Con malezas que muestran cada vez más resistencias, el manejo del maíz se volvió un desafío que obliga a replantear tácticas de control para proteger rindes y reducir costos de campaña. Entender cuándo y cómo actuar es clave porque una estrategia inadecuada puede acelerar la pérdida de herramientas útiles y aumentar los gastos de producción.
Las recomendaciones llegaron en el 5° Congreso Internacional de Maíz (CIM), en Córdoba, donde especialistas plantearon alternativas concretas para enfrentar la problemática. Intervinieron los ingenieros agrónomos Diego Ustarroz, Martín Asurmendi y Pablo Carpane, con datos de ensayos y experiencias de campo.
Un eje central fue la necesidad de combinar herbicidas con distintos modos de acción, planificar el uso de residuales y tener en cuenta las precipitaciones al definir aplicaciones. Estas decisiones no solo afectan la eficacia inmediata, sino que condicionan la evolución de la presión de selección sobre las malezas.
Ustarroz recomendó comenzar a pensar los barbechos de los lotes que irán a maíz tardío y, si es posible, realizar un control de las malezas ya nacidas durante la primera quincena de octubre. Luego sugirió aplicar un herbicida residual que contenga nuevos nacimientos hasta acercarse a la siembra, para reducir los rebrotes tempranos.
Sobre el yuyo colorado (Amaranthus hybridus), el especialista presentó un seguimiento que evidenció la magnitud del problema: entre octubre y marzo contabilizaron 25.200 nacimientos por metro cuadrado en 11 momentos diferentes. Ese dato muestra por qué un residual puntual puede quedar corto frente a especies que germinan durante largos períodos.
En el caso de Ipomoea, Ustarroz advirtió que muchos residuales habituales en maíz ofrecen un desempeño limitado y que los lotes con alta presencia requieren una estrategia pensada antes de la siembra y probablemente un control adicional una vez implantado el cultivo. Incluso con un buen residual, explicó que a los 40 o 45 días pueden comenzar nuevos nacimientos que obliguen a intervenciones posteriores.
Qué tácticas prácticas aplicar en cada lote
Una recomendación recurrente fue aplicar inhibidores de la PPO en mezcla o en forma secuencial con pyroxasulfone para mejorar el control de Amaranthus y otras especies emergentes. Repetir una misma herramienta a lo largo de las campañas aumenta la presión de selección y acelera la aparición de resistencias, por lo que la rotación y la combinación son estrategias preventivas.
Los ensayos también mostraron un antagonismo cuando se mezclan 2,4‐D y haloxifop, con una caída en el control de gramíneas que no se compensa necesariamente aumentando la dosis de haloxifop. Según los técnicos, no existe un 2,4‐D que corrija ese efecto y por eso es clave evaluar compatibilidades antes de aplicar mezclas en tanque.
Ustarroz subrayó además la variabilidad espacial del problema: la respuesta a un herbicida puede cambiar entre campos separados por apenas unos kilómetros, por lo que no se puede asumir que una herramienta que funciona en un lote tendrá el mismo resultado en el vecino. Conocer y monitorear cada lote es imprescindible para ajustar recetas de manejo y evitar sorpresas.
Asurmendi aportó datos sobre la influencia de la lluvia posterior a la aplicación: comparó residuales con 37 mm de lluvia y con apenas 11 mm y observó diferencias marcadas en la eficacia. Los picos de nacimientos estuvieron asociados a episodios de lluvia y la mayor concentración coincidió con los maíces tempranos, lo que modifica la exigencia sobre un residual a lo largo de la campaña.
El comportamiento de los principios activos frente al agua también varió; algunos necesitan menos lluvia para activarse y otros requieren más aporte hídrico. Por eso, la recomendación técnica fue elegir herbicidas que se complementen según el histórico de precipitaciones del lote y comprobar la compatibilidad de las mezclas en el tanque antes de aplicarlas.
Carpane insistió en no depender de una sola herramienta durante el ciclo y en alternar herbicidas entre distintas familias y modos de acción a lo largo del año. Mantener un plan de manejo diversificado reduce la velocidad de aparición de resistencias y preserva opciones de control para futuras campañas.
En la práctica, los técnicos recomiendan mapear las infestaciones, registrar los resultados por lote y programar barbechos y aplicaciones según la historia de resistencias y la previsión de lluvias. Mapear resistencias, comprobar mezclas y llevar un registro de aplicaciones mejora la toma de decisiones y la trazabilidad de las intervenciones.
Desde la perspectiva económica y climática, fallas en el control pueden traducirse en pérdidas de rendimiento y mayores costos de manejo, mientras que la variabilidad climática aumenta la incertidumbre sobre la eficacia de los residuales. Actuar con planificación técnica y monitoreo continuo reduce riesgos y protege la rentabilidad del cultivo.
Los especialistas del CIM coinciden en que la ventana de acción comienza ahora: preparar los barbechos, revisar recetas de aplicaciones y consultar ensayos locales son pasos que pueden marcar la diferencia en la próxima campaña. La recomendación final es consultar a su equipo técnico y priorizar estrategias integradas antes de depender de una única solución química.
La nota fue elaborada por Pilar Vázquez para Palabra de Campo y resume las presentaciones de especialistas en Córdoba durante el 5° CIM. Para profundizar, consulte a su asesor técnico o participe en jornadas y ensayos locales para adaptar las recomendaciones a su realidad productiva.



