Julio Fernández, el jurado que se hizo entre corrales y viajes: la historia detrás de la pista
Julio Fernández tiene 55 años y una vida ligada a la ganadería que comenzó en la infancia, cuando viajaba los fines de semana a Cañuelas para ayudar en la histórica Estancia Primavera. Su relación con el campo se consolidó a los 16 años, cuando empezó como ayudante cabañero en Marcos Paz y decidió que su futuro estaría entre animales.
La historia de Julio no es solo personal: es la radiografía de cómo se forma un jurado en el circuito de exposiciones y de por qué esos hombres y mujeres definen buena parte de la selección genética y la comercialización de la carne. Comprender su trayectoria ayuda a entender cómo se construyen estándares de raza y cómo se relacionan la tradición y la modernización en la cría bovina.
Desde chico aprendió el valor del trabajo a la antigua: “No, usted va a trabajar a la mañana y a la tarde, y va a estudiar de noche”, le dijo su padre, sintetizando una época. Ese aprendizaje temprano marcó su estilo: disciplina, práctica y respeto por la tarea en los corrales.
Tras recibirse de técnico electromecánico en la escuela, Julio eligió dedicar su vida al campo, acumulando experiencia en tambo, granja y cabañas de prestigio. Pasó por centros genéticos y por establecimientos de Angus y Hereford hasta consolidar su perfil como cabañero y asesor comercial.
Un capítulo clave fue su paso por Eolia SA, donde trabajó 11 años y conoció la logística de la genética bovina, que luego aplicó en exposiciones y juzgamientos. Su recorrido profesional incluyó mudanzas, venta de empresas y la construcción de una reputación que lo llevó a ser convocado por distintas razas.
Su vida personal también está atada al mundo expo: se casó en 1998 con Cristina, a quien conoció en Palermo, y su hijo Cristian se convirtió en compañero de pista y apoyo en las jornadas de jurado. Esa compañía familiar se transformó en un rasgo distintivo: padre e hijo comparten el ritual de las mangas y las devoluciones.
La formación como jurado no fue lineal: requirió adaptación, viajes nocturnos y la persuasión de su mentor, Juan Carlos Signorelli. Ese empujón incluyó un cronograma intenso para compatibilizar trabajo, teoría y práctica hasta completar la capacitación en la Asociación.
La primera vez en la pista y el aprendizaje práctico
Julio recuerda que le costó llegar a jurar en el circuito mayor, porque la jura exige no solo conocimiento sino trayectoria en corrales. Su experiencia práctica le permitió ganar muchas de las pruebas, aunque el curso le aportó contexto histórico y criterios técnicos sobre la carne y la raza.
La primera convocatoria formal llegó en una exposición regional en Dolores y, al año siguiente, juró su primera muestra oficial en Las Flores, desde donde recorrió el circuito bonaerense, pampeano y del Litoral. Esas primeras señales fueron la antesala de saltos más grandes que llegarían con los años.
El diploma en Buenos Aires en 2007 fue un reconocimiento oficial a un recorrido largo y paciente que lo posicionó en listas de jurados. Sin embargo, las oportunidades más importantes aparecieron de formas imprevistas, como cuando quedó como segundo suplente y terminó asumiendo comisiones titulares.
Su “prueba de fuego” fue en la Nacional de Otoño de 2016 en Bolívar, donde jugó una jornada en la que juzgó 121 terneros en una sola tarde. Esa experiencia monumental consolidó su rutina de trabajo en pista y la confianza para enfrentar grandes mangas.
En 2021, con la reanudación de las exposiciones tras la pandemia, Tandil fue la vuelta grande y una oportunidad inesperada para muchos jurados. Julio quedó como suplente y terminó en la pista por la renuncia de los titulares, lo que mostró cómo la actividad sigue dependiente de redes, compromisos y disponibilidad.
Un momento emblemático fue consagrar Gran Campeón a un toro colorado que superaba los 1000 kilos frente a ejemplares de mayor edad y peso. La decisión, avalada por su criterio técnico, demostró que la juventud, la conformación y la corrección pueden imponerse sobre el tamaño absoluto.
La confianza ganó espacio cuando su hijo Cristian pasó a acompañarlo y convertirse en secretario en ocasiones, consolidando un vínculo profesional que nació en la pista. Esa relación padre-hijo aporta también un rostro humano a la dura logística de las exposiciones ganaderas.
De Angus a otras razas: formación, genómica y visión crítica
Con los años Julio amplió su repertorio y hoy lo convocan además de Angus, a Limangus, Hereford, Shorthorn y Simmental, entre otras razas. Esa diversidad le permite comparar estándares, técnicas de selección y enfoques de cría que enriquecen su mirada como jurado.
Su estilo en pista se caracteriza por hablar “lo justo y necesario”, una postura crítica frente al espectáculo que a veces se apodera de las devoluciones largas. Para Julio, el jurado debe priorizar criterio técnico y no la puesta en escena, porque el trabajo serio garantiza credibilidad a largo plazo.
La formación continua también lo llevó a integrar herramientas modernas: la interpretación de la genómica se incorporó como apoyo para diferenciar animales muy parecidos. Esa combinación de experiencia práctica y datos genéticos es una tendencia creciente en la selección bovina y en la evaluación de reproductores.
A pesar del reconocimiento, Julio recuerda reproches sobre su forma de hablar en pista y aconseja a los jóvenes no saltear etapas ni buscar atajos. Su advertencia tiene peso porque él mismo tardó décadas en llegar a jurar en Palermo y en las grandes nacionales.
Su trayectoria incluye sacrificios y viajes remotos, como una vez que recorrió 700 kilómetros hasta Chivilcoy para juzgar apenas tres toros. Esos episodios hablan de una generación que construyó prestigio a fuerza de constancia y trabajo en el territorio.
En 2025 juró finalmente la gran pista de Angus, un objetivo que venía persiguiendo hace tiempo, y fue nuevamente elegido para la Nacional en Cañuelas. Ese hito visibiliza la culminación de una carrera y la renovación de la confianza institucional en su criterio técnico.
Además de la actividad local, recibió invitaciones internacionales, como una para jurar en Brasil, que debió declinar por solaparse con compromisos asumidos con Hereford. Las convocatorias extranjeras reflejan que su trabajo hoy tiene reconocimiento fuera del país y valoración profesional.
Consejos, legado y un proyecto por escribir
Su consejo para las nuevas generaciones es claro: no apurar etapas en la formación y aceptar la humildad del aprendizaje prolongado. Julio recuerda que a él le llevó casi 20 años llegar a jurar en las grandes pistas y sostiene que la credibilidad se construye paso a paso.
El agradecimiento siempre está presente: menciona a Juan Carlos Signorelli como quien le abrió la puerta a Angus y a tantos referentes que lo formaron en la práctica. Esa red de apoyo, combinada con el acompañamiento de su familia, explica parte de su éxito y perseverancia.
Hoy, además de juzgar, evalúa y asesora con foco comercial y en genética controlada, aportando una mirada práctica al productor y al expositor. Ese rol mixto entre técnico y comunicador es clave para conectar la selección con los mercados y con los estándares de calidad de la carne.
Cristian ya le propondrá escribir un libro con su historia como jurado, un proyecto que sintetiza décadas de anécdotas, enseñanzas y decisiones en pista. El material existe y la memoria oral de la actividad ganadera encuentra en relatos como este una manera de preservarse y transmitirse.
Para Julio, la certeza es sencilla y emotiva: “toda la vida se la dejé a los toros”, dice con orgullo y sin arrepentimientos. Ese testimonio resume la pasión por una profesión que define genética, mercados y tradiciones rurales, y que sigue transformándose entre corrales, genómica y nuevas generaciones.



