La Cámara de Comercio, Industria y Servicios Argentino-Brasileña (Cambras), con el apoyo del Estudio Beccar Varela, organizó el encuentro “Conversatorios e Insights Sectoriales: Agronegocios” como antesala del Cambras Business Day del 2 de junio. El evento reunió a referentes institucionales, empresarios y especialistas para analizar oportunidades de negocio entre Argentina y Brasil en la agroindustria, con foco en innovación, trazabilidad, financiamiento, logística e integración regional.
Un moderado y diverso panel de participantes —entre ellos Tomás Allende (Estudio Beccar Varela), Delfín Uranga (SiloReal), Jucara André Duarte (agregada agrícola de la Embajada de Brasil en Argentina) y Facundo Contreras (ADS Tigre)— abordó cómo ambos países pueden pasar de la competencia a la colaboración para potenciar sus cadenas productivas y su inserción en mercados exigentes.
El agro como motor regional
La directora ejecutiva de Cambras, Analía Canale, abrió el diálogo destacando el valor estratégico del agro para la relación bilateral. Argentina y Brasil comparten desafíos semejantes: mejorar eficiencia logística, incorporar tecnología, consolidar sistemas de trazabilidad, ampliar acceso al financiamiento y simplificar procesos regulatorios. A partir de estos puntos, el consenso fue que el enfoque no debe limitarse a la competencia, sino potenciar la complementariedad productiva, tecnológica y comercial.
Visión brasileña: agregar valor y origen sostenible
Jucara André Duarte subrayó que Brasil aspira a consolidarse como un proveedor global de alimentos que no sólo exporta volumen de commodities, sino que avanza hacia productos con mayor valor agregado y origen sostenible. La estrategia brasileña incluye apoyar a cooperativas, pymes y productores regionales, no solo a grandes compañías, y fortalecer la promoción comercial mediante redes de agregados agrícolas en distintos países para superar barreras técnicas y sanitarias.
Duarte destacó la complementariedad entre las cadenas: grandes empresas brasileñas importan carne argentina, mientras Argentina mantiene reconocimiento en mercados premium. Esa complementariedad puede ampliarse con acuerdos que faciliten la cooperación técnica y comercial.
De la competencia a la colaboración
Tomás Allende propuso repensar la integración como modelos horizontales de colaboración: no se trata de elegir entre competencia o asociación, sino de combinar ambas lógicas. Delfín Uranga enfatizó que la mentalidad debe cambiar: la tecnología es un elemento horizontal que permite que Argentina sea un laboratorio de innovación y Brasil la escala para llevar soluciones al mercado regional y global. Según Uranga, unir los mercados y construir estándares comunes de trazabilidad y calidad genera una oferta más competitiva que la suma de acciones aisladas.
Tecnología, datos y soluciones aplicadas
Facundo Contreras presentó la experiencia de ADS Tigre y resaltó que la innovación en el agro no depende solo del producto, sino de la capacidad de articular actores diversos: empresas tecnológicas, productores, reguladores e inversores. Las soluciones probadas en Argentina pueden replicarse rápidamente en Brasil, donde la escala y los recursos facilitan la expansión. Contreras afirmó que lo esencial es sentar a distintos actores en una misma mesa para ofrecer respuestas concretas a los productores.
Integración regulatoria y simplificación de procesos
La interoperabilidad técnica entre sistemas es un caso de éxito señalado durante el conversatorio. Duarte mencionó experiencias en las que el intercambio de información sanitaria y técnica redujo tiempos de aprobación y facilitó el comercio. La recomendación fue ampliar esas experiencias a más cadenas productivas mediante coordinación entre organismos técnicos, el sector privado y espacios como Cambras. La cooperación regulatoria puede acelerar aprobaciones, impulsar bioinsumos y bioproductos y mejorar la competitividad regional.
Aprovechar el acuerdo Mercosur–UE
El reciente acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea fue valorado como una oportunidad que exige adaptación: las empresas deberán cumplir estándares más exigentes de calidad, trazabilidad y sostenibilidad. Los asistentes coincidieron en que el acuerdo no es sólo una reducción arancelaria, sino una plataforma para atraer inversiones, transferencia tecnológica y alianzas empresariales. Construir estándares comunes y sistemas regionales de trazabilidad facilitará el acceso a mercados europeos y otros destinos exigentes.
Energía, fertilizantes y la agenda agroindustrial
La integración agroindustrial se conecta inevitablemente con la agenda energética. La disponibilidad de gas natural argentino, especialmente por el desarrollo de Vaca Muerta, fue destacada como un factor estratégico para la producción de fertilizantes y para mejorar la competitividad regional. Coordinación en inversiones, infraestructura y demanda estable es necesaria para que la integración energética tenga un impacto concreto en la producción agroindustrial. En resumen: energía y agro son dos agendas positivas que deben articularse a largo plazo.
Financiamiento y acceso a mercados
El financiamiento fue señalado como uno de los principales obstáculos para escalar soluciones tecnológicas y productivas. La creación de instrumentos financieros que den seguridad a inversiones conjuntas, la generación de contratos de largo plazo y el diseño de modelos de garantía regionales son tareas pendientes. La digitalización y el uso de datos verificables pueden abrir nuevas formas de financiamiento basadas en activos y resultados reales, lo que facilitaría la inversión en infraestructura, tecnología y logística.
Construir confianza e institucionalidad
Los participantes concluyeron que los principales desafíos son institucionales. Para que la integración se traduzca en negocios e inversiones sostenibles se requieren reglas claras, continuidad de políticas, consensos y confianza entre actores públicos y privados. La integración regional se construye con contratos de largo plazo, acción coordinada y confianza sostenida. Uranga remarcó la necesidad de pasar del diagnóstico a la acción con proyectos concretos y contratos que brinden certidumbre.
Conclusión: una agenda compartida con potencial
El conversatorio dejó en claro que Argentina y Brasil comparten una agenda agroindustrial con múltiples oportunidades: complementariedad productiva, innovación tecnológica, trazabilidad regional, integración energética y acceso a nuevos mercados. Si se alinean políticas públicas, inversión privada y estándares técnicos comunes, la región puede ofrecer una propuesta competitiva y sostenible a escala global. Los desafíos son complejos, pero la cooperación inteligente entre ambos países —sumada a la capacidad emprendedora argentina y la escala brasileña— puede transformar esos retos en ventajas estratégicas para competir mejor en el mundo.





