El mensaje de Caputo tras ver a Bessent: en 2027 habrá blindaje de EE.UU. ante una corrida cambiaria

Pese a los elogios, los bancos no dan señales de ablandar condiciones para prestarle a Argentina. Y Caputo busca revalidar el swap ante un mercado nervioso

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Y eso da la pauta de cuál fue el otro mensaje de Caputo, el que le transmitió al propio Bessent y a los banqueros de inversión: que prestarle dinero a Argentina tiene ahora menos riesgo, porque el presidente Javier Milei está bien posicionado para la reelección y porque ya tiene media sanción la nueva carta orgánica del Banco Central. Caputo destacó que, a diferencia de lo que ocurrió el año pasado en la previa de las elecciones legislativas, Milei tiene capacidad de veto en el Congreso, lo que significa que el superávit fiscal está mucho mejor protegido contra leyes que impliquen una expansión del gasto público sin respaldo.

El mensaje de Toto Caputo tras su encuentro con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, se puede resumir en el eslogan oficial: “Todo marcha acorde al plan”. Es decir, que hay un blindaje contra posibles corridas cambiarias en 2027, porque volverá a estar vigente la posibilidad de usar dólares del US Treasury por la vía del swap.

¿Por qué Caputo se preocupó en dar todas esas seguridades ante su colega estadounidense? Porque todos recuerdan que el propio Donald Trump, el año pasado, había aclarado que su ayuda no era genérica hacia Argentina, sino específica hacia el gobierno de Milei. Eso fue lo que llevó a economistas argentinos a plantearse que si el presidente cae en las encuestas -y si, además, a Trump le va mal en las legislativas de noviembre-, Argentina podría perder su “prestamista de última instancia”, que es como se percibe a Bessent actualmente en el mercado local.

Y, sobre todo, su gran argumento es que el Banco Central está comprando dólares a todo ritmo, y que hay condiciones geopolíticas como para que esa conducta se sostenga, dados los altos precios de las materias primas agrícolas y del petróleo. Tras hablar con Bessent, el ministro dijo que, si se repitiera una dolarización masiva de ahorristas, esta vez el BCRA podría, eventualmente, intervenir con ventas en el mercado doméstico, para demostrar que no hay motivos para pensar en una devaluación post electoral.

Pero, aun con todas esas fortalezas que mencionó Caputo, en el mercado local se percibe una inquietud. Y queda en evidencia en la suba de tasas de interés cada vez que el Tesoro debe renovar deuda, así como en la creciente demanda de dólares por parte de los pequeños ahorristas, que un año antes de que empiece la campaña electoral ya compran unos u$s3.000 millones mensuales.

Caputo está preparando la defensa contra la corrida cambiaria

“Tenemos un poder de fuego que supera largamente la base monetaria”, dijo Caputo, quien además recordó que la apuesta por el dólar le generó al sector privado una pérdida de u$s2.000 millones el año pasado.

No hay crédito, pero está Bessent

Es por esa certeza de dolarización pre-electoral que el objetivo fundamental de Caputo fue el de recordarle al mercado argentino que su amigo americano estará disponible nuevamente para poner en marcha un salvataje si eso fuera necesario.

El ministro sabe que la dolarización será inevitable, tal vez con el mismo nivel de gravedad que en 2025, cuando más de un 40% de la base monetaria corrió a refugiarse en el billete verde. No por casualidad, también mencionó el hecho de que el Banco Central cuenta con la posibilidad de usar todo su poder de fuego para poner contratos en el mercado de futuros, una forma de contener al tipo de cambio sin tener que sacrificar reservas.

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La prueba es que, en las últimas semanas, Caputo tuvo que resignarse a suspender su bono favorito, que lo ayudó a hacer frente a los vencimientos de este año. Nominado en dólares y con una renta mensual, se ofrece a los inversores locales en cada licitación del Tesoro, pero acaba de salir del “menú” porque el ministro no quiso convalidar una tasa demasiado elevada.

Pero lo que genera nerviosismo en el mercado es que eso no alcance, debido al exigente calendario de vencimientos de la deuda externa. Esos pagos, unidos a la salida de divisas por turismo y por el ahorro dolarizado, podría hacer que, incluso con el gran flujo exportador que se pronostica para el año próximo, se pueda vivir una turbulencia cambiaria.

Fue el propio Caputo quien bautizó a esa situación como “el riesgo financiero kuka”, dado que el diferencial de tasa aumenta cuando las encuestas muestran un menor nivel de intención de voto. De manera que es difícil para el ministro sostener la certeza de que habrá reelección y que en 2027 “la economía se va a llevar puesta a la política”, cuando el propio mercado de capitales está convalidando que hay un temor al cambio de gobierno.

Después de colocar un bono con vencimiento en 2027 y otro en 2028 -un total de u$s4.000 millones-, el ministro se encontró con que la tasa relativamente baja que le estaban pidiendo ya empezaba a diluirse. El bono que paga en 2028 cotiza a u$s94,75% y tiene una tasa de retorno de 9,3%. Mientras que el bono 2029 cotiza a u$s91,15 y su retorno es de 9,9%. ¿Qué significan estas cifras? Que el mercado percibe un riesgo elevado por quedarse con un bono en dólares hasta después de las elecciones. Puesto en números, para obtener el mismo rendimiento que se obtiene con el AO28, sería necesario reinvertir el bono AO27 a una tasa de 16%.

Pero, además, tampoco está a la vista la posibilidad de tomar crédito en el mercado de capitales. Ya se había descartado la posibilidad mencionada el año pasado, de que se recurriera a un préstamo sindicado entre varios bancos internacionales, que aportarían dólares a cambio de una garantía en bonos.

Elogios en la cena, críticas en los reportes

Con menos chance de usar dólares propios, el mercado vuelve a preguntarse por la posibilidad de que Caputo consiga fondos del exterior. Y ahí es cuando la cruda realidad se hace indisimulable. Por lo pronto, no habrá dólares del Fondo Monetario Internacional, y así lo dejó en claro Kristalina Georgieva en su reciente visita al país.

Tampoco parece haber tenido mucho efecto el acuerdo firmado con el Banco Mundial y el BID, por el cual los organismos de crédito saldrían como garantes por créditos de hasta u$s2.500 millones.

Caputo dijo que esa opción “no fue necesaria”. Pero la realidad es que la tasa de interés se tornó prohibitiva, en parte por la suba de la tasa internacional, y en parte por el imprevisto agravamiento del riesgo argentino. Lo cierto es que si el ministro tuviera que salir hoy al mercado a colocar un bono, no conseguiría hacerlo a una tasa inferior al 10% en dólares.

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En definitiva, ni la situación interna ni la externa llevan a pensar que el crédito pueda abaratarse para Argentina. Y eso lleva a que Caputo necesite, con gestos como su reunión con Bessent, recordarles a los inversores que sigue vigente el swap de monedas por u$s20.000 millones con Estados Unidos.

Fue ahí cuando se generó la especulación de que Caputo podría aprovechar su sintonía personal con Bessent para que el secretario del US Treasury influyera sobre bancos de inversión. Sin embargo, las primeras señales fueron negativas. Es cierto que los líderes de esas instituciones, como Jamie Dimon, del JP Morgan, elogiaron la gestión de la economía argentina en la reunión del G20. Pero, al mismo tiempo, los reportes de su banco recortaban a la baja su proyección de crecimiento para Argentina, y advertía sobre debilidades en el frente externo.

Yendo más al detalle, se debe garantizar que el Tesoro tenga u$s3.120 millones para el FMI y u$s2.220 millones para otros organismos internacionales. Esto sólo incluye los intereses, pues en el mercado se presume que habrá un “rolleo” del capital. Además, hay vencimientos al mercado por unos u$s10.000 millones, cuyos acreedores piden una tasa más alta, para compensar el hecho de que el FMI tiene preferencia para cobrar antes que ellos.

La cuenta de 2027

El punto crítico cuando los financistas miran el caso argentino es el cronograma de vencimiento de deuda. ¿Qué tan grave es la cuenta? Durante el año electoral Caputo debe pagar o renovar un total de u$s23.000 millones, mientras que al BCRA le vencen u$s11.000 millones, según una estimación de la gestora de fondos Mega QM.

Pero los posibles motivos de turbulencia no terminan en 2027: ya en enero 2028 habrá que enfrentar un abultado vencimiento de u$s6.000 millones.

Y la cuenta sigue: con su estrategia de fondearse en el mercado local, Caputo tiene u$s2.000 millones que vencen en octubre del año próximo, y que si se “rollean” para después de las elecciones deberán pagar un 15% más de costo financiero.

El problema está en si los funcionarios de la gestión Trump y los banqueros internacionales creen más en las garantías de Caputo o en las amenazas de otra campaña electoral caliente. A Caputo le queda, todavía, una oportunidad de volver a ver a Bessent, en la reunión del FMI de octubre en Bangkok. Y podría ser la última chance de asegurar la paz cambiaria.

Y lo que los economistas prevén es que, durante la campaña, se refloten las amenazas de la oposición, en el sentido de que no se reconocerán como válidos los compromisos asumidos con el FMI ni con el gobierno de Trump. Por eso Caputo le dio tanta trascendencia a la nueva carta orgánica del BCRA: el mensaje tácito es que, aun si Milei perdiera la elección, Santiago Bausili se encargaría de cuidar las reservas y devolver los préstamos.

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