domingo 1 febrero 2026

Macron y Meloni frenan el acuerdo UE-Mercosur: la semana clave que puede definir una prórroga

Francia e Italia piden postergar la aprobación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. Las presiones agrícolas reabren el debate en Bruselas y ponen en duda una firma antes de fin de año.

El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur volvió a quedar en suspenso justo cuando parecía encaminarse hacia su tramo final. Las posiciones adoptadas en las últimas horas por el presidente francés Emmanuel Macron y la primera ministra italiana Giorgia Meloni reactivaron las tensiones internas en la UE y abrieron la puerta a una postergación que podría estirar el proceso hasta 2026.

Después de más de dos décadas de negociaciones, la Comisión Europea buscaba cerrar el tratado antes de fin de año, con una firma política durante la cumbre del Mercosur prevista para diciembre. Sin embargo, la resistencia de dos de los principales socios del bloque comunitario volvió a cambiar el clima en Bruselas y obligó a recalcular los tiempos.

Qué están pidiendo Macron y Meloni

Francia mantiene una postura firme: Macron considera que el acuerdo, tal como está redactado, no ofrece garantías suficientes para proteger a los productores agropecuarios europeos. El eje de su reclamo pasa por reforzar las cláusulas de salvaguarda frente a las importaciones del Mercosur, en especial en carne vacuna, aviar y otros productos sensibles para el campo francés.

Italia, por su parte, se alineó en los últimos días con esa visión. Giorgia Meloni sostuvo que avanzar con la firma en el corto plazo sería “prematuro” y reclamó más tiempo para evaluar el impacto del tratado sobre sectores estratégicos de su economía. Roma evita hablar de un bloqueo definitivo, pero impulsa claramente un aplazamiento de la decisión.

Esa combinación no es menor: Francia e Italia, junto con otros países reticentes como Polonia o Austria, podrían conformar una minoría de bloqueo capaz de impedir que el acuerdo avance en el Consejo Europeo.

Qué puede pasar esta semana en Bruselas

El escenario inmediato es de máxima incertidumbre. La Comisión Europea pretendía someter el acuerdo a una definición política en los próximos días, pero fuentes diplomáticas reconocen que crecen las chances de que no haya votación esta semana para evitar una derrota formal o una fractura interna.

En ese contexto, la opción que gana terreno es una prórroga de facto: no se rechaza el acuerdo, pero tampoco se lo aprueba. El expediente quedaría abierto, a la espera de nuevas negociaciones técnicas sobre salvaguardias agrícolas, estándares ambientales y mecanismos de compensación.

Si ese camino se consolida, la firma prevista para diciembre quedaría descartada y el tratado pasaría automáticamente a la agenda de 2026, en un escenario político europeo todavía más complejo por elecciones, cambios de gobierno y presiones sociales.

El impacto para el Mercosur y la Argentina

Desde Sudamérica, la demora genera preocupación. Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay ven en el acuerdo una oportunidad estratégica para ampliar exportaciones, atraer inversiones y ganar previsibilidad comercial en un mundo cada vez más fragmentado.

Para la Argentina, en particular, el acuerdo representa una puerta de entrada preferencial a un mercado de alto poder adquisitivo, aunque también plantea desafíos internos en materia de competitividad y adaptación normativa. Cada prórroga diluye expectativas y retrasa decisiones de inversión asociadas al comercio bilateral.

Mientras tanto, líderes regionales insisten en que el acuerdo ya contempla compromisos ambientales y sanitarios exigentes, y advierten que nuevas dilaciones pueden erosionar la credibilidad de la Unión Europea como socio estratégico.

Un acuerdo atrapado entre la geopolítica y la política interna

El freno impulsado por Macron y Meloni refleja una tensión más profunda dentro de la UE: la dificultad de compatibilizar objetivos geopolíticos globales con las presiones domésticas del sector agropecuario. En un contexto de protestas rurales, inflación y elecciones, pocos gobiernos están dispuestos a asumir costos políticos inmediatos.

Así, la semana que comienza en Bruselas aparece como un punto de inflexión. No definirá necesariamente el futuro final del acuerdo UE-Mercosur, pero sí marcará si Europa está dispuesta a avanzar o si, una vez más, opta por ganar tiempo. Para el Mercosur, ese tiempo también tiene un costo.

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