Por un lado, el turismo internacional en Argentina viene de dejar un déficit de u$s7.221 millones, marcando un récord histórico.
La economía argentina atraviesa un momento de desafíos, y en algunos casos de tensión, por el cambio de modelo propuesto por el Gobierno.
No sólo por la contracción del mercado interno y la apertura comercial sino, también, por la pérdida de competitividad ante la estabilidad del tipo de cambio en una economía que mantiene un estándar de inflación elevado, por encima del 2% mensual, y con una inercia en la suba de los precios difícil de voltear.
En paralelo, la “nueva economía” de Javier Milei dejó a varios rubros -sobre todo de la industria convencional- con problemas para seguir adelante.
Mientras el Gobierno mantiene su enfoque en el ajuste fiscal y la desinflación por vía de la apreciación cambiaria, las empresas enfrentan una explosión de costos medidos en moneda dura, en un contexto de mercado interno deprimido y competencia creciente de las importaciones.
Para un grupo grande de compañías industriales -sobre todo medianas y pequeñas-, la estabilidad nominal del tipo de cambio, lejos de ser un alivio, puede ser una trampa de pinzas para el sector.
Para tomar dimensión de la gravedad, se trata del salto más importante desde aquel fatídico primer trimestre de 2024, cuando la devaluación de fines de 2023 disparó los costos un 38%.
Disparada de costos
De acuerdo con un informe especial de la consultora Sistémica, del economista Federico Poli, el índice de costos industriales registró una suba del 11,4% en dólares durante el primer trimestre de este año.
El fin del “ancla” energética y el impacto del crudo
Durante gran parte del año pasado, las empresas habían logrado sostener sus márgenes gracias a que la caída de los precios internacionales de la energía y los combustibles funcionó como un verdadero amortiguador. Pero ese alivio se terminó.
Sin embargo, la diferencia con aquel escenario luce alarmante: en 2024, los precios acompañaron el movimiento; hoy, los costos suben con los precios de los productos industriales “planchados” o directamente en franca caída.
Esta presión externa se combina ahora con la decisión oficial de recomponer los precios regulados.
La suba del precio del petróleo por la guerra en Medio Oriente -a niveles comparables con los de la invasión rusa a Ucrania- ya impactó en la nominalidad de las compañías.
Ya no hay sectores a salvo: incluso los intensivos en recursos naturales, que históricamente eran los más resilientes, sufrieron un aumento de costos del 13% en el trimestre, destacó el reporte de Poli.
Solo en el primer trimestre de 2026, el componente de “energía eléctrica y gas natural” en la estructura de costos industriales saltó un 14,6% medida en dólares, mientras que los insumos industriales subieron un 10,4%.
Las firmas industriales se encuentran en un callejón sin salida: por un lado, la caída del tipo de cambio nominal (-3,6% en el primer trimestre, por debajo de los $1.400 el dólar mayorista) encarece todos los componentes locales en moneda dura. Por el otro, el debilitamiento del consumo masivo y la presión de los productos importados impiden trasladar esos aumentos a las góndolas.
El drama de producir con márgenes negativos
De acuerdo al informe, hoy en día existe un “deterioro de la estructura productiva que llega a niveles acuciantes”.
El círculo vicioso es claro: menos margen, menos inversión y, por lo tanto, menos empleo. Es lo que se está observando en esas compañías de la industria tradicional.
El resultado es una reducción generalizada de los márgenes operativos. Las empresas transables que producen para el mercado interno están, literalmente, “contra las cuerdas”.
Casos emblemáticos como la quiebra de SanCor o el cierre de la planta de FAPA (única fabricante nacional de aisladores eléctricos) ilustran este “proceso de desindustrialización”.
Liquidación de empresas
Las cifras de la economía real son escalofriantes. Desde diciembre de 2023, más de 24.000 empresas han cerrado sus puertas en Argentina.
El caso de FAPA puede ser emblemático: la empresa cubría dos tercios del mercado nacional, el Gobierno optó por suspender medidas antidumping para facilitar importaciones. No se buscaron alternativas para sostener la capacidad local. O para darle tiempo a la compañía hacia una reconversión.
Para los industriales resulta especialmente preocupante la falta de respuestas por parte del Ejecutivo.
Los industriales vienen reclamando la puesta en marcha de planes oficiales para apoyar una reconversión.
El informe de Poli advierte que, mientras las economías más desarrolladas avanzan hacia una protección de sus cadenas industriales críticas, ante el avance de China, en la Argentina parece transitar el camino opuesto.





