Confianza cae y dos de cada tres productores afrontan suba de costos por guerra

La confianza del sector agropecuario argentino registró una contracción marcada en la última medición del Ag Barometer Austral: la lectura de marzo/abril mostró una caída que altera la tendencia positiva acumulada desde fines de 2023. El informe, elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, sitúa al índice en 132 puntos frente a los 158 observados en enero/febrero, un descenso que obliga a revisar decisiones de siembra, inversión y manejo de costos en un contexto internacional volátil.

Este retroceso no solo interrumpe el ascenso reciente: también se aleja del máximo histórico de 159 puntos registrado en noviembre/diciembre de 2025, un pico vinculado a una mejora en las expectativas tras las elecciones legislativas del año pasado. El informe pone el foco en el impacto de los costos energéticos y de insumos dolarizados como factores determinantes detrás del cambio de ánimo entre los productores.

Además de cuantificar el deterioro en los indicadores de confianza, el documento desglosa las principales preocupaciones del sector y cómo estas ya están afectando las intenciones productivas y de inversión para la campaña 2026/27, especialmente en trigo. A continuación, un análisis detallado de las causas y las consecuencias para el agro y la toma de decisiones en los próximos meses.

Los costos, la variable de ajuste

Carlos Steiger, director del Ag Barometer Austral e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, atribuye el cambio de rumbo en gran medida a la presión externa sobre los costos de producción. El encarecimiento internacional del petróleo repercute en el precio del gasoil —esencial para labores y transporte— y eleva el costo de fertilizantes como la urea, presionando la rentabilidad de los cultivos.

En la comparación interanual la caída del índice es más moderada (3,6%), y aún permanece por encima del umbral de 100 puntos desde noviembre de 2023. Sin embargo, la naturaleza de los riesgos percibidos por los productores ha cambiado: el 66% señala el incremento de los insumos cotizados en dólares como su principal preocupación para los próximos 12 meses. Detrás aparecen el clima (35%), las cotizaciones de los productos agrícolas (33%), las elevadas tasas de interés en pesos (24%) y la baja rentabilidad (19%).

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El informe vincula gran parte de este aumento de costos a la escalada bélica en Medio Oriente, con efectos sobre la cotización del crudo que se trasladan al gasoil y a los fertilizantes, reduciendo márgenes y condicionando proyecciones de rendimiento y superficie sembrada.

“Hoy los riesgos más relevantes para el productor están vinculados a factores de negocio concretos —costos y disponibilidad de insumos— más que a la coyuntura política doméstica”, explicó Steiger, subrayando el desplazamiento de las prioridades en la agenda del sector.

En ese sentido, la incertidumbre económica y la política local aparecen con menor peso (12% cada una) respecto de mediciones previas, lo que confirma un traslado del foco hacia variables operativas y de mercado.

El trigo, perjudicado

El análisis del Ag Barometer Austral muestra que la campaña de trigo 2026/27 está especialmente condicionada por este escenario de costos. Un 61% de los productores percibe condiciones adversas para la siembra. Como resultado, el 41% proyecta reducir la superficie destinada a trigo, el 49% piensa mantenerla y apenas el 9% considera ampliarla tras una campaña récord en 2025/26.

Según el informe, el aumento en el costo de producción del trigo puede llegar a impactar hasta en torno al 11% en algunos establecimientos, un factor que ya influye en decisiones de mezcla de cultivos y en la priorización de insumos durante la planificación de la próxima campaña.

La desaceleración de inversiones sería otra consecuencia esperable: si bien hay intención de destinar fondos, la concreción sigue siendo limitada. En las prioridades de inversión declaradas, las máquinas lideran con 57% de las menciones, seguidas por la reposición o compra de vientres vacunos (25%), mejoras en instalaciones (22%) y adquisición de tierras (9%).

El informe también sitúa este fenómeno en un marco regional: en Brasil se registran márgenes más ajustados en soja y en Estados Unidos algunos productores muestran resultados negativos, con apoyo estatal como elemento de sostén en determinados casos.

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Qué pasó con los índices

El conjunto de presiones mencionadas explica la caída general de los indicadores que compone el Ag Barometer Austral. Entre los movimientos más relevantes se destacan los siguientes:

– El Índice de Condiciones Presentes fue el que registró la mayor corrección, con una baja aproximada del 18% (pasó de 138 a 108). Dentro de este bloque, la evaluación de la situación financiera actual del productor cayó alrededor de 21% (de 138 a 107), reflejando el deterioro en los márgenes operativos.

– Las expectativas de inversión en activos fijos se contrajeron cerca de 14% (de 127 a 109). A pesar de ello, un 54% de los encuestados considera que todavía existe una oportunidad para invertir, aunque solo el 43% anticipa concretar esas inversiones en el corto plazo, lo que confirma un sesgo cauteloso.

– El Índice de Expectativas Futuras mostró una caída de casi 15% (de 175 a 149). En este apartado, la expectativa sobre la situación financiera dentro de 12 meses bajó en torno al 13% (de 167 a 144) y las perspectivas sobre el sector se ajustaron alrededor del 20% (de 170 a 136), evidenciando una revisión a la baja de la mirada de mediano plazo.

“La intención de invertir persiste, pero la materialización está limitada por la incertidumbre sobre costos y rentabilidad futura”, resumió Steiger, destacando que la cautela se mantiene como respuesta predominante ante un escenario de mayor volatilidad internacional.

El informe del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral plantea, en definitiva, que la combinación de aumentos en los precios energéticos, presiones sobre fertilizantes y tasas de interés todavía elevadas configura un entorno que exige ajustes en la planificación productiva y financiera del sector agropecuario argentino.

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