Mariela Martínez Zampa asumió este año la presidencia de la Sociedad Rural de Chaco, un puesto que combina historia familiar y un desafío productivo clave para la provincia. Su llegada es relevante porque representa la voz de los pequeños productores en una región donde la escala y el acceso al crédito condicionan la viabilidad de la ganadería.
Cuarta generación de una familia vinculada al campo chaqueño, su vínculo con la actividad comenzó en la infancia y hoy administra el establecimiento familiar en el departamento de General San Martín. Esa historia familiar, que se remonta a la llegada de su abuelo en 1904, se proyecta en la continuidad productiva y en la decisión de sumar a las nuevas generaciones a la empresa agropecuaria.
Martínez Zampa es abogada y tiene 52 años, pero su trayectoria en la entidad fue forjándose desde muy joven cuando su padre la acercó a la Rural y la incorporó a las comisiones directivas. Desde marzo dirige una institución con 108 años de historia y la convierte en la primera mujer en ocupar la presidencia, con un mandato de dos años y un plan de modernización institucional.
En lo productivo, hace alrededor de tres años asumió la administración directa del campo que heredó de su padre, donde hoy practica principalmente ganadería y dedica sus fines de semana a labores rurales. Su familia también participa activamente: su hijo mayor desarrolla un emprendimiento ovino y su hija está vinculada a la actividad institucional a través del Ateneo de la Rural, lo que muestra una continuidad generacional del compromiso con el campo.
Financiamiento y clima, las prioridades
Para la dirigente, el problema central es el acceso al crédito: en Chaco cerca del 70 % de los productores tiene menos de 50 vacas, lo que obliga a diseñar líneas de financiamiento adaptadas a la escala y los tiempos del ciclo ganadero. Martínez Zampa reclama créditos a plazos acorde al negocio ganadero, con plazos mínimos de alrededor de cuatro años y tasas que permitan inversión en genética, alambrados e infraestructura.
Además, la informalidad de muchos pequeños productores complica la entrada al sistema financiero porque falta documentación y garantías formales que exigen los bancos y programas oficiales. En paralelo, la dirigente advierte sobre un riesgo climático que podría afectar la producción: la expectativa por El Niño funciona como una “luz roja” por su posible impacto sobre pasturas, forrajes y logística de campo.
El contexto de precios también juega un rol decisivo: la recuperación de valores genera incentivo para invertir y mejorar la productividad, pero sin acceso a financiamiento accesible esa reacción del mercado tiene límites. Por eso, la mirada de la Rural chaqueña combina demanda de crédito con la necesidad de políticas públicas que faciliten formalizar explotaciones y reducir barreras administrativas.
En su plan de gestión, Martínez Zampa busca modernizar la entidad para que ofrezca servicios prácticos a los productores, desde asistencia técnica y extensión hasta herramientas que faciliten la inserción en cadenas comerciales. La apuesta es convertir a la Sociedad Rural en un espacio de intermediación que acerque financiamiento, capacitación y soluciones frente a riesgos climáticos.
Las propuestas concretas que impulsa incluyen líneas crediticias adaptadas a la ganadería, seguro climático y simplificación de trámites para pequeños productores que hoy operan en la informalidad. Asimismo, promueve la formación y la cooperación entre productores para agrupar oferta y mejorar el acceso a mercados, porque la escala cooperativa puede ser una opción para sortear restricciones financieras.
La historia de Martínez Zampa humaniza un debate técnico: detrás del pedido de crédito y de la alerta por El Niño están familias que buscan sostener un oficio transmitido por generaciones. Su mensaje combina urgencia técnica y un llamado a políticas públicas y privadas que entiendan la realidad de los pequeños productores chaqueños para asegurar la continuidad de la ganadería regional.



