“El déficit hídrico continuó siendo importante como consecuencia de las altas temperaturas diarias y la ausencia de lluvias, por lo cual, con el transcurso de los días se incrementó el amarillamiento, marchitamiento, el cambio de la intensidad de la coloración de las plantas y su mortandad”, indica el trabajo.
Además, añade que “afectó también el llenado de los granos, por lo que se obtendrían mazorcas más pequeñas y con menor número de granos o más chicos”.
El informe indica que “la realidad climática y su diaria variación aceleraron las definiciones de los maizales, observándose el intenso movimiento de equipos para su picado/embolsado”.
“En los últimos 10 años, el promedio de la superficie afectada a ese destino fluctuó entre 20.000 a 25.000 hectáreas, pero ante el impacto térmico se estimó que 10.000/12.000 hectáreas más del cereal se sumarían a dicho proceso”, añade el texto.
En cuanto a la soja de segunda, que para esta campaña tenía una intención de siembra de unas 550.000 hectáreas, finalizó con la implantación de 533.500.
La implantación de la soja tardía en los diferentes departamentos, ante la disminución del agua útil en la cama de siembra, las elevadas temperaturas e importante evapotranspiración, presentaron una muy heterogénea y variada situación de los estados vegetativos.




