El Niño presenta alta probabilidad mientras un fenómeno climático clave se repite por quinto mes

El Pacífico se calienta y aumenta la probabilidad de un El Niño en 2026

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) advierte que el Pacífico ecuatorial muestra señales claras de un cambio de fase en el sistema ENSO: aunque predominan condiciones neutrales para el trimestre abril-junio de 2026 (probabilidad aproximada del 80%), la transición hacia un evento de El Niño gana fuerza con una probabilidad superior al 60% de establecerse entre mayo y julio, y con posibilidad de persistir hasta finales de año.

Señales oceánicas y atmósfera en acople

Los datos más recientes registran un aumento sostenido de temperaturas en la subsuperficie del Pacífico por quinto mes consecutivo, con anomalías cálidas que se extienden a lo largo de la cuenca. Ese calentamiento, junto con cambios en la intensidad y dirección de los vientos alisios, es la base física que explica por qué los modelos climáticos comienzan a favorecer una transición desde ENSO-neutral hacia El Niño.

Según especialistas consultados, la acumulación de calor bajo la superficie suele desplazarse hacia la zona central del Pacífico, lo que facilita el desarrollo de condiciones oceánicas propias de El Niño. Si ese patrón se mantiene, con la atmósfera respondiendo en consonancia, puede consolidarse un episodio climático más húmedo y con efectos globales.

Escenarios y grado de incertidumbre

La NOAA subraya que todavía existe incertidumbre sobre la magnitud final del evento: los resultados potenciales van desde la permanencia en condiciones neutrales hasta la ocurrencia de un El Niño muy intenso. El organismo estima que hay cerca de uno de cada cuatro probabilidades (alrededor del 25%) de que, de concretarse, alcance niveles muy fuertes. Gran parte de esta incertidumbre depende de la evolución de los vientos en la cuenca pacífica y de la continuidad de las anomalías térmicas subsuperficiales.

Calendario probable

Los modelos indican que la fase oceánica podría estar ya gestándose en la segunda mitad del otoño y consolidarse hacia fines de la primavera austral. En términos prácticos, varios pronósticos sitúan la mayor probabilidad de instalación entre junio y agosto de 2026, con la atmósfera respondiendo en los meses siguientes si el calentamiento se prolonga.

Implicaciones para las precipitaciones y la agricultura

De concretarse El Niño, el patrón climático esperado suele asociarse con un aumento de la actividad pluvial en amplias zonas de Sudamérica. No obstante, el impacto no sería homogéneo: regiones como el Litoral suelen registrar señales más marcadas, con lluvias por encima de lo habitual.

Para el sector agropecuario esto supone oportunidades y riesgos: una primavera y un inicio de campaña más húmedos pueden mejorar la disponibilidad hídrica y favorecer rindes, especialmente en cultivos como el maíz, pero también elevan la probabilidad de anegamientos, presión sobre drenajes, y de mayor incidencia de enfermedades y plagas favorecidas por la humedad.

Recomendaciones prácticas

Ante un entorno con mayor probabilidad de lluvias, técnicos y productores deberían reforzar la vigilancia de pronósticos estacionales, revisar planes de manejo del agua (almacenamiento y drenaje) y considerar calendarios de siembra más flexibles. Además, es prudente fortalecer el monitoreo fitosanitario y preparar estrategias de contingencia para manejo de excesos hídricos.

Qué seguir

La evolución de este posible El Niño dependerá de la persistencia de las anomalías térmicas y del comportamiento de los vientos en el Pacífico. Para decisiones técnicas y de manejo es recomendable seguir los comunicados de la NOAA y de los servicios meteorológicos nacionales, que publican actualizaciones periódicas sobre probabilidades y escenarios estacionales.

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