Informe revela caída de la siembra directa en Argentina y distancia respecto de su máximo

Un relevamiento de Aapresid mostró que en la campaña 2025/2026 el sistema se utilizó en el 80,6% de la superficie relevada, frente al 93% de 2017/18; las malezas y la compactación están entre los principales motivos para recurrir a las labranzas

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La siembra directa retrocede en Argentina: cayó a 80,6 % del área en 2025/26 y enciende alarmas en el campo

La proporción de superficie agrícola bajo siembra directa en Argentina bajó a 80,6 % en la campaña 2025/26, dos puntos porcentuales menos que en la campaña anterior, según un relevamiento de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM). Esta medición se construyó a partir de consultas a referentes de 204 partidos y departamentos que informaron sobre manejo y motivos, no de mediciones directas a campo.

El retroceso se inserta en una tendencia que se inició después del máximo de 93 % alcanzado en la campaña 2017/18, y preocupa porque la siembra directa se asocia a beneficios ambientales y productivos acumulados en décadas. Una caída sostenida podría implicar pérdida de suelos, menor captura de carbono y mayores emisiones si la labranza vuelve a expandirse de forma generalizada.

Por qué se volvió a labrar la tierra

El principal motivo declarado para volver a la labranza fue el control de malezas, que explicó el 48,5 % de la superficie laboreada a nivel nacional. Es decir, casi una de cada dos hectáreas removidas se justificó por problemas de malezas, que en muchas zonas se tornaron resistentes a estrategias previas.

La compactación del suelo fue la segunda causa, representando el 25,6 % de la superficie laboreada, equivalente a unas 1,57 millones de hectáreas. Además, el relevamiento agrupó en “otras causas” el 26 % restante, aproximadamente 1,6 millones de hectáreas, que incluyen restricciones al uso de fitosanitarios, contratos de arrendamiento y suba de costos.

Las razones difieren por provincias: San Luis, Buenos Aires, La Pampa y Chaco declararon los mayores retrocesos de la siembra directa, mientras que Entre Ríos, Santiago del Estero y Santa Fe mostraron avances. Incluso dentro de una misma provincia hay departamentos con trayectorias opuestas, lo que refleja decisiones locales ante problemas técnicos y económicos.

Marcelo Torres, presidente de Aapresid, dijo que la organización busca “hablar con quienes toman ese camino para entender por qué lo hacen”, y señaló que los dos problemas más claros son la compactación y las malezas resistentes. Según Torres, algunas decisiones responden a la búsqueda de soluciones inmediatas en un contexto donde la planificación a largo plazo fue difícil por los cambios de reglas en los últimos años.

Riesgos agronómicos y ambientales de retornar a la labranza

Aapresid advierte que volver a remover el suelo puede erosionar parte de las mejoras logradas con años de siembra directa, incluyendo una reducción estimada del 33 % del riesgo de erosión. El informe relaciona además la expansión de la siembra directa con mayor captura de carbono en el suelo, mejor eficiencia en el uso del agua y la posibilidad de producir en zonas más áridas.

Respecto a la compactación, un metaanálisis de la Facultad de Agronomía (Fauba) citado por el relevamiento indica que los efectos de labores subsuperficiales para mitigar compactación no superan los 17 meses si no se adoptan medidas regenerativas. Estas medidas preventivas incluyen rotaciones diversificadas, cultivos de cobertura y tránsito controlado sobre el lote.

Aapresid cuestiona que la labranza sea por sí sola la solución a las malezas y cita estudios de Fauba y la Universidad de Clemson que mostraron que labranzas ocasionales en suelos con décadas de siembra directa no cambiaron significativamente la riqueza y abundancia de malezas. En síntesis, la labranza puede ofrecer alivio temporal, pero sin sistemas integrados no necesariamente resuelve los problemas que la motivaron.

El camino que propone Aapresid

La posición institucional es clara: no se trata solo de preservar la siembra directa, sino de madurar sistemas más completos que la acompañen con rotaciones y cultivos de servicio. Aapresid promueve mantener los campos verdes y vivos la mayor parte del tiempo, como forma de reducir compactación, controlar malezas y sostener productividad en el tiempo.

Según Torres, esas prácticas permiten complementar el uso de herbicidas y retrasar la aparición de biotipos resistentes, aunque requieren continuidad y planificación de mediano y largo plazo. El problema práctico es que numerosos productores enfrentan restricciones económicas, contratos de corto plazo y reglas variables, lo que dificulta implementar planes sostenidos.

Qué pueden hacer los productores ahora

Para mitigar la vuelta a la labranza, las recomendaciones técnicas combinan prácticas: rotaciones diversificadas, cultivos de cobertura, tránsito controlado y manejo integrado de malezas. Estas estrategias buscan reducir la dependencia de herbicidas, mejorar la estructura del suelo y prolongar los beneficios de la siembra directa en el tiempo.

En lo económico y contractual, es clave avanzar en herramientas que permitan planificación a más largo plazo, desde acuerdos de arrendamiento hasta políticas públicas que incentiven prácticas regenerativas. Sin confianza en horizontes estables muchos productores priorizan soluciones de corto plazo, por lo que recuperar esa previsibilidad es también parte de la respuesta.

El relevamiento de REM cubrió unas 31,71 millones de hectáreas y ofrece una radiografía útil para diseñar políticas y asesoramiento técnico focalizado. La lectura final es que la siembra directa sigue siendo mayoritaria, pero su retroceso plantea preguntas sobre sostenibilidad productiva y ambiental que requieren respuestas coordinadas.

Por Pilar Vázquez. Publicado para Palabra de Campo y basado en el relevamiento de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid (REM) y declaraciones institucionales.

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