Durante julio de 2025, el clima global ofrece señales que empiezan a delinear el futuro inmediato de la producción agropecuaria en Sudamérica. Según el informe de AZ Group, elaborado con datos de NOAA, el USDA y otros organismos internacionales, el Océano Pacífico central sostiene un estado neutral que, aunque estable, obliga a poner el foco en tendencias regionales. Este panorama tendrá un peso determinante sobre los cultivos de invierno y la planificación de la próxima campaña gruesa.
En Argentina, la situación hídrica continúa mostrando una relativa fortaleza. Las lluvias de los últimos meses garantizaron buenas reservas en la mayor parte del territorio, al punto de que en algunas zonas se registran excesos de humedad. Sin embargo, junio se despidió con precipitaciones por debajo de lo normal en el centro y sur del país, un comportamiento que modera el optimismo. Para el trimestre invernal (julio-septiembre), los modelos climáticos prevén anomalías de lluvias cercanas a los promedios históricos. Agosto se perfila como un mes en el que podrían intensificarse las precipitaciones sobre el centro-norte argentino, una expectativa que despierta atención en los productores de trigo y cebada.
Desde la perspectiva térmica, julio arrancó con un marcado descenso de temperaturas, pero el balance mensual mostrará marcas por encima de lo habitual. En agosto y septiembre, los registros térmicos tenderían a normalizarse o ubicarse levemente por debajo de los valores medios, sobre todo en el norte argentino. Este patrón podría contribuir a sostener un desarrollo relativamente estable de los cultivos invernales y moderar el riesgo de heladas extremas, aunque no las descarta por completo.
En Brasil, las lluvias se mantendrán dentro de los rangos normales en julio. No obstante, a partir de agosto se espera un incremento progresivo que alcanzaría su máximo en septiembre, con registros que podrían superar los promedios en amplias regiones productivas. Esta previsión de humedad renovada puede resultar decisiva para las pasturas y la siembra temprana de cultivos de verano. El componente térmico brasileño se moverá en dirección opuesta: el trimestre exhibirá temperaturas por encima de lo normal, especialmente en el centro del país, con potencial impacto en la evaporación y la demanda hídrica de los suelos.
Uruguay vivirá un invierno relativamente seco. Las proyecciones indican lluvias levemente por debajo de los promedios históricos durante todo el trimestre, con un julio que sería el mes más deficitario en términos de agua. En contraste, las temperaturas se mantendrán algo más benignas: julio tendrá valores superiores a los normales, mientras que agosto y septiembre mostrarán marcas cercanas al promedio. Este patrón mixto -déficit hídrico y temperaturas templadas- obliga a los productores a extremar el seguimiento de las reservas de humedad y su impacto en el desarrollo de cereales de invierno.
Paraguay enfrenta un viraje en la dinámica climática. Aunque julio conservará lluvias por debajo de lo esperado, agosto y septiembre traerán un alivio hídrico con precipitaciones superiores a lo habitual. Esta recomposición contribuiría a revertir el déficit acumulado en el este del país y el nordeste argentino. Las temperaturas seguirán una trayectoria descendente: levemente por encima de los promedios en julio, pero con valores moderados y algo más fríos en los dos meses siguientes.
En Bolivia, la heterogeneidad será la regla. Julio mantendrá lluvias algo inferiores a lo normal, pero la situación se invertirá en agosto y septiembre, cuando los registros superarán los promedios. Las temperaturas, por su parte, se ubicarán levemente por debajo de lo habitual en casi todo el trimestre, con una excepción en septiembre, que presentará un repunte térmico generalizado.
El informe de AZ Group también analiza el escenario internacional. En Estados Unidos, junio se caracterizó por un fuerte contraste: lluvias escasas en el norte y oeste, mientras que el este y el sur recibieron precipitaciones generosas. La zona productiva del cinturón maicero finalizó el mes con niveles de humedad cercanos a la normalidad, aunque con señales de deterioro en el centro-norte. Para el trimestre que comenzó, la perspectiva anticipa lluvias apenas por debajo de los promedios y temperaturas levemente inferiores, una combinación que podría disminuir la probabilidad de olas de calor en pleno verano boreal. No obstante, la evolución de la sequía en áreas agrícolas clave merece un seguimiento cercano.
En Australia, las lluvias de junio resultaron escasas, pero no encendieron alarmas: los meses previos habían asegurado un fuerte reabastecimiento hídrico, con algunas zonas que incluso registran excesos. Para el trimestre, se espera un comportamiento de precipitaciones normal o levemente superior, reforzando el panorama favorable para el invierno agrícola. En el plano térmico, las temperaturas se moverán por debajo de los promedios, situación que puede incrementar el riesgo de irrupciones frías en sectores puntuales.
En conjunto, el trimestre julio-septiembre transcurrirá bajo la influencia de un Océano Pacífico neutral, un escenario que reduce los impactos globales del fenómeno ENSO pero que amplifica el peso de las variaciones regionales. Para la agricultura sudamericana, esta situación significa que cada país y cada zona productiva deberá sostener un monitoreo minucioso, considerando que la transición hacia la primavera podría acelerar cambios abruptos de humedad y temperatura.
Conclusión
El invierno 2025 se perfila con una combinación de neutralidad oceánica y fluctuaciones locales que pueden ser decisivas para la agricultura. Si bien la ausencia de El Niño o La Niña reduce la probabilidad de extremos climáticos severos de escala continental, el riesgo permanece latente a nivel regional. Las decisiones agronómicas y comerciales deberán contemplar este delicado equilibrio entre estabilidad y la posibilidad de sorpresas, en un contexto global cada vez más condicionado por la variabilidad climática.




