Las lluvias récord que azotaron la región núcleo entre el 14 y el 19 de mayo provocaron anegamientos generalizados en campos y caminos del noreste de Buenos Aires, interrumpiendo las labores de cosecha de soja y generando serias complicaciones para la siembra de trigo. Localidades como Chacabuco, Rojas y Baradero sufrieron precipitaciones que superaron los 300 milímetros en apenas 72 horas, cifras que cuadruplican los promedios históricos de mayo.
El consultor Alfredo Elorriaga señaló que “la situación hídrica se volvió muy complicada en la región”, donde ya se ha acumulado entre el 70% y el 95% del total anual de precipitaciones. Esta persistencia de lluvias ha generado un retraso crítico en la cosecha de soja 24/25. Los técnicos advierten que muchos lotes con más de 100 mm aún presentan agua en superficie, lo que aumenta el riesgo de desgrane, granos manchados y pérdidas de calidad.
Tres escenarios agrícolas: entre el drenaje y el desastre
En el noroeste de Buenos Aires, donde llovieron entre 100 y 200 mm, los técnicos destacan que aún no hay daños severos en los rendimientos, pero alertan por los atrasos: entre un 10% y 30% de la soja de primera y buena parte de la de segunda siguen sin cosechar.

En localidades como Rojas, Wheelwright y Colón, el agua drenó con rapidez. Desde Wheelwright aseguran: “en muchos lotes que recibieron 150 mm, ya estamos cosechando”. Sin embargo, en zonas planas como Arrecifes, Chacabuco y San Antonio de Areco, los anegamientos persisten y reina la incertidumbre sobre lo que se podrá recolectar.
En Río Tala, el desborde del río Arrecifes provocó inundaciones en viviendas y el corte de rutas. En Chacabuco, con un acumulado de 370 mm, se registró el mayor valor en 28 años. Baradero marcó 258 mm, un récord en casi dos décadas.
La siembra de trigo avanza con dos caras opuestas
Mientras el norte de la región núcleo comienza con normalidad la siembra de trigo, el noreste bonaerense se encuentra virtualmente paralizado por el exceso de humedad. Técnicos de Cañada de Gómez y Corral de Bustos aprovecharon las lluvias para incorporar urea y avanzar con barbechos, asegurando perfiles bien recargados. En cambio, en Rojas y Colón, las lluvias lavaron las aplicaciones de residuales, y las labores de preparación aún no han comenzado.
En Aldao, Santa Fe, los técnicos esperaban sembrar a fines de mayo, pero ahora admiten que la fecha límite del 15 de junio para ciclos largos está en riesgo. En zonas más estables como María Susana y Gálvez, el inicio de la siembra triguera no sufrirá mayores demoras.
Daños localizados por granizo en el oeste de la región
En el partido de General Villegas, las lluvias fueron dispares. En el norte, Piedritas y Santa Eleodora sufrieron dos fuertes eventos de granizo, con rotura de instalaciones, silobolsas y daños materiales en zonas rurales. Allí aún resta evaluar los daños sobre cultivos no cosechados.
En General Pinto, si bien las lluvias no provocaron pérdidas de rendimiento, el 30% de la soja de primera y casi toda la de segunda siguen sin cosecharse. Técnicos de la zona reportan problemas logísticos, mercadería húmeda y deterioro en la calidad del grano.
Buen cierre para la soja en el sur de Santa Fe
En localidades como Bombal, Bigand y San Gregorio, las lluvias fueron leves y no se reportaron daños. En la mayoría de estos puntos, la soja ya fue cosechada y los técnicos se enfocan en la planificación de la siembra triguera.
En Corral de Bustos, la soja superó las expectativas con rindes por encima de los 50 qq/ha en muchos lotes. El maíz tardío, en cambio, no alcanzó los rendimientos proyectados, afectado por la humedad y la imposibilidad de avanzar con la cosecha. Sin embargo, los perfiles de suelo cuentan con hasta 300 mm de agua útil, lo que ofrece un excelente punto de partida para el trigo.
Las lluvias trajeron alivio hídrico, pero también caos logístico y desafíos productivos. La región núcleo se debate entre aprovechar la recarga de napas y salvar la cosecha antes de que el clima vuelva a jugar en contra. Todo dependerá de una variable que el agro no puede controlar: que el cielo dé una tregua.


