La apertura del mercado japonés a la carne vacuna argentina no es un dato menor: se trata del acceso a uno de los principales importadores globales por un valor aproximado de US$ 3.100 millones anuales y supone la superación del aislamiento que imponía pertenecer al grupo de “países aftósicos”. La noticia modifica el mapa comercial del sector y abre oportunidades para diversificar destinos más allá de China, principal comprador histórico.
El proceso no fue simple ni corto: las negociaciones con Japón llevan casi 20 años y se aceleraron en los últimos dos ejercicios con mayor voluntad política para eliminar cuotas y restricciones. En el camino hubo gestiones técnicas y pasajes políticos que ilustran la volatilidad del tema, con funcionarios que impulsaron aperturas y otros que dejaron la escena.
La aprobación japonesa reconoce el impacto de planes de vacunación de largo plazo y la existencia de un servicio sanitario con trazabilidad, en particular el rol del Senasa. Este avance técnico y administrativo contrasta con episodios del pasado, como la decisión de ocultar la reaparición de la fiebre aftosa hace 26 años, y muestra que la previsibilidad sanitaria suma credibilidad internacional.
Además de Japón, la certificación sanitaria abre la puerta a otro mercado muy apetecido: Corea del Sur, con lo que la Argentina logra conectarse con los países que más crecieron en las últimas décadas. La diversificación de destinos reduce riesgos y permite adaptar la producción a segmentos de mayor valor.
Qué implica para la producción y el negocio
En lo comercial quedan desafíos relevantes: los aranceles que enfrenta la carne argentina son hoy más altos que los de los principales competidores como Estados Unidos y Australia, lo que limita la competitividad precio. Esa situación refleja décadas de políticas comerciales cautelosas y la ausencia de acuerdos de libre comercio que hubieran facilitado la inserción internacional.
Los indicadores productivos muestran señales alentadoras: el informe de la Fundación Mediterránea-Ieral menciona el aumento del peso medio de la res, la retención incipiente de vientres y un récord de exportaciones como factores que fortalecen la capacidad productiva futura. Esas tendencias son coherentes con una demanda global creciente de proteínas animales de alta calidad y con la posibilidad de mejorar la eficiencia del sistema.
Pero el proceso no está exento de traspiés: los frigoríficos orientados al mercado interno sufren por la caída del consumo y los feedlots enfrentan problemas de rentabilidad, lo que condiciona la cadena en su conjunto. Esa tensión entre mercados internos y externos marca la necesidad de políticas que acompañen la transición productiva sin descuidar el abastecimiento doméstico.
A nivel regulatorio persiste una asignatura pendiente: aunque el Gobierno eliminó varias restricciones al comercio exterior de carne, mantiene la vigencia de los Derechos de Exportación (DEX) sobre la carne de novillo. Esa carga tributaria reduce la competitividad y fue una oportunidad perdida cuando el presidente no anunció su eliminación en la Exposición Rural de Palermo.
Desafíos regulatorios y oportunidades comerciales
Para aprovechar la apertura japonesa será indispensable negociar condiciones arancelarias, potenciar acuerdos bilaterales y mantener la consistencia sanitaria y de trazabilidad que exige la demanda de alto valor. También será clave invertir en cadena fría, logística y en la comercialización de cortes premium que capturen mayor valor por kilo exportado.
Si la Argentina logra consolidar reglas previsibles en mediano y largo plazo, la cadena ganadera puede capitalizar el momento y reducir su dependencia de mercados únicos como China. La clave será combinar incentivos para la producción eficiente con políticas que reduzcan costos de acceso y fomenten el valor agregado en origen.
La apertura a Japón es, por tanto, un hito técnico y comercial que pone al sector frente a una oportunidad real y exigente: convertir la habilitación sanitaria en ventas sostenibles requerirá decisiones públicas y privadas coordinadas. Por Cristian Mira, para Palabra de Campo.



