Puente de 1930 colapsó y deja a vecinos sin paso por 220 días exigen respuestas

Productores de la zona de Arroyo Venado, en el sudoeste bonaerense, reclaman una solución urgente para recuperar el paso entre las localidades de Guaminí y de Carhué; en el gobierno provincial dicen que la obra de reconstrucción será en octubre

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La caída del puente que unía Arroyo Venado con Carhué dejó a la región sin una vía clave y expone problemas recurrentes de infraestructura rural que afectan la vida cotidiana y la producción agropecuaria. La pérdida del paso no solo obliga a recorrer distancias mayores, sino que complica emergencias médicas, logística de cosecha y el trabajo diario de productores y trabajadores rurales.

Los vecinos llevan 220 días reclamando una solución tras el derrumbe provocado por una creciente que socavó las bases de una estructura construida en 1930. En el paraje viven unas 70 personas que dependían del puente para acceder a servicios, trabajo y escuelas, y hoy enfrentan un aislamiento que repercute en la economía local.

Desde el colapso se intentaron soluciones provisionales, como el uso de un vado bajo la estructura y la colocación de escombros, pero ambas alternativas fracasaron ante la fuerza del agua y las malas condiciones del terreno. Los vecinos denuncian que anuncios oficiales y promesas de obras no se tradujeron en pasos concretos, mientras la provincia y municipios intercambian responsabilidades sobre plazos y financiamiento.

Productores de la zona presentaron un proyecto técnico y ofrecieron financiar una solución parcial si los municipios acordaban luego su devolución mediante el mantenimiento de la red vial, pero esa alternativa quedó trabada por cuestiones administrativas. La queja incluye además la sensación de abandono: reuniones iniciales con funcionarios se fueron espaciando hasta la ausencia de respuestas formales.

Un desvío que impacta en la rutina y la producción

El colapso del puente transformó un trayecto de 25 km entre Guaminí y Carhué en un recorrido de aproximadamente 70 km, lo que aumenta costos de transporte y tiempo perdido para productores y servicios. Para una empresa de pulverización local, la imposibilidad de cruzar varias veces al día significa reorganizar turnos, incrementar horas de máquina y sumar costos logísticos.

Los peligros del intento por usar el vado quedaron patentes en daños a maquinaria y vehículos que quedaron atascados, con registros de cosechadoras rotas y carros de combustible dañados. Además, el aumento de kilómetros para una ambulancia o un vehículo de emergencia puede ser la diferencia entre una atención oportuna y un desenlace peor, como lo recuerdan los vecinos con inquietud.

La historia personal de uno de los productores que transitaba a diario por el puente ilustra el riesgo: cuando su hijo, Fausto, presentó una emergencia pediátrica en 2023, el acceso rápido a la guardia de Carhué y la conectividad disponible en ese momento fueron determinantes para su atención. Hoy, con el paso interrumpido, esa ruta rápida ya no está disponible y la comunidad teme que otra emergencia similar encuentre menos posibilidades de respuesta rápida.

Promesas, plazos y autoridades en juego

Autoridades municipales y provinciales anunciaron en distintos momentos obras provisionales y la reconstrucción a través de la Dirección Provincial de Hidráulica, con un inicio programado para mediados de octubre y una duración estimada de 30 días. Sin embargo, vecinos y productores recuerdan que ya pasaron anuncios previos —incluido un compromiso anunciado hace unos 80 días— sin que las máquinas se hayan visto en el lugar.

La falta de coordinación interjurisdiccional y la normativa que regula intervenciones en cursos de agua complican soluciones rápidas impulsadas por los municipios, ya que la ley exige aprobaciones de Hidráulica y Vialidad para no poner en riesgo la seguridad hídrica de la cuenca. Mientras tanto, la provincia sostiene que la reconstrucción será resuelta por vía oficial, aunque los plazos y el alcance definitivo siguen generando dudas locales.

Los productores exigen no solo un paso transitorio, sino una obra segura y duradera que garantice la conectividad esencial para la logística agrícola y la vida comunitaria. La experiencia local demuestra que los parches se llevan con la próxima creciente, por lo que piden que la solución combine ingeniería adecuada y previsión hidrológica.

En términos económicos, el corte de una vía como esta eleva costos de flete, aumenta el tiempo de máquina y obliga a planificaciones alternativas durante la cosecha, con impacto directo en la rentabilidad de las explotaciones. Para el entramado de pequeñas y medianas explotaciones del interior bonaerense, la conectividad es infraestructura productiva y social, no solo obra pública.

Lo que viene ahora será una prueba de ejecución y coordinación entre municipios y provincia: si la obra anunciada comienza en el plazo prometido y cumple los estándares técnicos, la comunidad recuperará la ruta en semanas. Si se dilatan los trabajos o se recurre a “parches”, los productores aseguran que mantendrán el reclamo hasta obtener una solución definitiva y segura.

Palabra de Campo seguirá el avance de la obra y el impacto en la región, con foco en la rendición de plazos, el diseño hidráulico propuesto y las garantías para que un nuevo episodio de creciente no vuelva a dejar aislada a una población rural. La reparación del puente es, para los vecinos de Arroyo Venado, una cuestión de seguridad, economía y dignidad cotidiana que exige respuestas concretas y rápidas.

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