Según el Reporte GEA de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la región núcleo vivió una verdadera maratón de sembradoras en los últimos siete días. Fueron 610.000 hectáreas implantadas, lo que eleva el progreso de la campaña de maíz temprano al 35% de las 1,75 millones proyectadas, un ritmo que revela la urgencia de los productores por adelantarse a las lluvias previstas para el fin de semana.
El sudeste de Córdoba y el centro-sur de Santa Fe encabezan los avances, con 60% y 55% del área ya cubierta, respectivamente, de acuerdo con la BCR. En Marcos Juárez, los técnicos explican que “se sigue sembrando a muy buen ritmo” y confían en que las próximas precipitaciones no frenen demasiado la dinámica. En localidades como María Susana, la mitad de los lotes previstos ya fue implantada; allí la última lluvia fue escasa y permitió trabajar sin contratiempos, aunque ahora los técnicos advierten que todo depende de cuánto descarguen las tormentas venideras.
El contraste se da en el norte bonaerense. Distritos como 9 de Julio o Junín permanecen prácticamente sin actividad de siembra debido a los excesos hídricos acumulados en los últimos meses. En General Pinto apenas se avanzó en lomas, a la espera de que el frente de tormenta permita tomar decisiones más firmes. Allí, calculan que si caen más de 50 milímetros, las pérdidas podrían rondar entre el 20 y 30% de lo sembrado. Ese escenario sería un golpe duro, considerando que cada bolsa de semilla cuesta alrededor de 200 dólares y que los márgenes de la campaña ya son ajustados.
La advertencia también llega desde Aldao, en Santa Fe. Allí los ingenieros explican que lluvias de 60 a 80 milímetros podrían generar una expansión de los bajos y problemas graves en campos planos. Encostramientos que dificulten la emergencia, pérdida de semilla por anegamiento o incluso granos flotando en siembras recientes son algunas de las consecuencias que se temen. Los productores saben que se trata de un momento crítico: el esfuerzo de la siembra puede verse en riesgo en cuestión de horas si el agua desborda los perfiles.
La incertidumbre se multiplica porque septiembre es un mes de gran variabilidad atmosférica. El consultor Alfredo Elorriaga, citado por la BCR, explica que “los cambios estacionales complejizan los pronósticos, incluso en el corto plazo. Las lluvias previstas han tenido modificaciones importantes de volumen y cobertura en apenas dos días, lo que dificulta prever con certeza cuáles serán las zonas más afectadas”. En este contexto, los modelos del informe GEA estiman que entre el viernes 19 y el sábado 20 podrían acumularse entre 30 y 50 mm en el sur de Santa Fe y el norte bonaerense, mientras que el este de la región núcleo recibiría entre 20 y 30 mm.
La mejora llegaría recién hacia el domingo por la noche, con viento sur y un marcado descenso térmico. Las máximas bajarían a 17-19°C y las mínimas oscilarían entre 3 y 5°C hacia el martes 23. Esa irrupción de aire frío podría estabilizar la situación, pero antes el campo deberá atravesar un fin de semana de tormentas generalizadas que, según la BCR, genera expectativa y temor en partes iguales.
El trigo se sostiene, pero septiembre será decisivo
Mientras el maíz concentra la atención, el trigo atraviesa una etapa clave. En la región núcleo, el 5% de los lotes ya despliega la hoja bandera, el 65% está en encañazón y el 30% restante continúa en macollaje. La condición es en su mayoría favorable: el 90% se ubica entre muy bueno y excelente, un 7% se califica como bueno y apenas un 3% figura entre regular y malo debido a excesos hídricos, de acuerdo con el relevamiento de la BCR.
En comparación con el año pasado, los números marcan una mejora significativa. En 2024, para esta misma fecha, el 14% de los lotes estaba en estado regular y el 4% en malas condiciones. Hoy, la situación es distinta gracias a la recarga hídrica del invierno y a un manejo sanitario que hasta ahora mantiene a raya las enfermedades. Mancha amarilla y roya amarilla aparecen de manera puntual, pero las aplicaciones preventivas con fungicidas en localidades como Marcos Juárez o Bombal permiten sostener la sanidad. La expectativa es que no se requiera una tercera aplicación y que basten dos tratamientos en variedades susceptibles.
El trasfondo de este escenario es un invierno que rompió los patrones históricos. En vez de seco, acumuló precipitaciones récord que recargaron perfiles y napas, permitiendo un arranque favorable de la campaña fina pero también generando excesos localizados. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, “durante el semestre frío se recuperó el déficit equivalente a un año de lluvias, aunque hoy el equilibrio es muy delicado entre reservas óptimas y encharcamiento”.
Con la primavera recién iniciada, el desafío se intensifica. Al no haber un Niño o Niña que limite las precipitaciones, el semestre húmedo podría sumar aún más agua. Los técnicos advierten —y la BCR lo subraya— que los próximos quince días serán decisivos: si las lluvias se mantienen en niveles moderados, la región podrá sostener un escenario positivo para maíz y trigo. Pero si los acumulados superan los 60 mm en zonas vulnerables, el arranque de la gruesa podría complicarse de manera estructural, obligando incluso a cambiar maíz temprano por soja.
El campo enfrenta un septiembre bisagra. Córdoba y Santa Fe avanzan rápido con la implantación de maíz temprano, mientras que Buenos Aires espera que el clima otorgue una ventana de estabilidad. Los productores miran al cielo con la esperanza de que el agua no frene lo logrado y con la certeza de que, una vez más, será el clima —tal como advierte el informe GEA de la BCR— el que defina los tiempos y resultados de la campaña.


