, que aumenta la probabilidad de episodios extremos. La planificación técnica y la articulación entre gobiernos y productores serán determinantes para transformar el dragado en una reducción efectiva del riesgo hidrológico.

En términos prácticos, la promesa de sumar equipos y mantener el ritmo de trabajo marcará si el cuello de botella se elimina antes de la próxima temporada de lluvias, lo que reduciría la exposición de campos y rutas. Para la comunidad rural y los responsables de la gestión hídrica, seguir la ejecución y exigir cumplimiento de plazos será clave en los próximos meses.

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