La ganadería argentina atraviesa un momento de señales contrapuestas. Los precios internacionales ofrecen una oportunidad para la exportación y el clima acompaña a buena parte de la producción, pero la caída del consumo doméstico golpea a los frigoríficos orientados al mercado interno y profundiza las diferencias entre los distintos actores de la cadena.
Ese fue el diagnóstico planteado por Javier Rodríguez, ministro de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires, durante una entrevista con Palabra de Campo en el marco de la Semana Angus de Primavera realizada en Cañuelas.
“Hay una situación de precios internacionales muy favorables y una cuestión climática generalizada que es propicia. Pero, en ese contexto, hay distintas dificultades, una asociada fundamentalmente a la caída del consumo interno”, explicó.
La provincia concentra más de la mitad de la faena bovina nacional y cuenta con una extensa red de frigoríficos, establecimientos productivos y servicios vinculados a la actividad. Esa dimensión hace que los cambios en el poder de compra se trasladen rápidamente desde la carnicería hacia el resto de la cadena.
Cuando la caída del consumo llega a los alimentos
Rodríguez relacionó la menor demanda con la pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. A su entender, el problema no se resuelve con una medida puntual de transferencia de ingresos, sino que responde a una configuración macroeconómica que afecta a la producción, el comercio y el empleo registrado.
“Hay un problema en la caída de los sueldos, de los salarios reales y de las jubilaciones en términos reales, y eso impacta sin ninguna duda en el consumo”, sostuvo.
El ministro citó cierres de empresas y una reducción del empleo formal como parte del mismo cuadro. Más allá de la discusión política sobre sus causas, el dato central para la cadena agroalimentaria es que la retracción alcanzó productos que suelen ser los últimos en abandonarse dentro del presupuesto familiar.
“Lo que se observa en las distintas estadísticas es una caída importante en el consumo de alimentos. Cuando uno analiza los consumos de las familias, sabe que los alimentos son de los últimos que se resignan”, afirmó.
Para la ganadería, ese retroceso genera resultados diferentes según el destino de la producción. Los actores integrados a la exportación pueden beneficiarse de valores externos firmes, mientras que las plantas dependientes del mostrador local enfrentan menor volumen, costos elevados y dificultades para trasladar aumentos.
Economías regionales y productores que salen del sistema
Consultado por la situación general del campo, Rodríguez rechazó una mirada uniforme. “El campo es una multiplicidad de actores y de sectores, y nosotros vemos muchísimos sectores pasando una situación realmente tremenda”, señaló.
Entre los casos más complejos mencionó a la yerba mate y la vitivinicultura. Son economías con fuerte arraigo territorial, miles de productores y una elevada dependencia del mercado interno. Cuando se combinan menor demanda, costos crecientes, problemas de financiamiento y un tipo de cambio que el sector considera poco competitivo, los establecimientos de menor escala quedan más expuestos.
El funcionario describió un aumento marcado en insumos y combustibles, tasas de interés elevadas y dificultades para convalidar precios. Esa combinación, afirmó, empuja una reducción en la cantidad de productores y establecimientos.
“Aquellos productores de mediana escala están en una situación complicada, producto de una combinación de condiciones: un aumento muy fuerte de los insumos, una caída de la demanda del mercado interno, un dólar que no contribuye a la exportación y una tasa de interés por las nubes”, enumeró.
Su advertencia más concreta se concentró en la lechería. Rodríguez volvió a señalar que desde diciembre de 2023 cerraron más de mil tambos, una cifra que representa una porción significativa de los establecimientos existentes. El Ministerio bonaerense ya había hecho pública esa estimación durante 2026 al reclamar políticas que sostengan una producción con más productores y agregado de valor.
Más litros y más carne, pero con menos productores
La mejora de los indicadores agregados no garantiza que el crecimiento se distribuya entre todos los actores. Según Rodríguez, la producción lechera volvió a aumentar después de la caída de 2024, pero lo hizo junto con un proceso de concentración.
“Hay un incremento de la producción, pero con una fuerte concentración y salida de productores. Tiene mucho que ver con este esquema macroeconómico que termina dejando afuera a una cantidad importante de productores”, afirmó.
El ministro señaló una dinámica semejante en la actividad porcina. Aunque el volumen total puede mostrar crecimiento, las entidades sectoriales registran menos productores y problemas de rentabilidad. La presión de los costos y la dificultad para obtener un precio sostenible en el mercado local vuelven a castigar con mayor intensidad a las escalas pequeñas y medianas.
La concentración tiene consecuencias que exceden la estadística productiva. Cuando cierra un tambo, una granja o una chacra regional, también se debilitan proveedores, transportistas, talleres, comercios y empleos de la localidad. Por eso la cantidad de productores importa tanto como el volumen final.
Ley de Semillas: defensa de UPOV 78 y del uso propio
Otro eje de la entrevista fue el debate por una eventual actualización de la Ley de Semillas y la discusión entre los marcos UPOV 78 y UPOV 91. Rodríguez fijó una posición clara a favor del esquema vigente en la Argentina.
“Somos defensores del esquema UPOV 78, que ha permitido el desarrollo y la generación de innovación y mejoramiento genético en semillas”, sostuvo.
El funcionario planteó que la regulación debe equilibrar la protección de la innovación con las posibilidades productivas. En particular, destacó el derecho al uso propio, contemplado por la Ley 20.247 para el agricultor que reserva y siembra semilla en su explotación bajo las condiciones legales correspondientes.
“El derecho al uso propio, en el sentido consagrado en la Ley de Semillas y establecido en UPOV 78, es para nosotros un principio fundamental”, afirmó. A su juicio, esa herramienta preserva alternativas dentro de las decisiones del productor sin impedir el desarrollo tecnológico.
La discusión sobre semillas forma parte de un debate mayor acerca de quiénes pueden capturar los beneficios de la innovación y bajo qué reglas. Para Rodríguez, la respuesta debe evitar que la modernización expulse productores o limite su capacidad de decidir.
Una política agropecuaria con proyección nacional
La presencia de intendentes y referentes del peronismo en la Semana Angus también abrió un capítulo político. Rodríguez sostuvo que la gestión bonaerense buscó recomponer el diálogo de su espacio con el sector agropecuario a través de políticas sostenidas en producción, agregado de valor, ciencia y tecnología.
“Necesitamos de todas las producciones: del agro, como necesitamos de la industria y del turismo. Necesitamos el crecimiento y el desarrollo de cada uno de esos sectores”, dijo.
El ministro presentó la experiencia provincial como un insumo para una futura propuesta nacional. Esa construcción, afirmó, deberá combinar aumento de la producción con más productores, arraigo y desarrollo local.
Su diagnóstico deja una tensión central para el agro: la Argentina puede aprovechar una demanda internacional favorable y aumentar volúmenes, pero el resultado será incompleto si en el camino se achica la base productiva. Para Rodríguez, la discusión no es sólo cuánto se produce, sino también quiénes logran permanecer dentro del sistema.



