El Gobierno nacional anunció una baja gradual de las retenciones a las exportaciones agropecuarias que generó un intenso debate sobre sus efectos fiscales y su impacto en el bolsillo del productor. La medida, presentada por el presidente Javier Milei y detallada por el ministro de Economía, Luis Caputo, apunta primero a trigo y cebada y se extenderá por etapas a otros cultivos hasta 2028. Aquí se sintetizan las principales cifras, escenarios y reacciones, con foco en el costo fiscal estimado y el beneficio real para los productores.
Qué implica la baja y su calendario
– La reducción anunciada es progresiva: comienza por trigo y cebada y luego alcanza a la soja, maíz, girasol y sorgo según un cronograma que culmina en 2028.
– Según uno de los reportes citados, en 2026 la medida impactaría solo en trigo y cebada en torno a 32 millones de dólares; para 2028 el impacto ya sería pleno y, según una proyección, las menores recaudaciones por retenciones al agro podrían alcanzar los 1.200 millones de dólares.
Impacto fiscal: estimaciones oficiales y de entidades
– El Ministerio de Economía, a través de Caputo, estimó un impacto fiscal de aproximadamente 30 millones de dólares para lo que queda de la campaña corriente (con efecto en 2026) y entre 50 y 60 millones para la campaña que empieza (con impacto en 2027).
– La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) consideran que el costo fiscal inicial es relativamente acotado: la BCR lo ubica cerca de 29 millones de dólares para el año en curso.
– Las cifras pueden variar según la dinámica de ventas al exterior: si la rebaja incentiva ventas y eleva las exportaciones del ciclo triguero 2025/26 a 20 millones de toneladas, el costo fiscal para ese cereal caería a unos 12,7 millones de dólares. Con los saldos remanentes y precios FOB promedio junio-noviembre, el costo fiscal estimado sería de unos 26,2 millones para trigo y 3,3 millones para cebada.
– Tomando la intención de siembra proyectada en mayo, el costo fiscal agregado entre trigo y cebada podría ser de alrededor de 78 millones de dólares, cifra que podría verse compensada por mayor producción y comercio externo en la campaña fina.
– Para 2026/27 y 2027 los cálculos se vuelven más inciertos. El economista Juan Manuel Garzón, del IERAL (Fundación Mediterránea), advierte que, según distintos supuestos de exportaciones, el costo fiscal para trigo en 2026/27 podría oscilar: si las exportaciones suben a 13,5 millones de toneladas, el costo se reduciría a 47 millones; a 14,5 millones, bajaría a 34 millones.
– En un escenario más amplio considerando los productos agropecuarios alcanzados por la medida, Garzón planteó para 2027 una menor recaudación preliminar entre 390 y 690 millones de dólares, equivalente a entre 0,06% y 0,10% del PIB proyectado para ese año.
– Otros escenarios técnicos consideran que, si la reducción mensual fuera de 0,25 puntos porcentuales y la producción 2026/27 fuera similar a la actual, el costo fiscal rondaría los 300 millones; si la baja mensual fuera de 0,5 puntos, podría acercarse a 600 millones.
Cómo se traduce la medida en el bolsillo del productor
– Coninagro destacó que la baja de 2 puntos porcentuales en trigo y cebada compensa en gran medida —según su cálculo, casi 100%— los aumentos en insumos críticos como la urea y el gasoil. Esa lectura reforzó la percepción del sector cooperativo de que la medida tiene un efecto inmediato para aliviar costos.
– La BCR estimó que la mejora en el FAS teórico (precio en puerto sin transporte) sería de entre 4,8 y 4,9 dólares por tonelada con el nuevo esquema de derechos de exportación (DEX). En términos relativos, la capacidad teórica de pago mejoraría entre 2,2% y 2,3% para las posiciones actuales y la nueva cosecha, según precios de referencia.
– Aún así, voces técnicas y rurales advierten que el alivio puede ser insuficiente. El ruralista Néstor Roulet sostuvo que la reducción al 5,5% para trigo “tiene sabor a poco”: según su análisis, la baja cubre solo entre 36% y 38% del aumento de costos de producción acumulado en los últimos tres meses. Roulet plantea que, ante subas significativas en fertilizantes y combustibles, la eliminación total del tributo sería la medida necesaria para recuperar márgenes y evitar decisiones de no implantar trigo en rotaciones con soja.
Riesgos y decisiones de cultivo
– La medida reduce presiones pero no elimina riesgos: si los costos siguen altos, algunos productores pueden optar por modificar rotaciones o reducir la intención de siembra de trigo, priorizando cultivos de mayor rentabilidad o menor exposición a insumos caros.
– La respuesta del mercado exportador —si se acelera la venta de remanentes a valores FOB, o si la medida incentiva mayor colocación externa— será clave para ajustar el costo fiscal y la distribución del beneficio entre distintos eslabones de la cadena.
Conclusión: alivio inmediato, debates abiertos
La baja de retenciones anunciada ofrece un alivio tangible y acotado para trigo y cebada en el corto plazo y proyecta reducciones más amplias hacia 2027-2028 para otros cultivos. Las estimaciones oficiales y de entidades privadas coinciden en que el costo fiscal inicial es limitado, pero la magnitud del impacto total dependerá de la forma de aplicación (velocidad de la baja), la respuesta de las exportaciones y la evolución de precios e insumos. Para los productores, la medida mejora la liquidez y la capacidad de pago en el corto plazo, aunque para algunos analistas no alcanza a compensar íntegramente los aumentos de costos recientes, lo que mantiene abierto el debate sobre cambios más profundos en la política de retenciones.





