La campaña de maíz 2026/27 parte de una proyección ambiciosa: 8,4 millones de hectáreas y 66 millones de toneladas. El volumen sería 3,1% superior al del ciclo previo y colocaría al cultivo entre los principales responsables de una cosecha gruesa que, en conjunto, podría acercarse a registros récord.
El agua ofrece una base favorable en muchas zonas, pero no resuelve por sí sola el resultado. La disponibilidad de nitrógeno, la calidad del diagnóstico y el momento de la aplicación definirán cuánto del potencial climático consigue transformarse en biomasa, espigas y granos.
Profertil puso el foco en esa combinación al presentar su estrategia para la nueva campaña. La empresa plantea que el análisis de suelo debe preceder a la elección de fuente y dosis, especialmente en un ciclo asociado a El Niño, con mejores perfiles hídricos pero también con riesgo de excesos, anegamientos y pérdidas de nutrientes.
Una campaña de 66 millones de toneladas
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires mantuvo una estimación de 8,4 millones de hectáreas para maíz y una producción de 66 millones de toneladas, frente a 64 millones del ciclo anterior. El número forma parte de una proyección nacional de 157,9 millones de toneladas para los principales cultivos de la campaña 2026/27.
El escenario productivo combina señales favorables y restricciones. Las lluvias recargaron numerosos perfiles y redujeron el riesgo de arrancar con una reserva insuficiente. Al mismo tiempo, los márgenes obligan a usar con mayor precisión cada insumo y a evitar decisiones de fertilización construidas solamente con promedios regionales.
Dos lotes vecinos pueden tener disponibilidades diferentes de nitrógeno por historia agrícola, cultivo antecesor, textura, materia orgánica, erosión, manejo previo y rendimiento alcanzado. Aplicar una dosis uniforme sin medir esas variables puede dejar sectores subfertilizados y otros con nutrientes que el cultivo no llega a capturar.
El análisis de suelo como punto de partida
El muestreo permite conocer la disponibilidad inicial y detectar limitantes antes de definir la estrategia. No elimina la incertidumbre, pero reduce la porción de la decisión basada en supuestos. La profundidad, el momento, la cantidad de submuestras y la delimitación de ambientes condicionan la representatividad del resultado.
En lotes variables, una única muestra compuesta puede esconder diferencias importantes. Separar ambientes por productividad, relieve, textura o historia de manejo ayuda a ajustar dosis y a concentrar la inversión donde existe mayor probabilidad de respuesta.
El diagnóstico tampoco termina en nitrógeno. Fósforo, azufre, zinc, pH y otros indicadores pueden limitar el crecimiento. La nutrición balanceada exige identificar cuál es el factor que frena el sistema y evitar que el incremento de un solo nutriente deje expuesta otra carencia.
Profertil resume el enfoque en cuatro preguntas: cuál es la fuente adecuada, en qué momento conviene aplicarla, qué dosis requiere el ambiente y de qué manera puede incorporarse con la mayor eficiencia. La respuesta depende del lote y de la campaña, no solamente del producto disponible.
Por qué el nitrógeno pesa tanto en el rendimiento
El maíz utiliza nitrógeno para construir hojas, tallos y estructuras reproductivas. Una disponibilidad insuficiente limita la captura de radiación y condiciona tres componentes del rendimiento: número de espigas por metro cuadrado, granos por espiga y peso final de esos granos.
La demanda cambia a lo largo del ciclo. Una parte del nutriente puede aplicarse a la siembra y otra durante el desarrollo, de acuerdo con el sistema y la capacidad operativa. Dividir la dosis permite adaptar la decisión a la evolución del cultivo y disminuir la exposición temprana, aunque requiere equipos y ventanas de ingreso.
La lluvia cumple un doble papel. Ayuda a incorporar el fertilizante y favorece el crecimiento, pero un exceso puede aumentar lixiviación, desnitrificación o dificultades para entrar al lote. En aplicaciones superficiales de urea, las condiciones de temperatura, humedad y tiempo hasta la incorporación también influyen sobre la volatilización de amoníaco.
Urea protegida y pérdidas por volatilización
Entre las opciones presentadas por Profertil aparece eNeTOTAL PLUS, una urea granulada con un inhibidor de la ureasa compuesto por dos principios activos. La empresa sostiene que la tecnología demora la hidrólisis y disminuye la pérdida de nitrógeno por volatilización, ampliando la ventana para que una lluvia incorpore el fertilizante.
Ensayos de la propia compañía realizados entre 2020 y 2024 compararon urea convencional y la fuente estabilizada en Balcarce y Oliveros. El boletín técnico informó una reducción promedio cercana al 70% en las pérdidas por volatilización. Los resultados variaron según localidad, campaña, dosis y condición hídrica, por lo que no deben trasladarse automáticamente a todos los planteos.
La fuente protegida no reemplaza el análisis de suelo ni corrige una dosis mal calculada. Tampoco elimina otras vías de pérdida. Su utilidad depende del riesgo de volatilización, el sistema de aplicación, el costo relativo y la probabilidad de incorporación por lluvia.
Más agua también exige más precisión
Una campaña Niño puede elevar los techos de rendimiento, pero para alcanzarlos el cultivo necesita disponer de nutrientes en cantidad y momento adecuados. Cuando el potencial aumenta, una deficiencia puede representar una pérdida mayor de kilos. A la vez, las lluvias frecuentes hacen más compleja la logística y pueden acortar las ventanas para fertilizar.
La estrategia necesita contemplar escenarios. Si una aplicación se demora por falta de piso, el establecimiento debe saber hasta qué estado puede ingresar, qué equipos tiene disponibles y cómo cambia la respuesta esperada. Si la lluvia anunciada no llega, también debe evaluar la exposición de la urea aplicada en superficie.
El resultado económico surge de esa secuencia y no de una sola decisión. Muestrear, ambientar, calcular demanda, elegir fuente, definir momento y revisar el cultivo son pasos conectados. El objetivo no es maximizar la cantidad de fertilizante, sino la eficiencia con la que cada kilo aplicado se convierte en producción.
Con 66 millones de toneladas proyectadas, el maíz vuelve a ocupar un lugar central en la campaña argentina. Los perfiles hídricos ofrecen una oportunidad, pero la captura de ese potencial se decidirá lote por lote. Allí, el análisis de suelo deja de ser un trámite y se transforma en la primera inversión de la estrategia nutricional.



