La Mesa Redonda de Soja Responsable (RTRS) celebró sus 20 años con una conferencia internacional en Ámsterdam que convocó a más de 150 participantes de 17 países los días 3 y 4 de septiembre.
El encuentro, bajo el lema “20 Years of Impact: Together, Leading the Way to a More Sustainable World”, puso en la agenda los temas que marcarán la próxima etapa de la producción de soja: regulación, trazabilidad, carbono, agricultura regenerativa, innovación e inteligencia artificial.
Los organizadores subrayaron que en un contexto donde los compromisos climáticos y de sostenibilidad se convierten en requisitos comerciales, la producción responsable debe ser creíble, trazable y medible.
En la apertura, Juma Martins, presidente del Comité Ejecutivo de RTRS, planteó que el aniversario debía servir como punto de partida para transformar ambiciones en prácticas concretas sobre el terreno.
La conferencia combinó presentaciones técnicas con sesiones prácticas para trasladar los debates a casos reales de cadenas de suministro y metodologías de verificación.
Ese cruce entre diseño de estándares y ejecución operativa fue una constante en las discusiones, con la meta explícita de que la trazabilidad deje de ser solo una promesa comercial para convertirse en herramienta de gestión.
ARGENTINA: 370.000 hectáreas certificadas
Uno de los ejes centrales fue la implementación del Reglamento de la Unión Europea sobre productos libres de deforestación (EUDR), cuya entrada en vigor redefine la demanda de datos verificables en la cadena de la soja.
Los expositores coincidieron en que “la ambición solo importa si podemos convertirla en algo que funcione en la práctica”, y advirtieron sobre el riesgo de que normas y declaraciones queden desvinculadas de resultados.
Latinoamérica afirmó su protagonismo en la producción y certificación de soja, con una presencia destacada en las nuevas certificaciones de la cadena de custodia.
Durante 2025 se sumaron 41 nuevos sitios certificados bajo el Estándar RTRS de Cadena de Custodia y 35 de esos sitios se ubicaron en América Latina, incluyendo Argentina, Paraguay, Chile, Brasil, Uruguay y Panamá.
El crecimiento en la región también se observó en superficie y producción certificada: Brasil superó las 2.000.000 hectáreas certificadas y alcanzó 8,5 millones de toneladas de soja RTRS en 2025.
En el resto de Latinoamérica la superficie certificada superó las 470.000 hectáreas y las 1,4 millones de toneladas, mientras que Argentina concentró más de 370.000 hectáreas certificadas, un dato relevante para su posicionamiento exportador.
EL CARBONO ENTRA EN LA ECUACIÓN
El vínculo entre carbono y agricultura regenerativa fue otro tema central, con un giro desde la catalogación de prácticas hacia la medición, verificación y transferencia de resultados ambientales.
Los oradores enfatizaron la necesidad de evitar soluciones que generen nuevos mercados fragmentados de créditos y, en cambio, integrar el valor del carbono dentro de la certificación de soja.
Helen Estima Lazzari, consultora de RTRS, afirmó que la organización busca definir “la mejor solución de carbono” que pueda incorporarse al sistema de certificación sin crear un instrumento paralelo.
Ese enfoque plantea desafíos técnicos y regulatorios, desde metodologías robustas de cuantificación hasta reglas claras para la transferencia de atributos entre actores de la cadena.
Además, la discusión incorporó la relación entre prácticas regenerativas y resultados medibles, destacando la urgencia de metodologías más armonizadas para evaluar impactos ambientales y productivos.
La conclusión fue que solo con métricas comparables y verificables se podrá traducir la adopción de prácticas en mejoras reales en emisiones, suelo y biodiversidad.
Tecnología, IA y datos geoespaciales
La conferencia puso la tecnología en primer plano como palanca para escalar verificación y reducir costos mediante monitoreo satelital, datos geoespaciales y automatización.
Los expertos señalaron que la inteligencia artificial puede procesar grandes volúmenes de información, pero que su aporte depende de la calidad y la gobernanza de los datos que la alimentan.
En las Live Case Clinics se mostró cómo combinar sensores, imágenes satelitales y trazabilidad para responder exigencias regulatorias como la EUDR en operaciones concretas.
Sin embargo, quedó claro que la proliferación de sistemas desconectados puede complicar más que facilitar, por lo que se reclamó interoperabilidad y estándares comunes para la información.
DE LA TRAZABILIDAD AL IMPACTO REAL
Las Live Case Clinics buscaron trasladar el debate a situaciones operativas, abordando la implementación de la EUDR, la coexistencia de distintas fechas de corte y la medición de atributos de carbono.
Los participantes advirtieron que el riesgo no es la falta de datos, sino la incapacidad para convertirlos en decisiones útiles que realmente reduzcan emisiones y riesgos.
Un interrogante clave fue cómo evitar que múltiples procesos de verificación terminen contabilizando resultados sin generar reducciones efectivas de emisiones en el campo.
Mark Stevenson, director de Proyectos Especiales de Oath UK, invitó a escuchar las preguntas que plantean los datos como forma de anticipar riesgos y repensar premisas de decisión.
UNA MIRADA HACIA LOS PRÓXIMOS 20 AÑOS
En las sesiones New Frontiers, Ilektra Kouloumpi de Doughnut Economics Action Lab propuso repensar los sistemas alimentarios desde los límites ecológicos y las necesidades humanas, en línea con la Economía del Donut.
Kouloumpi recordó que la producción mundial certificada bajo el Estándar de Producción RTRS representa hoy alrededor del 1,9 % y desafió a convertir ese porcentaje en 100 % a largo plazo.
La reflexión llevó el foco más allá de prácticas aisladas hacia resultados sistémicos que equilibran clima, biodiversidad, agua y necesidades sociales en territorios productores.
Justin Adams, de Ostara, subrayó la diferencia entre cumplimiento, impacto y resiliencia, y advirtió que una cadena trazable puede seguir siendo vulnerable ante shocks climáticos o geopolíticos.
Poran Potiguara, de The Nature Conservancy, puso énfasis en la gobernanza territorial y el rol de pueblos indígenas y comunidades tradicionales como salvaguardas clave para la conservación.
Los oradores coincidieron en que la protección de ecosistemas es también una inversión en resiliencia productiva y en la estabilidad de cadenas de suministro a largo plazo.
EL DESAFÍO: TRANSFORMAR EL DIÁLOGO EN ACCIONES
Al cierre, Marina Muscolo, directora ejecutiva de RTRS, recordó que el propósito fundacional fue sentar en una misma mesa a actores diversos para construir soluciones colectivas y subrayó que “el diálogo no es el punto de llegada; el cambio lo es”.
La agenda de seguimiento incluye la Comunidad RTRS, una mesa redonda virtual destinada a sostener el intercambio de conocimiento y la colaboración durante el año siguiente.
En términos de escala, durante 2025 la producción de soja certificada RTRS alcanzó aproximadamente 11,2 millones de toneladas sobre 3 millones de hectáreas, mientras que la adopción de material certificado llegó a 8,1 millones de toneladas, un aumento de 9,5 % respecto de 2024.
Actualmente RTRS suma 202 miembros en 36 países, con más de 104.554 productores certificados y materiales adoptados en 43 países, además de más de 543 sitios certificados bajo el Estándar de Cadena de Custodia en más de 19 países.
Para 2026 las proyecciones sitúan la participación de RTRS en torno al 1,9 % de la demanda global de soja, un punto de partida para escalar trazabilidad y sostenibilidad en cadenas con impacto internacional.
El desafío, concluyeron los participantes, es transformar los avances técnicos y los marcos regulatorios en cambios verificables en el campo que mejoren la resiliencia, reduzcan emisiones y protejan ecosistemas.



