Por Palabra de Campo. La campaña de trigo en la zona núcleo entra en una etapa decisiva y enfrenta un riesgo sanitario que puede comprometer tanto el rendimiento como la calidad del grano. Los técnicos advierten que la combinación de desarrollo muy bueno de biomasa y condiciones climáticas favorables puede convertirse en una trampa si se desatan ataques de Fusariosis.
La enfermedad se manifiesta en plena floración y es, por su naturaleza, de control difícil una vez que aparecen los síntomas. Según informes de Aapresid, las esporas del hongo se depositan sobre las anteras, germinan y generan el característico blanqueamiento de espigas y la aparición de masas rosadas sobre las estructuras florales.
Los ataques se correlacionan con condiciones de humedad elevadas y temperaturas cálidas durante la floración, por lo que su detección temprana es clave para la defensa del cultivo. El patógeno desarrolla con más facilidad cuando hay más de 80 % de humedad ambiente, días nublados y temperaturas superiores a 24 grados centígrados, condiciones que favorecen la infección aérea de las flores.
El diagnóstico tardío tiene un costo productivo y comercial importante porque la infección reduce rendimientos y genera deterioro de calidad que afecta la venta del lote. Dada la imposibilidad de controlar la enfermedad después de que se manifiesta, los asesores recomiendan prácticas de monitoreo y tratamientos preventivos con fungicidas.
Prevención y decisiones económicas para proteger la campaña
Los mapas de riesgo elaborados por el instituto de Clima y Agua del INTA permiten anticipar ventanas de vulnerabilidad y decidir la aplicación de una o dos intervenciones protectoras en floración. En la práctica, la recomendación técnica es combinar esa información con inspecciones de campo frecuentes para aplicar tratamientos en momentos de mayor riesgo.
En términos económicos, con los precios actuales del trigo es racional invertir en protección: un asesor de Rufino estima en alrededor de USD 16 por hectárea el costo entre producto y aplicación para defender el cultivo. Además de cuidar la cantidad, los productores deben planificar la gestión del precio y aprovechar herramientas de cobertura como puts, ventas futuras o forwards para consolidar la rentabilidad.
Las recientes lluvias de otoño e invierno elevaron las napas y, junto con la fertilización aplicada, proyectan expectativas de altos rendimientos si las precipitaciones primaverales pronosticadas por El Niño se concretan. La recomendación de campo es clara: fortalecer la vigilancia sanitaria y combinar decisiones agronómicas con herramientas financieras para proteger tanto la cantidad como el precio de la cosecha.



