EEUU: En la era Trump 2.0, demasiadas sorpresas de octubre

Una controversia por día diluye el impacto de la anterior

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Desde los allanamientos en la vivienda de la congresista demócrata Ilhan Omar hasta una propuesta de ejecución por streaming que terminó descartada, la presidencia de Donald Trump atraviesa una sucesión de controversias que, en vísperas de las elecciones legislativas de medio término, parecen neutralizarse unas a otras.

Las llamadas “sorpresas de octubre” —acontecimientos inesperados capaces de alterar el rumbo de una campaña electoral— se multiplican a tal velocidad que cada nuevo escándalo amenaza con eclipsar al anterior antes de que sus consecuencias puedan medirse.

La expresión ingresó en el vocabulario político estadounidense en 1980, cuando los republicanos de Ronald Reagan temían que el entonces presidente Jimmy Carter consiguiera liberar a los rehenes retenidos en Irán y obtuviera así una ventaja decisiva antes de las elecciones.

En 2016, una grabación con cámara oculta de Access Hollywood en la que Trump se jactaba de poder tocar a las mujeres sin consecuencias por su condición de celebridad puso en riesgo su candidatura presidencial.

Sin embargo, pocos días antes de la votación, el anuncio del entonces director del FBI, James Comey, sobre nuevas diligencias relacionadas con los correos electrónicos privados de Hillary Clinton volvió a modificar el escenario electoral.

Un salto hacia la era Trump 2.0: desde aquel doble episodio de hace diez años, las sorpresas de octubre se suceden a un ritmo diario, fragmentando y diluyendo el impacto de cada noticia.

Detrás está el insaciable apetito del presidente por las controversias, unido a la aceleración del ciclo informativo: cada nuevo episodio termina devorando al anterior y aquello que en otro tiempo habría podido sacudir una campaña electoral corre el riesgo de durar apenas unas horas.

En la primera mitad de octubre, por ejemplo, agentes federales allanaron la vivienda de la congresista demócrata de origen somalí Ilhan Omar, en busca de pruebas de presuntas irregularidades en la obtención de su ciudadanía.

Durante un acto electoral en Arizona, Trump provocó un escándalo al pedir el fusilamiento de quienes revelan secretos militares.

Posteriormente flexibilizó las sanciones sobre el diésel ruso, ofreciendo un respiro económico a Vladimir Putin, e inició una investigación antimonopolio contra las grandes cadenas de televisión —ABC, CBS, CNN, Fox y NBC— que habían suspendido su participación en el grupo de prensa de la Casa Blanca para protestar por la exclusión de algunos medios.

Como broche de oro, el cheque de 5.000 dólares prometido a cada estadounidense si los republicanos mantienen el control del Congreso: un tabú para los expertos en ética.

Tampoco faltaron las marchas atrás. El magnate frenó la idea del jefe del Pentágono, Pete Hegseth, de transmitir por streaming el fusilamiento de Nidal Hasan, el exmilitar condenado por la masacre de Fort Hood de 2009.

Despidió a la embajadora en Grecia, Kimberly Guilfoyle, expareja de su hijo Don Jr., después de las revelaciones sobre un pedido de 100.000 US$ a un donante político para cubrir gastos personales.

Y echó, después de apenas cinco días, a la nueva portavoz Katie Zacharia, envuelta en polémicas sobre sus credenciales profesionales.

Un gol en contra tras otro, pero en la Casa Blanca no parecen preocupados.

“Desde el primer día, Trump ha cumplido con valentía y coherencia sus promesas electorales”, declaró a Axios la portavoz Allison Schuster.

“Octubre está resultando ser otro mes increíble”, agregó.

(ANSA).

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