Durante la Semana del Huevo y el Día Mundial del Huevo, la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (Capia) presentó nuevas proyecciones que anticipan un crecimiento del consumo interno que impacta en la dieta y la economía rural. La proyección: 430 huevos por habitante este año, un aumento significativo que reconfigura la oferta y las oportunidades productivas.
Ese número representa 32 huevos más por persona frente a las 398 unidades estimadas para 2025, y acompaña una expansión de la producción prevista en torno a 440 huevos por habitante frente a los 406 del año anterior. Estos datos muestran no solo una mayor demanda sino también el desafío de convertirla en valor agregado y empleo en el sector avícola.
Cifras y alcance de la cadena
Capia proyecta que al cierre de 2026 la cadena contará con aproximadamente 67 millones de gallinas ponedoras, una facturación superior a US$2200 millones y más de 32.000 personas vinculadas entre empleos directos e indirectos. Estos números posicionan al huevo como un actor relevante en la seguridad alimentaria y en la actividad económica del sector agroindustrial.
Además de la cuantía, la entidad destaca que buena parte de la producción permanecerá en el mercado interno, con cerca de 430 unidades por habitante destinadas al consumo doméstico. Ese flujo local es clave para pensar políticas públicas que fomenten la industrialización, el valor agregado y la apertura comercial responsable.
Por qué importa al consumidor y a la economía
El crecimiento del consumo confirma al huevo como una proteína amigable, saludable y económica para amplios sectores de la población, especialmente en contextos de tensión sobre el poder adquisitivo. Sin embargo, las encuestas cualitativas y la observación de mercado muestran diferencias generacionales: quienes nacieron en las décadas de 1950 y 1960 mantienen la asociación del huevo con el colesterol, mientras que los jóvenes lo consumen más ligado a la actividad física y la alimentación funcional.
Frente a esa realidad, Capia impulsa programas de capacitación y perfeccionamiento para estudiantes y profesionales, y promueve el intercambio técnico mediante el envío de veterinarios a conocer maquinaria y prácticas en el exterior. El objetivo no es solo elevar la productividad sino también cubrir un déficit de perfiles con capacidad de gestión y mando, esenciales para sostener la expansión.
Obstáculos para escalar producción y valor agregado
Entre los principales frenos el sector identifica la falta de trabajadores capacitados, la dificultad en la continuidad de empresas familiares y el costo de las nuevas inversiones, que se ve afectado por condiciones de financiamiento poco amigables. A esto se suma el reclamo histórico de la industria por una reducción del IVA al huevo y la solicitud de eliminar aranceles de importación de maquinaria para modernizar plantas.
Al mismo tiempo, la cadena busca generar nuevos negocios mediante el aprovechamiento de residuos, como el procesamiento del guano y la reutilización de la cáscara para obtener enmiendas orgánicas o fertilizantes, iniciativas que requieren inversión, asistencia técnica y marcos regulatorios y fiscales que incentiven la circularidad. Estas acciones podrían transformar subproductos en fuentes de ingreso y reducir costos de insumos para la propia agroindustria.
Qué se juega el sector y qué pediría la industria
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Para capitalizar el aumento del consumo y ampliar exportaciones, el sector plantea como prioridades políticas la reducción del IVA, líneas de crédito accesibles para inversiones y la eliminación de aranceles a maquinaria de proceso. Estas medidas, combinadas con programas de formación técnica y acompañamiento en la sucesión de empresas familiares, potenciarían la generación de empleo genuino y el crecimiento sostenido.
La proyección de Capia, comunicada por su presidente ejecutivo Javier Prida, y retomada por periodistas durante la Semana del Huevo, muestra una oportunidad concreta para agregar valor en origen y mejorar la inserción internacional del producto argentino. Si el sector logra resolver las limitaciones de capital humano y financiamiento, el huevo puede consolidarse como un pilar de la dieta y la economía rural con impacto social y ambiental positivo.



