El concepto de “un ternero por vaca y por año” es biológicamente ineficiente como meta de gestión, ya que ignora las mermas naturales y las variaciones regionales (no es comparable, por ejemplo, la localidad bonaerense de Balcarce con Formosa).
Por eso, el enfoque deberá virar hacia el índice de destete objetivo, planteando un escalonamiento lógico en lo que respecta a preñez objetivo, merma tacto-parto, parto-destete e índice de destete final.
El control debe ser quirúrgico. Si no se sabe cuándo se pierde el ternero, es imposible determinar la causa. “Muchas veces el problema de bajo destete se atribuye erróneamente a abortos, cuando el origen es una baja tasa de concepción. Es más sencillo y económico trabajar sobre la preñez que sobre las mermas posteriores”, indicó Ricardo Chayer, especialista en salud animal y socio fundador de CONPAS (Consultores Pampeanos Asociados, servicios y asesoramiento en ganadería y biotecnología en reproducción).
Lo dijo durante una charla ofrecida a la Comisión de Ganadería de CREA y compartida por la plataforma Contenidos CREA.
Las mermas tacto-parto (el período fetal) son la etapa más compleja de diagnosticar sin un seguimiento profesional.
Las causas se dividen principalmente en mortandad de la madre: incidencias de hipomagnesemia o intoxicaciones (por ejemplo, hongos en maíces diferidos) y abortos, los cuales deben ser clasificados para un correcto diagnóstico etiológico.

Pueden ocurrir por mortalidad embrionaria (hasta el día 45), detectada como “vaca vacía” al tacto; periodo fetal temprano (día 45 a 100), por lo general causada por venéreas como Trichomoniasis o Campylobacter; y período fetal tardío (>100 días), que generalmente está asociada a agentes infecciosos (brucelosis, Neospora, Leptospirosis, DVB/IBR, etcétera).
ANATOMÍA DE LAS PÉRDIDAS
En cuanto a las mermas parto-destete, la diarrea neonatal suele ser la protagonista, con incidencias que pueden llegar al 55% en vaquillonas de primer parto.
“Es vital medir la letalidad (muertos sobre tratados), ya que una letalidad superior al 5% indica fallas en el protocolo de tratamiento o en la detección temprana”, resaltó.
Para aquellos campos donde la merma tacto-parto es elevada, no basta con un tacto pre-parto en junio, ya que la muestra (el feto o el mucus) se pierde en el tiempo. Chayer propone un programa específico, que comprende en tacto-parto la conformación de un “grupo centinela”, donde se seleccionan 100 vacas preñadas representativas.
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En ese grupo se realiza un sangrado inicial y se reserva suero de todas las vacas en marzo (línea de base). Luego se aplica un monitoreo mensual con tactos rectales cada 30 días.
“Si una vaca se detecta vacía, se toma muestra de mucus cérvico-vaginal y sangre de forma inmediata. Y se comparan los títulos de la vaca que abortó con su suero guardado en marzo. El aumento de anticuerpos confirmará el agente causal”, remarcó Chayer.
REGISTROS Y DIGITALIZACIÓN
El orden se traduce en datos. El uso de aplicaciones móviles para el recorredor de la hacienda, permite eficientizar la generación de información clave para la toma de decisiones.
“Identificar las “vacas cola” es un aspecto clave. Si estas no se manejan aparte con mejor nutrición, saldrán vacías al próximo tacto con mucha probabilidad. Pesar los terneros al nacer en balanzas digitales ayuda. Un alto índice de distocia con pesos elevados obliga a revisar la elección de los toros para vaquillonas”, apuntó el especialista.
La georreferenciación de las bajas también representa una capa de datos relevante al identificar potreros con mayor mortandad.
“La eficiencia en la cría es una construcción diaria basada en el diagnóstico etiológico y la toma de decisiones sobre datos reales. La inversión en un programa de seguimiento veterinario es marginal frente al impacto de recuperar un 5% o 10% de destete. El objetivo no es solo preñar, sino subir el ternero al camión”, destacó Chayer.

La evidencia muestra que las diferencias productivas entre establecimientos no son circunstanciales, sino estructurales y persistentes en el tiempo.
Por lo tanto, la implementación de sistemas de registro, diagnóstico y toma de decisiones basada en datos es determinante.
“El destete no debe ser entendido como un evento aislado, sino como el resultado de un sistema integrado donde cada punto crítico –preñez, gestación y supervivencia neonatal– ofrece oportunidades concretas de intervención técnica y mejora económica. Destetar terneros no es cuestión de suerte”, resumió.
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