Encaramado a un murete junto a sus amigos, Abdel, de 18 años, es uno de los cientos de miles de estudiantes que salieron a las calles de Francia desde finales de septiembre para reclamar mejores condiciones.
Los estudiantes gritan y apilan cubos de basura a primera hora de la mañana contra la entrada de un liceo a las afueras de París, en presencia de padres y profesores y con música rap de fondo.
“Tuve un profesor de Biología que no estaba al comienzo del curso”, recuerda. Cuando por fin llegó un sustituto a mitad de año, era profesor de Inglés. “Perdí un año entero de clases”, agrega.
El joven, que espera estudiar Gestión Empresarial, enumera los problemas que lo llevaron a manifestarse en su último año de liceo en Bagnolet, al este de París, como la falta de profesores o el deterioro de las aulas.
“Existe una desigualdad real entre nosotros y los alumnos de París”, afirma.
Los baños están en un estado “lamentable”, el acceso a internet es irregular y la falta de tinta para impresoras hace que a veces las fotocopias sean ilegibles, explica, mientras sus amigos asienten.
AFP habló con profesores de varios liceos y con alumnos de uno de ellos. El ministerio de Educación y los centros mencionados rechazaron hacer comentarios o no respondieron.
Desigualdades
Las protestas devolvieron a primera plana las desigualdades en el sistema educativo francés, donde los centros en sectores más pobres suelen tener dificultades para obtener recursos, pese al importante gasto público.
Para esta mujer, existe una marcada diferencia de recursos entre los aproximadamente 1.300 alumnos del instituto Eugène Henaff, donde enseña, y los de zonas más acomodadas.
Las frustraciones de Abdel son compartidas por los docentes de su liceo, incluida Fatoumata Danso, de 30 años, que imparte Ciencias Económicas y Sociales desde hace cinco años.
Muchos alumnos de Bagnolet, donde la tasa de pobreza es casi el doble de la media nacional del 15%, enfrentan situaciones precarias antes de entrar en el aula.
Uno de sus colegas tiene “36 o 37 alumnos” en una clase avanzada de Matemáticas. “No tenemos tiempo para ocuparnos de ellos como es debido”, explica.
Personal ausente
En Francia, los alumnos pierden 15,4 millones de horas de clase porque el personal ausente no es sustituido, según el ministerio de Educación, que la semana pasada prometió 3.000 profesores sustitutos para los liceos más afectados.
“Algunos no tienen hogar, algunos son muy pobres, hay migrantes”, asegura Danso, para quien los alumnos de estas zonas necesitarían “a los profesores con más experiencia”.
Francia gasta un 24% más por alumno en esta etapa que la media de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El tamaño de las clases en secundaria, excluidos los programas de Formación Profesional, alcanzó además un récord en 2025, con una media de 30,2 alumnos, según el ministerio.
Para el analista educativo de la OCDE Éric Charbonnier, “la cuestión es cómo se gasta el dinero”.
Y sin embargo, sus últimos resultados en el informe PISA -una encuesta internacional que mide las competencias de los alumnos de 15 años- fueron los peores desde que la clasificación comenzó en el año 2000.
Según Charbonnier, la desigualdad educativa, tema recurrente desde hace 25 años, aparece desde la escuela infantil y se ceba “con las zonas desfavorecidas”, donde comenzaron las actuales protestas.
El gobierno prevé destinar a pensiones un tercio del presupuesto del ministerio de Educación en 2027.
Profesores jóvenes
Si a esta situación se suman los bajos salarios -con sueldos a partir de 2.100 euros (2.351 US$) al mes-, largas jornadas y difíciles condiciones laborales, la retención del profesorado se complica.
Aunque se realizaron inversiones para mejorar las oportunidades de los alumnos de estas zonas, “a menudo son las escuelas más desfavorecidas las que carecen de recursos”, agrega el analista.
Antoine Legrand, de 24 años, es uno de ellos. Aunque apenas lleva un mes en la profesión en Aubervilliers, al norte de París, ya experimentó las dificultades.
“Menos docentes quieren trabajar allí, así que el profesorado es más joven, hay más personal temporal y el absentismo es mayor”, agrega Charbonnier.
Si se tienen en cuenta las vacaciones, los profesores en Francia tienen que concentrar su programa en 162 días al año, frente a los 225 días de la vecina Alemania, según la OCDE.
Sus alumnos a menudo “ya no pueden más” tras largas jornadas escolares: “Cuando los tienes de 16H00 a 17H00, habiendo empezado a las 8H00, es una lucha”, afirma.
“Los profesores al final de su carrera tienden a ir a liceos en mejores barrios, y los jóvenes profesores acaban sobre todo en los más desfavorecidos”, explica.
Aunque disfruta en su puesto, Legrand entiende por qué algunos jóvenes docentes abandonan.
En Aubervilliers, donde el 42% de los hogares son pobres, la profesora de Filosofía Cloe Jean señala que su liceo no tiene enfermera para sus 1.000 alumnos e incluso las sillas escasean.
Sin silla, sin calefacción
Pero no solo faltan profesores.
Sus alumnos empezaron a cantar La Marsellesa, el himno nacional francés, a modo de protesta, para “decir que también son alumnos de la República Francesa”.
“He tenido que darles mi silla a los alumnos para que puedan sentarse durante las clases”, explica.
En el liceo Jacques Brel de la vecina La Courneuve, donde la pobreza es casi tres veces la media nacional, el profesor Gabriel Recoche afirma que la calefacción averiada motivó una huelga.
Profesores y alumnos también lidian con edificios escolares que se desmoronan, y que, según un informe del Senado de 2023, necesitarían miles de millones de euros para ser renovados y adaptados al cambio climático.
Las regiones francesas son responsables del mantenimiento de unos 3.700 liceos y su asociación representativa insiste en que invirtieron “mucho” en los últimos años.
En invierno, “los alumnos se ven obligados a mantener el abrigo puesto”, mientras que las olas de calor del verano casi impiden celebrar los exámenes de fin de curso, recuerda.
Sin comida
Para algunos alumnos, las carencias alcanzan algo aún más básico: la comida.
La región de París afirma que gastó 6.600 millones de euros (7.400 millones de dólares) en la renovación de liceos desde 2015.
“Simplemente no comen”; “es inaceptable”, lamenta.
Danso explica que algunos de sus alumnos en Bagnolet no reciben una comida completa en el comedor escolar porque los fondos destinados a ayudar a cubrir el costo para las familias de bajos ingresos no se han desembolsado.
Abdel conoce la situación de “compartir una misma comida a menudo con tres o cuatro”. “Son nuestros amigos. No vamos a dejar que se queden mirando mientras comemos”, abunda Samuel, de 17 años.
La región de París aseguró a AFP que no hay subvenciones regionales pendientes.
“¿Cómo será dentro de 10 años si nadie actúa?”, se pregunta su amigo El Hadj, de 17 años, subrayando que también luchan por la próxima generación.
Con el regreso a las aulas tras las vacaciones de otoño a inicios de noviembre, Abdel asegura que bajarán el ritmo de las protestas, pero que su determinación permanece intacta.



