El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de julio trajo un doble dato alentador: una inflación mensual del 1,9% y una caída de la interanual al 36,6%, la más baja desde diciembre de 2020. El ritmo de desinflación, que se aceleró en el último trimestre, viene sorprendiendo incluso al mercado, cuyas proyecciones han quedado por detrás de la realidad.
Julio marcó también un hito clave en términos del índice núcleo —que excluye precios estacionales y regulados— con una suba de apenas 1,5%, el nivel más bajo para ese mes desde 2017. Este indicador, más estable y representativo de la dinámica interna, acumula tres meses consecutivos de caída.
Servicios suben más que bienes y se reordenan precios relativos
Aunque el índice general muestra una desaceleración, el reacomodamiento de precios continúa en sectores claves. En los últimos 12 meses, los servicios subieron 58,5%, mientras que los bienes avanzaron 27,8%, reflejando una clara recomposición de valores atrasados, particularmente en tarifas, educación, y servicios vinculados al consumo urbano.
Entre los rubros que más aumentaron se destacan “Educación”, “Vivienda y otros servicios” y “Restaurantes y hoteles”, todos por encima del promedio general. En contraste, “Equipamiento y mantenimiento del hogar”, “Vestimenta” y “Bebidas alcohólicas y tabaco” se ubican entre los que menos subieron, marcando una dispersión que define la nueva estructura de precios relativos.
El mercado se queda corto: baja más rápido de lo previsto
Según el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM-BCRA), la mediana de proyecciones ubicaba la inflación de julio en 1,8%, apenas por debajo del dato oficial. Sin embargo, el informe muestra que en lo que va del año el mercado ha sobreestimado la inflación en 12 ocasiones, subestimado en 5 y acertado en apenas 2.
Este patrón revela que el proceso de desinflación es más veloz de lo previsto por los analistas, en buena medida por el efecto combinado del ancla fiscal y monetaria, la caída del consumo, y el control del gasto público. Para el cierre de 2025, las proyecciones del REM estiman una inflación anual del 27,3%, lo que representaría el dato más bajo desde 2017.
Tipo de cambio real: recuperación tras el atraso
El otro gran dato macroeconómico positivo es la mejora del tipo de cambio real (TCR), que se había debilitado tras la apreciación post-devaluación. A comienzos de 2025, el TCR tocó un piso preocupante, similar a los niveles previos a la corrección de diciembre de 2023. Sin embargo, en los últimos cuatro meses, el tipo de cambio nominal promedio mensual viene creciendo por encima del IPC ajustado por la inflación internacional.
Este comportamiento permite que el TCR haya repuntado y se ubique ahora en máximos de más de un año. Actualmente, el índice supera la media móvil de los últimos tres años, lo que implica una recuperación de la competitividad externa de la economía.
La mejora del TCR es clave para sostener el superávit comercial, mejorar las condiciones para el agroexportador y preservar reservas. Además, despeja parte de la presión devaluatoria que suele gestarse cuando el dólar se atrasa respecto a los precios internos.
Señales de estabilidad, pero el equilibrio aún es frágil
Argentina logró en julio una nueva marca en su proceso de desinflación: el IPC núcleo más bajo en ocho años y una inflación interanual por debajo del 40%, cifras que no se veían desde antes de la pandemia. Además, el tipo de cambio real se recupera y suma competitividad para el sector externo.
Sin embargo, el equilibrio macroeconómico aún es frágil. La tensión sobre los precios relativos, especialmente en servicios regulados y sectores dolarizados, puede generar rebotes si no se mantiene la consistencia fiscal y la coordinación entre política monetaria y cambiaria.
Con el dato de julio, el Gobierno refuerza su narrativa de estabilización. Ahora el reto será sostener esta tendencia en el último trimestre del año electoral y en un contexto social aún muy tensionado por la caída del poder adquisitivo.


